Comer cine

Comer de cine: El paprikash de “Capitán América: Civil War”

Comer de cine: El paprikash de “Capitán América: Civil War”

Querido Teo:

La tercera película del Capitán América es una receta perfecta; tiene acción, momentos emotivos, humor, un poco de romance, arcos dramáticos, introducción de nuevos personajes y hasta encuentran un momento para cocinar; porque el universo cinemático de Marvel sabe conseguir que sus superpersonajes parezcan personas, con detalles pequeños como éste, ¿recuerdas el momento shawarma al final de “Los vengadores”? Sí, ya sabemos que la misión que se nos ha encomendado es enviarte recetas de platos que encontramos en películas, y no hacer valoraciones de ellas, pero en este caso no lo podemos evitar, porque es pertinente pero, sobre todo, porque la peli nos ha encantado.

Comer de cine: El Cincinnati chili de “Anomalisa”

Comer de cine: El Cincinnati chili de “Anomalisa”

Querido Teo:

De algún modo, que el señor Charlie Kaufman entrara en el mundo de la animación (stop-motion en este caso), resulta algo tan sorprendente como adecuado. El autor americano, principalmente guionista, siempre ha tendido a lo absurdo, surrealista y onírico dentro de historias que comienzan de un modo totalmente cotidiano y que, al final, pese a los elementos fantásticos, lidian con temas fundamentalmente humanos (ejemplos famosos son “¡Olvídate de mí!”, “Adaptation (El ladrón de orquídeas)” o “Cómo ser John Malkovich”). Y “Anomalisa” no es una excepción. En ella, Michael Stone (David Thewlis), experto en atención al cliente, viaja a Cincinnati para dar una conferencia sobre el tema. Allí se reencontrará con alguien de su pasado y tendrá un momento que parecerá cambiarle la vida cuando conoce a Lisa Hesselman (Jennifer Jason Leigh).

Comer de cine: El estofado de ternera de “Los odiosos ocho”

Comer de cine: El estofado de ternera de “Los odiosos ocho”

Querido Teo:

Además de los elementos estilísticos y narrativos tan característicos del cine de Tarantino, la cocina suele encontrar espacio en sus películas, y lo hace siempre para contarnos algo de sus personajes o para hacer avanzar las tramas de formas inesperadas. Recordemos, por ejemplo, la escena de “Pulp fiction” en la que Vincent y Jules hablan sobre las hamburguesas de McDonald’s y el sistema métrico en Francia, una conversación que parece irrelevante cuando se produce, pero que luego vuelve a aparecer en una escena posterior que nos lleva, entre otras cosas, a la famosa Big Kahuna. También son memorables el momento sushi en “Kill Bill” o el “strudel” en “Malditos bastardos”.

Comer de cine: La crema de espinacas con huevos escalfados de “Carol”

Comer de cine: La crema de espinacas con huevos escalfados de “Carol”

Querido Teo:

Somos Valen y Dani, Del Sofá a la Cocina (nuestro podcast y nuestro libro), y en esta sección, te daremos la receta de un plato que aparece en una escena concreta de una película, explicando el contexto y la importancia de la escena o el plato si son relevantes. ¡Qué aproveche!

Comer de cine: La tarta Tatin a la mode de “Cuando Harry encontró a Sally”

Comer de cine: La tarta Tatin a la mode de “Cuando Harry encontró a Sally”

Querido primo Teo:

Llegó vez más el día más romántico del año hace unas semanas con San Valentín. Lejos de su significado comercial, que sigue teniendo una gran pegada a pesar de la crisis, está bien que nos tomemos alguna ocasión para recordarle a nuestra pareja lo importante que es para nosotros. Porque a veces, hasta que no llegan eventos como estos, no nos damos cuenta de lo absorbidos que estamos por la rutina y de lo muchísimo que nos puede llegar a costar salir de ella y animar un poco nuestra vida. Eso es lo bueno de las comedias románticas, siempre cortan antes de ver como la cosa se anquilosa. Por eso recurrimos a ellas cada vez que queremos volver a sentirnos como adolescentes.

Comer de cine: El pudin inglés de Navidad de “Downton Abbey”

Comer de cine: El pudin inglés de Navidad de “Downton Abbey”

Querido primo Teo:

Una de las muchas amenidades de la Navidad, cuando se pasa en pareja, es la de decidir con qué familia se pasan las fiestas. Y esto no es tan fácil decidir porque, a no ser que te lleves realmente muy mal con tu familia, cuesta mucho dar el brazo a torcer. La Navidad, por más que la odiemos, es una época que se pasa con la familia y al final se van forjando unos hábitos que nos hacen sentir un aroma familiar y festivo que no obtenemos con otras personas. Es, por así decirlo, que sin ciertas cosas no llegamos a sentir que estamos en fiestas. Y eso es algo que todos necesitamos sentir, el sentimiento de pertenecer a algo, de ser parte de un grupo. Que es lo que llevo un par de años tratando de explicarte, a ver si me pones atención…

