Goya 2007: Mr. Pinkerton en la ceremonia. El fantasma de los Goya.

Goya 2007: Mr. Pinkerton en la ceremonia. El fantasma de los Goya.

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Querido muchacho:

Justo acababa de volver de Las Vegas, todavía con la resaca del Festival de Cine X, cuando recibí el encargo de investigar la ceremonia de entrega de los Goya. Como buen profesional me comí el desfase horario y las horas de sueño perdido al cruzar el charco y me dirigí a la gala. Mi cliente estaba convencido de que el Fantasma de la Ópera, encarnado en Pedro Almodóvar, iba a hacer aparición durante la ceremonia para arruinarla si no ganaba el Goya… Así que mi misión era encontrar al fantasma y evitar el desastre. Era una misión muy fácil para alguien que sabe que los fantasmas sólo aparecen cuando no se los espera.

Lo primero que me sorprendió, después de estar en Las Vegas, es que aquí las actrices iban vestidas. Algunas mejor que otras, desde luego. A Bebe, por ejemplo, que luego ganó el Goya a mejor canción original le preguntaban los de las cadenas de televisión a la entrada que de qué iba disfrazada. Cuando era obvio que de bocadillo de jamón pata negra envuelto en papel de plata. Su desparpajo y simpatía hizo enseguida que se olvidaran de su vestido, sobre todo cuando fueron apareciendo otras que, en fin, no le iban a la zaga.

Luego subí a la zona habilitada para la prensa porque no había ningún sitio específico para ubicarnos a los investigadores privados. Los primeros que subieron a la zona de las ruedas de prensa, ante la mirada atónita de los cámaras, fueron dos policías municipales de uniforme. A paso ligero, atravesaron la sala y desaparecieron por un pasillo mientras una de las encargadas de la organización decía por el pinganillo que necesitaba más efectivos en la escarlera. Mi instinto investigador me advirtió que algo pasaba, así que les seguí. Tenía que atravesar la sala de prensa habilitada para los enviados de periódicos y revistas, que en lugar de un stand para colocar las cámaras lo que tenía era una enorme barra, con canapés de todos los colores. Para que no cundiera el pánico atravesé la sala caminando despacio, probando todos los canapés y tomándome un tinto, truco aprendido de las películas de James Bond. Esto me retrasó lo suficiente para que, cuando salí por la puerta trasera de la sala, ya no hubiera rastro de los dos policías… aunque sí estaban allí dos del personal de seguridad que me confirmaron que habían pasado por allí, casi corriendo, hacia el cuarto de baño. “Necesidades fisiológicas”. Hice como que me convencía su explicación y volví a la sala.

Uno a uno fueron pasando por allí todos los premiados. Al único que no sorprendió el que le dieran el Goya al mejor actor de reparto a Antonio de la Torre fue a él mismo, a juzgar por el discurso que llevaba preparado. Luego fueron pasando los demás. Como cortaban el sonido de la gala para que hubiera silencio cuando durante sus declaraciones, aunque luego casi ninguno hacía declaraciones, la frase más oída era “¿y ese quién es?”. Porque claro, una cosa es que suba Penélope y otra que suba el maquillador de “El laberinto del Fauno”. Y al final, claro, posaron todos (o casi todos: normal que no encuentres a Almodóvar… pero, ¿dónde está Penélope en esta foto?).

El Goya a mejor actriz protagonista fue de los últimos. Penélope subió emocionada, dijo sentirse simplemente una pieza más en las películas de Almodóvar, a quien le está enormemente agradecida. La ausencia del director centró casi todo su discurso, lo que me hizo sentir que en cualquier momento podía surgir el fantasma de Almodóvar (ver si no la foto ¿no parece que haya una presencia extraña hablando por el micrófono?). Penélope se bajó rápidamente, sin conceder entrevistas, porque, decía, tenía que estar junto a sus compañeras nominadas. A los cinco minutos la vimos subirse al estrado a leer la carta de Pedro Almodóvar, así que comprendimos todos por qué tenía tanta prisa.

Una vez que se supo que él era el ganador tanto del Goya al mejor director como al de mejor película, se disipó el temor a que apareciera su fantasma. Pero quien sí parecía una aparición era Ivana Baquero, la niña de “El laberinto del Fauno”, Goya a la mejor actriz revelación.Y la niñita encandiló a todos. “Todas las actrices lo merecían… pero estoy muy contenta de tenerlo yo”, decía mientras se abrazaba a su recién obtenido premio. Luego fue paseando su sonrisa por las cámaras del tomate, de Pablo Carbonell, de todas las televisiones y luego por todas las radios, metiéndose en el bolsillo absolutamente a todos. Vestida de primera comunión, sorprendió a todos las tablas y el saber estar de esta niña de apenas once años a la que ya hay que tratar de estrella por méritos propio. Aunque da un poco de miedo ver una niña con las cosas tan sumamente claras.

Con la satisfacción del deber cumplido aunque sin saber exactamente qué hubiera hecho si llega a aparecer el fantasma de los Goya, subí al cóctel a hacer desaparecer la mayor cantidad de canapés posible. Pero, no sé por qué, allí, quizá por estar de nuevo entre tantos actores y actrices, me acordé de mi estancia en Las Vegas… Como eres todavía muy joven no lo entenderías, querido Teo. De todas formas mañana te contaré cómo me fue en el festival de cine porno de Las Vegas. Y a lo mejor te enseño alguna foto, aunque tendré que preguntarle primero a Quintanilla a ver si no va a ser contraproducente para tu necrofilia.

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