20 años no es nada: “Wild Wild West”, la película capital

20 años no es nada: “Wild Wild West”, la película capital

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Querido Teo:

El 11 de Agosto de 1999 se produjo el último eclipse solar del milenio. A pesar de que fue un eclipse medio, el hecho de que afectara a un gran número de regiones densamente pobladas hizo que a fecha de hoy siga siendo considerado como el eclipse total de sol visto por un mayor número de personas en la Historia de la humanidad.

De todos es sabido (y si alguien no lo sabe, que repase Tintín, diablos, que uno no puede estar en todo, a estos artículos uno tiene que venir ya leído de casa) que para los pueblos primitivos los eclipses eran considerados síntomas de malos presagios, manifestaciones del descontento de los dioses. Bueno, pues no solo para los pueblos primitivos. El guirigay que se montó por su cercanía con el año 2000 hizo que en su momento corriera el runrún de los augurios catastrofistas, el milenarismo y demás pantomima supersticiosa. En lo que, desde luego, nadie pensó fue en que, quizás, aquello tuviera más que ver con un lamento silencioso y doliente de algún tipo de realidad, fuera esta cósmica, espiritual o intelectual, superior a nuestro conocimiento, ajena a nuestro discernimiento. “Wild Wild West” se había estrenado apenas 42 días antes en Estados Unidos. Y llevaba tan sólo dos días en las carteleras españolas. Su recibimiento había sido nefasto, cruel, injusto. ¿Pudiera ser que semejante afrenta enfureciera a algún tipo de deidad artística primigenia? Nadie lo sabe. Probablemente nadie lo sepa nunca.

Tras el éxito de “Men in black” en el verano de 1997, Warner Bros. decidió que quería contar con la pareja responsable del blockbuster más aplaudido de la temporada. Así, fichó a Will Smith y a Barry Sonnenfeld para llevar adelante la adaptación al cine de la serie televisiva de los años 60 “The wild wild west”. Era este un proyecto que llevaba ya casi una década circulando por las oficinas del Estudio, y que en un principio llegaron a encargar a Richard Donner para ser protagonizado por Mel Gibson con un guión de Shane Black.

¿Casualidad? Yo no lo creo.

Will Smith llevaba dos años consecutivos siendo el rostro visible de uno de los grandes éxitos del año en el fin de semana del 4 de Julio. En 1996 había estrenado “Independence day” y en 1997 la ya citada “Men in black”. Cuando Warner y Sonnenfeld le presentaron el proyecto ya estaba en negociaciones avanzadas para protagonizar una pequeña película titulada “Matrix” (también de Warner), pero, en el último momento, se decantó por la oferta de “Wild Wild West”. “I did turn down Neo in The Matrix. I made Wild Wild West. I’m not proud of it! (Rechacé interpretar a Neo en Matrix y a cambio rodé “Wild Wild West”. Fue una de las mejores decisiones de mi vida)”, declararía un orgulloso Will Smith años después.

Así que “Wild Wild West” debería estrenarse el fin de semana del 4 de Julio de 1999 en Estados Unidos. Y así comenzó una carrera contrarreloj. Tim Curry, Johnny Depp y Matthew McConaughey fueron los primeros actores considerados para interpretar a Artemus Gordon, coprotagonista de la película. Existió un contrato con el nombre de George Clooney que nunca llegó a firmarse porque, al final, Sonnenfeld optó por Kevin Kline. Cuenta la leyenda que Clooney fue muy insistente a la hora de intentar hacerse con el papel, dado que consideraba que necesitaba aparecer en un blockbuster exitoso tras el descalabro que “Batman y Robin” estuvo a punto de suponer para su carrera.

Un icono del western de los 90 a la altura de
Chiquito en Condemor y Paco Pil en el videoclip de Johnny Techno Ska.

Kevin Kline acabaría dando vida también al presidente Grant, siendo la segunda vez en la que el actor interpretaba a un presidente de Estados Unidos y su doble, tras “Dave, presidente por un día”. Kline se haría con el papel de Grant después de que lo rechazara el mismísimo Robert Conrad. Al parecer, el actor, que interpretaba a Jim West en la serie original, rehusó participar en el proyecto porque no le convencieron ni el guión ni el tono de la propuesta. La edad, claro. No seré yo el que mencione la demencia. Ni la falta de riego, quizás. Esas serían acusaciones sin pruebas, sospechas tal vez verosímiles, pero quién sabe si infundadas, que no pienso verter en este artículo.

Las mismas dudas que con el personaje de Artemus Gordon surgieron con el personaje de Rita Escobar. Antes de que Salma Hayek se comprometiera a interpretarlo fueron consideradas Asia Argento, Penélope Cruz y Jennifer López. Al final, sería Hayek la que protagonizara una de las más celebradas secuencias de la película, aquella en la que lleva un camisón con un agujero trasero y cuando se da la vuelta se le ve el culo. Quizá la broma, por sofisticada e inteligente, requiera de explicación. Esto es: es graciosa porque cuando la ves de frente lleva camisón, pero cuando se da la vuelta ¡SE LE VE EL CULO!.