Comer de cine: El onigiris de “El viaje de Chihiro”

Comer de cine: El onigiris de “El viaje de Chihiro”

Querido primo Teo:

La crisis, querido Teo. La estamos sufriendo desde hace tanto tiempo y en tantos ámbitos distintos (¿qué tal por la clínica después de los recortes en sanidad?) que es difícil no volver a hablar de ella. Que al parecer hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y tenemos que aprender a conformarnos con mucho menos. Curiosamente, los que nos dan estos consejos, como el recientemente fallecido banquero mayor del reino, no parecen por la labor de aplicarse el cuento. Y puestos a quitarnos cosas parece que hemos llegado a un silencioso consenso en el que se ha decidido que la cultura va a ser la primera en poner la cabeza en la picota. Espectaculares subidas del IVA, retirada de ayudas y subvenciones, caídas en el consumo, promesas gubernamentales incumplidas (¡sorpresa!), las heridas infringidas a este sector están haciendo verdaderos estragos a los que el cine no es ajeno (y si no pregúntale a González Macho).

Comer de cine: La crema de calabaza de “Amanece que no es poco”

Comer de cine: La crema de calabaza de “Amanece que no es poco”

Querido primo Teo:

Todo se ha puesto un poco loco por aquí. En apenas un par de semanas la política de nuestro país se ha puesto patas arriba. No es que antes la cosa estuviera muy bien, porque la verdad es que todo estaba impregnado de un tufillo a rancio imposible de tapar. Con la excusa de la crisis y de la herencia recibida de los predecesores se han aprobado innumerables recortes, no sólo en materia de presupuesto sino también de derechos fundamentales (que cuestan una pasta, como todo el mundo sabe). Todo mientras se hacen públicas mil y una tramas de corrupción que muestran que los que nos gobiernan (y sus familias, amigos, conocidos, etc…) no están por la labor de apretarse el cinturón. Y para colmo de males todos los intentos de hacer justicia son sofocados uno tras otro por las mismas personas que deberían defendernos. Así las cosas no es de extrañar que nuevas fuerzas políticas, que se han desmarcado de las posiciones clásicas, se hayan hecho un hueco importante entre una ciudadanía más que harta de ser la que paga el pato, ante la incredulidad y desconcierto de quienes ven peligrar su poltrona. ¿Alguien da más? Pues sí, porque nuestro amado y campechano monarca ha decidido que el peso de la corona ya es demasiado para él y le ha pasado la responsabilidad a su hijo, el preparado.

Comer de cine: El babá al ron de “El festín de Babette”

Comer de cine: El babá al ron de “El festín de Babette”

Querido primo Teo:

Ya sé qué hace tiempo que no tienes noticias mías, pero no te apures, no me he olvidado de ti. Es lo que tiene hacerse mayor, uno emprende proyectos, con mayor o menor fortuna, y no le queda tiempo para nada más. Pero ya me tienes de nuevo aquí, dispuesta a adornar tu monótona dieta con más recetas de cine. A veces a uno le gustaría poder olvidarse de todo y dedicarse a la vida tranquila y reposada, esa vida sencilla y apartada en la que te encuentras a solas con tus pensamientos y tu alma. Pero soy una urbanita, no creo que esa vida me llenara mucho más allá de un mes o dos.

Comer de cine: Los bollos de Santa Lucía de “Los hombres que no amaban a las mujeres”

Comer de cine: Los bollos de Santa Lucía de “Los hombres que no amaban a las mujeres”

Querido primo Teo:

Navidad de nuevo, querido primo. Nos cabrea, sí, nos ponemos gruñones y nos quejamos más que el mismísimo Ebenezer Scrooge, pero al final todos caemos una año más bajo su embrujo. Y no creo que sea sólo por la presión social. Creo que, en el fondo, todos sabemos que si ya no hubiera más Navidades las acabaríamos echando de menos. Los regalos, las luces, el pasar tiempo con la familia (aunque sea por obligación), el comer más grasas saturadas que un esquimal, la Lotería de Navidad (con su bonito anuncio, como el de este año, que es memorable), las donaciones a obras de caridad (y todos tranquilos hasta el año que viene), etc…. Además, todo esto nos brinda el marco perfecto para otra tradición típica de estas fiestas, las pelis navideñas. ¿En qué otro contexto íbamos a ver si no “¡Qué bello es vivir!”? O “Arthur Christmas: Operación regalo”, o “Love actually”. ¿Qué sentido tendrían si no existiera la Navidad? Así que yo propongo que dejemos de luchar y nos unamos a la ola navideña, si sabemos esquivar sus cosas malas las buenas nos compensarán con creces.