Mr. Pinkerton y los castillos

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Querido muchacho:

Ante la avalancha de marketing que hemos sufrido con “El código da Vinci” decidí refugiarme en casa y evitar todo tipo de publicidad que pueda llegarme del exterior referida a la película, el libro, la polémica con la Iglesia, todo.
Así que me he tenido que entretener en casa, sin poner la televisión porque en cada tanda de anuncios sale publicidad de la película, el juego o programas que hacen referencia a él. Fui a desempolvar mi vieja baraja de cartas y antes de morir de aburrimiento me puse a hacer castillos de naipes. Engancha, logré hacer uno de cuatro pisos, busqué un par de barajas más que tenía por ahí perdidas y acabé haciendo un auténtico castillo medieval. Aquí fue donde me derrumbé porque me recordó al castillo que aparece en El código da Vinci, el Chateau Villette.
Al descubrir que me estaba creando mi propio “márketing”, ¡desde mi mismísimo interior! desistí y me puse a mirar por curiosidad castillos por la red. Así me encontré por ejemplo con el impresionante château que aparece en “Moonraker”, que está en Francia. Pero hay más castillos en el mundo. Me topé con el impronunciable castillo en el que se inspiró el de la película de Blancanieves. O con el castillo que aparece en la reciente X-Men 3, como escuela de mutantes.

En España también existen los castillos, y no sólo los de Heraclio Fournier, y si no que se lo digan a Charlton Heston, que vino por aquí a rodar El Cid al castillo de Belmonte, o a Ridley Scott, Orlando Bloom y Liam Nesson, que estuvieron en el Castillo de Loarre el pasado 2004..
Después de seis horas de visitar castillos se llega a la saturación, la vista se nubla, aumentan las pulsaciones, se siente un dulzor mareante en el cerebro, llamado subidón por algunos, y, salvo que pertenezcas al pequeño grupo de privilegiados entrenado para enfrentarte a este tipo de situaciones extremas, caes al suelo como una saca de correos desde un tren. Al final me he alegrado de mi arrojo viajero por los castillos porque ha mejorado mi relación con mi pequeño apartamento, y agradezco la moqueta. si me hubiera caído desde la silla de un castillo me hubiera abierto la cabeza. En cambio sólo tengo un chichón.

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