Comer cine: Sabrina

Comer cine: Sabrina

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Querido diario:

Termino de comerme las nominaciones a los Globos de Oro, que por suerte, han llegado a tocar una de las nuestras. Javier Bardem está en la categoría de mejor actor mientras que Mar Adentro, competirá en la categoría de mejor película en lengua extranjera, frente a la brasileña Diarios de Motocicleta, la china House of Flying Daggers, y las francesas Los chicos del coro y Un long dimanche de fiancailles. Y mientras lo digiero, recibo esta postal de mi tío, que me viene genial para el postre.

Querido sobrino:

Audrey Hepburn es la cocinera que nunca logra hacer el único plato que aparece en “Sabrina”. Por amor a David Larrabee olvida encender el horno en la escuela francesa.
Por amor a Linus Larrabee sale despechada de su lado cuando todo estaba dispuesto en la cocina para el segundo intento. Propongo un desagravio. El rito pide tomarlo de postre con champaña.

Suflé de queso de Sabrina

Ingredientes:
4 decilitros de leche / 150 gr de harina / 60 gr de queso emmental o gruyère rayado / 30 gr de mantequilla / 4 huevos / sal y pimienta

Elaboración:
Se reservan cuatro cucharadas de leche y el resto se pone al fuego hasta llevarla a ebullición, luego se apaga y se deja enfriar. En una sartén se pone la harina y se añade la leche poco a poco removiendo continuamente para evitar los grumos. Se salpimenta al gusto.

Entonces se pone la sartén al fuego y cuando empieza a hervir se apaga inmediatamente. Se añade el queso, la mantequilla y las cuatro yemas de huevo desleídas en las cuatro cucharadas de leche frías. Se mezcla muy bien. Montar las claras a punto de nieve muy firme. Echar un pellizco de sal antes de empezar a batir es importante.

Con una cuchara metálica se une delicadamente a la mezcla para que no pierda esponjosidad la clara batida. Se coloca en un molde adecuado untado con mantequilla. Con un cuchillo se da forma de volcán a la mezcla (inspirados en Richard Dreyfuss en Encuentros en la tercera fase). El horno se ajustará a 180 grados. Alcanzada la temperatura, se mete el molde y se hornea unos 15 minutos sin abrir la puerta en ningún momento.
Los cinemaniacos fieles a los clásicos estarán listos en la mesa, porque se ha de servir al instante, tan veloz como un mordisco de tortuga.

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