La nueva de Potter en la Red

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Querido diario:
Estaba entreteniéndome un poco con el juego del hipogrifo de la próxima película de Harry Potter, que acaban de colgar en la red, cuando me ha llegado un SMS del tío Aníbal desde Cannes, donde se hace pasar por un anticuario homosexual para poder asistir al festival y pasar desapercibido. Está comiendo en “Le Moulin de Mougins”, un Poupeton de Fleur de Courgette a la Truffe Noire, y desde la colina donde está este restaurante famoso me cuenta lo que le acaba de contar el maitre:

En mayo de 1973, Martin Scorsese presentaba “Malas calles” en Cannes. Había venido con el productor y con De Niro. A ninguno los conocía nadie.
Con el recibimiento estupendo que tuvo la película y su venta en Europa, el productor estaba de un humor suficiente para invitar a todo el mundo a comer en este restaurante carísimo, en las colinas de Cannes. De Niro acudió con su acompañante femenina de turno. Bobby siempre tenía problemas con sus novias. Ligaba con chicas imponentes, siempre altas, esculturales, chicas de primera, siempre negras, y después se pasaban el tiempo peleando. Por la mañana ellas siempre aparecían llorando, y él iba y les compraba un perfume. Todos estaban en medio de una comida extraordinaria cuando apareció, zumbando por encima de la mesa, una abeja del tamaño de un colibrí pequeño. La chica de De Niro trató de no hacerle caso, pero el bichito fue poniéndola nerviosa y finalmente llamó al camarero y le dijo: “Esta abeja está molestándome”, y le pidió que hiciera algo. El camarero cogió la servilleta y atizó a la abeja, que cayó muerta en el vaso de agua de la novia de De Niro. La chica, histérica, exclamó en voz alta: “¡Ha matado a la abeja! ¡Una criatura viviente! ¡No puedo creer que este tío haya matado a la abeja!” “¿Quieres callarte?”, preguntó De Niro, molesto. “¿Qué quieres decir? ¿Vas a dejar que mate una abeja y se quede tan ancho?” “¡Pero si sólo es una abeja de mierda!” Ya empezaban a llamar la atención de los demás clientes. De Niro, cada vez más furioso, dijo a voz en cuello: “¡Cállate de una vez, joder!” “¿Por qué me hablas así?” Empezaron a gritarse hasta que De Niro dijo: “¿Por qué no te largas y me dejas en paz?” “¡Pues sí, ahora mismo!”, dijo la chica, y se fue del restaurante hecha una furia. Le Moulin de Mougins está a varios kilómetros de cualquier parte. De Niro se dirigió a los comensales y les dijo: “Que se joda, que se vaya a pie, ya volverá.” Terminaron de comer, llamaron un taxi y, claro, a unos ocho kilómetros la encontraron en la carretera, rumbo a Cannes. De Niro le dijo: “Sube.” Se pasaron enfurruñados todo el camino. A la mañana siguiente, él le compró un frasco de perfume enorme.

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