Las apariciones de Alfred Hitchcock

Las apariciones de Alfred Hitchcock

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Querido diario:

El fiambre de Hitch es una de las mayores delikatessen de cualquier necrófilo cinéfago, y ya estoy hablando de 25 años de fiambrera, lo que para mi tío Anibal equivaldría a un cosecha, que es quien me lo ha recordado….

Querido sobrino, Alfred comenzó a forjar su psicopatía personal desde muy niño. La primera clave psicológica para comprender el disfrute que obtenía provocando miedo e inquietud en los demás se encuentra en su más tierna infancia.
Recordó siempre un domingo especial, cuando tenía cinco o seis años. Era el único día de la semana en que sus padres no tenían que trabajar. Le metieron en la cama y se fueron a dar un paseo a Hyde Park “… una distancia considerable desde The High Road, Leytonstone, donde vivía la familia. El tranvía y el tren, a principios de 1900, tardaba unas tres horas en ir y volver. Sus padres estaban seguros de que Alfed dormiría hasta su regreso. Pero el niño se despertó, llamó y nadie respondió. Nada excepto la noche a todo su alrededor. Él mismo lo ha contado muchas veces….
“Temblando, me levanté, vagué por toda la vacía y tenebrosa casa, y finalmente, llegado a la cocina, encontré un trozo de carne fría y me puse a comerla mientras me secaba las lágrimas”.

La sensación de miedo y soledad le imprimió un temor, que recordó toda su vida, a permanecer solo en la oscuridad y a que algo horrible, inesperado, hubiera ocurrido o pudiera ocurrir.
Pero el recuerdo indica también que aprendió, subconscientemente, que la comida podía ser su consuelo contra la soledad… una asociación que se ha convertido en los últimos tiempos en una relación evidente tanto para doctores como para dietistas.
La relación entre suspense y comida fue expresada por el propio Hitchcock en una analogía curiosa: “Yo personalmente odio el suspense, y es por eso por lo que nunca permitiré a nadie que haga un soufflé en mi casa: ¡mi horno no tiene puerta de cristal! ¡Tendríamos que aguardar cuarenta minutos para descubrir si el soufflé había salido bien, y esto es más de lo que puedo resistir!”

Algo similar ocurre respecto a su afición por aparecer en todas sus películas. En un principio podría suponerse que se trataba de una ocurrencia afortunada, pero bajo esa apariencia había más….

El 14 de febrero de 1927 fue estrenada “El vengador en Londres”. Y el nombre de Hitchcock fue oído por toda la ciudad.
Era la primera vez en la historia del cine británico que el director recibía mejor prensa que los actores. La gente hacía cola desde el mediodía hasta la medianoche, y un crítico de ojo sagaz identificó a un miembro del reparto que no figuraba en los títulos de crédito. ¿No era aquél el propio Hitchcock, vuelto de espaldas a la cámara, en la oficina del periódico al principio de la película? ¿Y no era el que hacía una llamada a escena, en el clímax, mezclado con la multitud, observando el rescate del inquilino? Era la primera vez que Hitchcock se hacía filmar a sí mismo, como una especie de firma visual, y esas breves apariciones iban a convertirse en una marca durante los siguientes cincuenta años. El juego se convirtió en una idea publicitaria ingeniosa, pero ¿Por qué nunca dijo una sola frase de diálogo?

Como buenos católicos romanos, los Hitchcock llevaban regularmente a su chico a la misa dominical en la iglesia de San Francisco. La misma donde su madre era feligresa de “toda la vida”, aunque quedara mucho más alejada que otras iglesias católicas más cercanas. El ritual católico impresionaba al muchacho hasta el punto de sobornar a un maestro de ceremonias de una Misa Solemne para que le dejara actuar de acólito. Pero no se aprendió las respuestas al sacerdote. Quería participar en la ceremonia pero no tomarse el trabajo de estudiar su papel como el resto. La experiencia le provocó una gran ansiedad, se trataba tan sólo de una ansiedad infantil, pero el origen del deseo de formar parte del espectáculo sin tener que aprenderse ningún diálogo.

Hitchcock fue un solitario y un observador. En las reuniones familiares se sentaba discretamente en un rincón, sin decir nada. Miraba y observaba mucho. Fue un solitario… “no puedo recordar haber tenido nunca un compañero de juegos”… y decidió jugar con sus espectadores.

Juega querido sobrino, ,juega, ,juega, juega…..
De tu tío que te quiere, Anibal L.

Aquí puedes escuchar cosas sobre sus famosas apariciones….

Alfred HitchcockAparece.mp3

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