El toque Lubitsch.

Así, una vez finalizada la preproducción, el rodaje tendría lugar entre el 18 de Mayo y el 3 de Noviembre de 1998. Posteriormente, ya en 1999, se grabaría material nuevo, sobre todo concerniente al clímax, en el que se añadieron más peleas con distintos secuaces del malvado doctor Loveless, porque en los pases de prueba el público encontró poco heroico que los dos protagonistas sólo hicieran frente a un tipo sin piernas y a un ejército de señoritas. Lo cual nos lleva a pensar que el público que tuvo algo que objetar contra “Wild Wild West” lo hizo fruto, esencialmente, de su ignorancia.

Y es que no olvidemos que “Wild Wild West” es una película protagonizada por un afroamericano, coprotagonizada por un personaje con tendencia al travestismo, que el villano es un mutilado de guerra y que el principal personaje femenino es interpretado por una latina. Así que, si no te gusta, deberías revisar tus prejuicios. Porque es probable que esa sensación de rechazo venga provocada porque es una película que, de un modo u otro, pone sobre la mesa todos tus privilegios. Para combatirlos. Para aplastarlos. Y eso te hace sentirte incómodo.

El cameo de Alfonso de Borbón.

Así, cuando a los 75 minutos de película el personaje de Jim West opta por travestirse como una bailarina oriental y ataca al malvado doctor Loveless lanzando grandes llamaradas por sus (suponemos) ebúrneos pezones, uno está gozando de un clímax con el que soñaría cualquier blockbuster, sí. Pero también está asistiendo a muchas otras reivindicaciones. La del afroamericano que se rebela contra el “blackface” asumiendo, orgulloso, su derecho a interpretar a personajes de otras razas. La de una figura femenina que ataca al patriarcado (que no es casualidad que esté representado por un hombre sin piernas, sin contacto físico con la madre tierra) empleando la voluptuosidad, la feminidad, la sexualidad y el principal símbolo de maternidad, esos robustos senos propios de una ignífuga diosa de la fertilidad de la prehistoria que sustituye, así, la consigna de “machete al machote” por la de “paleolítico al paralítico”. Y la de una mujer negra que se rebela contra el hombre blanco, permanentemente sentado, cual Rosa Parks. Sólo que, en este caso, alzada, orgullosa, y con unos ardientes pechos, clara representación de la espada flamígera con la que Dios colocó al arcángel Uriel a las puertas del paraíso tras ser Adán y Eva desterrados de él. Loveless no puede alcanzar la grandeza del hombre completo por mucho que intente sustituir sus piernas por ruedas, incluso por mucho que intente tener ocho piernas en vez de dos.

Para cuando llegó su fecha de estreno, “Wild Wild West” desembarcó en las carteleras con poco más de un 30% de críticas positivas. Ese fue el peaje que le tocó pagar por ser un film visionario, solidario, adelantado a su tiempo. Como en tantas ocasiones, la crítica no supo estar a la altura porque, probablemente, no supo entenderla.

“A las siete llegué a aquella casa
Y salí de aquel taxi que olía a cuadra
Estaba en Wild Wild West y la cosa cambiaba
Mi trono me esperaba, el príncipe llegaba”.

Ya en 1998 se estrenaron dos adaptaciones al cine de series televisivas clásicas que se fracasaron entre crítica y público. “Perdidos en el espacio” y “Los vengadores” cometieron el mismo error de infantilizar hasta el absurdo dos originales que eran más familiares que pueriles en su tono. Hollywood miraba por encima del hombro los orígenes catódicos del material que empleaba como caldo primigenio y se sentía impelido a dejar claro en todo momento que para hablar de tú a tú a la televisión eran ellos los que debían agacharse, porque las series no podían estar a su altura. Cuentan las crónicas que, en los primeros pases de prueba de “Wild Wild West”, el público pidió más comedia porque el tono de la película le desconcertó sobremanera. Probablemente no esperaran semejante crítica al hombre blanco cis hetero. Ni a las arañas. Aunque lo de las arañas seguro que les dio un poco más igual. Todos odiamos un poco a las arañas.

También resulta significativo que el modo en el que James West y Artemus Gordon afrontan el asalto final a la araña mecánica gigante del doctor Loveless esté inspirado en el modo en el que algunas avispas logran derrotar a los arácnidos. Hasta ese momento, nuestros dos protagonistas se desplazaban en tren. Esto es, sobre ruedas. Del mismo modo que el doctor Loveless, que, al fin y al cabo, es paralítico. Eran, en esencia, lo mismo. Pero mejorado. Del mismo modo, cuando Loveless se convierte en un artrópodo, West y Gordon optan por convertirse en un insecto. Para derrotarle. Un insecto que flota como una mariposa, pero pica como una abeja. El bueno de Will Smith ya estaba anticipándonos cuál sería el siguiente movimiento de su carrera. Convertirse en Mohamed Ali. Un movimiento lleno de significado.

Uno es negro y otro es blanco porque así remarcan que son distintos. Es una peli de pensar.

