Comer de cine: judías Anti-Brokeback

Comer de cine: judías Anti-Brokeback

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Querido muchacho:

La novia de tu tío, Claridge Starling, alababa la otra noche que yo fuera capaz de pelar un tomate en crudo con mis dos cuchillos, sin tocarlo ni moverlo del soporte de madera. Me inflé como una gallina clueca hasta que comprendí que se trataba de “colocarme” su propia historia de cuando trabajaba para el FBI y fue campeona de tiro con pistola de combate de todos los servicios tres años seguidos. Los del equipo de rescate de rehenes, los vaqueros de velero, La llamaban Annie Oakley “la Letal”, después de que les diera una paliza.
Le respondí que el asunto vaquero había cambiado mucho. Hace unos días fui a ver esa película de la que todo el mundo habla… me daba un poco de vergüenza a mi edad porque suponía otra cosa, pero la verdad es que “no se les notaba nada”. Cuando yo era joven en mi tierra gallega los vaqueros no eran así, tenían sus necesidades supongo, pero no estaban tantos meses solos y además tenían ovejas y vacas, y desahogarse con ellas se veía más normal que hacerlo con otro vaquero.

Eso si, me fijé que estos chicos estaban muy mal alimentados. En la montaña (que precioso paisaje) solo comían judías, que son muy sanas y aportan mucha energía, pero no me van las latas, además de que hay que comer algo más. Yo ya sé que en tu celda no comes mucho mejor, así que se me ha ocurrido enviarte una buenas judías (que he bautizado Judías Anti-Brokeback) para entrar en calor uno de estos últimos días de invierno.

Ingredientes:

300 gr. de judías blancas
200 gramos de codillo
1 trozo de tocino
1 morcilla y 1 chorizo
200 gr. de patatas
1/2 cebolla
2 dientes de ajo
Sal
Aceite de oliva

Elaboración:

Cocemos las judías blancas (que debemos haber dejado en remojo la noche anterior) en una olla con agua y sal.
Aquí se discuten dos técnicas para alcanzar la perfección en el mundo de la judía blanca, es decir, que no se note la piel causante de la formación del gas metano corporal, causante a su vez de muchos chistes.
La primera técnica consiste en dar el primer hervor a las judías en la misma agua en que han pasado la noche. Luego esa agua se tira y se continúa la cocción con una nueva.
La segunda técnica se practica en Asturias, se basa en lo que llaman “asustar” a las judías. Se tira el agua en el que han pasado la noche y se ponen a cocer en agua nueva con sal. Luego se trata de interrumpir el hervor tres veces, añadiendo un poco de agua fría cada vez que el agua rompe a hervir.
Si se desea emplear la fórmula “antigrasa” por preocupaciones de colesterol, se cuecen los ingredientes grasientos por separado y varias horas antes de disponernos a preparar el guiso. Una vez cocidos se retiran y el agua donde se han hervido se enfría y se guarda en la nevera hasta que la capa de grasa se endurece y puede retirarse. Ese caldo desengrasado pero con todo su sabor se usa con las judías cuando se hierven.
Cuando las judías estén a media cocción les añadimos la cebolla sofrita con aceite de oliva (aquí hay quien le pone el corazón de un tomate y un pimiento “choricero”). Incluimos también el codillo, el ajo, el tocino, la morcilla y el chorizo, y lo dejamos todo cocer lentamente, removiendo de vez en cuando. Finalmente añadimos las patatas peladas y troceadas y lo dejamos al fuego hasta que todo quede bien cocido.
Para darle al caldo la untuosidad deseada es recomendable echar agua un poco más por exceso que por defecto. Si queda muy caldoso basta con poner en el mortero unas cuantas judías con un poco de patata y machacarlas con caldo para reincorporarlo luego al guiso hasta obtener la densidad deseada.
El resultado es un guiso sabroso pero nada grasiento con el que el cuerpo no sufre y los amantes tampoco.
Cuidaté y no comas porquerías.

De tu tía Aga.

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