El caso es que apenas una semana después de su estreno, la mismísima Warner desembarcó en los cines americanos con “Eyes Wide Shut”, la película póstuma de Stanley Kubrick, que acabaría arrebatándole el primer puesto a “Wild Wild West”. Si ya había sido casi un milagro que una película adulta, intelectual y refinada como “Wild Wild West” lograra debutar como número uno en taquilla, que su propia distribuidora saboteara su estreno apenas siete días después fue su puntilla.

En su momento se dijo que “Wild Wild West” había costado 100 millones de dólares. Lo cierto es que ahora sabemos que su presupuesto se disparó hasta los 170. Fue la película más cara del año, y la más cara jamás producida por Warner. Su recaudación mundial total fue de 222 millones. Si se dice que una película debe recaudar el doble de su presupuesto para empezar a contar ganancias, haz los cálculos de la cantidad de dinero que hizo perder a sus productores. Llegó incluso a circular la maliciosa leyenda urbana de que gran parte de su recaudación se debió a que muchos jóvenes y adolescentes compraron entradas para verla pero, a posteriori, se colaban en las salas en las que se proyectaba “South Park: Más grande, más largo y sin cortes” y “American Pie”, ambas con una calificación moral que no permitía acceder a su visionado a menores de edad sin compañía.

Kevin Kline haciendo como si Popeye fuera un Pantocrator. El Popecrator. El Pantopeye.

Pero, como en tantas ocasiones, una mala recepción entre crítica y público no fue sino la primera piedra sobre la que edificar el culto de una película. Ya ese mismo año, “Wild Wild West” acabaría convirtiéndose en una de las películas protagonistas de la temporada de premios, al recibir cinco de los prestigiosos Razzie Awards, considerados como la antesala de los Oscar debido a que acostumbran a celebrar su ceremonia en la noche anterior a la de los premios de la Academia. Así, “Wild Wild West” se llevó los premios correspondientes a película, pareja, director, guión y canción. El propio Robert Conrad (a esas alturas supongo que ya reconciliado con la producción) recogió en persona tres de esos premios, debido a que ninguno de los miembros del equipo pudo asistir a la ceremonia.

No fue este el único premio que recibió la música de “Wild Wild West”. La partitura de Elmer Bernstein (ni más ni menos que el autor de, entre muchos, el tema de “Los siete magníficos”) ganó el American Music Awards. Y las canciones interpretadas por Will Smith (Wild Wild West, compuesta por el mismísimo Stevie Wonder) y Enrique Iglesias (Bailamos) fueron las más premiadas, escuchadas y bailadas de aquel verano.

Pocos saben que Smith y Kline estaban recién operados y les pusieron eso para que no se rascaran con la pata en la oreja.

El tiempo ha propiciado la aparición de cierta aureola de culto sobre “Wild Wild West”. Puede que los espectadores más desinformados o menos entendidos, aquellos que no aman verdaderamente la experiencia cinematográfica, sigan haciendo chanzas sobre la película. Pero existe un pequeño reducto de verdaderos cinéfilos que la siguen apreciando y valorando como la piedra angular sobre la que se efectuó el cambio de paradigma del cine del nuevo milenio.

“Wild Wild West” bebe de un sistema de estrellas que se empezó a agotar con el cambio de década. Es divertida, incorrecta, alegre, despreocupada, disparatada e incluso pudiera parecer infantil por momentos, como casi todos los blockbusters de los 90. Es, a la vez, un canto de amor por un género que dio inicio al cine tal y como lo conocemos. Pero también es un claro ejemplo del “steampunk” que llevaba años llegándonos del cine y cómic oriental, que Hollywood intentó hacer suyo durante tanto tiempo y al que esta película (ayudada por la hoy ya prácticamente olvidada “Matrix”) logró situar en el centro del tablero. Y es que, además, no se quedó ahí, bebiendo del pasado y siendo un rabioso ejemplo del cine de su tiempo, sino que se anticipó a la oscuridad del cine de la primera década de los 2000. Sólo así se entiende esa completa ausencia de indios en el Oeste retratado. Es esa falta de presencia un grito sordo que denuncia su exterminio. Y, tal y como se ha ido comentando a lo largo de toda este retrospectiva, esa es tan sola una de las denuncias que atesora la película. Porque “Wild Wild West” es una peli denuncia. Y no me refiero tan solo a la de todos aquellos espectadores que solicitaron que les devolvieran su dinero.

“¿Dónde están las Wachowski, que quiero hablar con ellas?”.

“Wild Wild West” es, por todo ello, una película capital. Hasta el punto de que, cuando hubo que adoptar un estándar internacional en la recién nacida Internet, se optó porque todas las direcciones de las páginas web comenzaran por la triple w. WWW. Wild Wild West.

¿Casualidad? Pudiera ser que sí. Yo, desde luego, no lo creo.

Daniel Lorenzo

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Comentarios

rutolf - 01.07.2019 a las 16:23

Creo que la traducción “I’m not proud of it” no es exactamente la propuesta en el artículo…

Andrés - 04.07.2019 a las 10:27

Desde luego, pero todo el articulo esta lleno de ironías.

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