Centenario Wilder: curiosidades

Centenario Wilder: curiosidades

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Querido diario:

Wilder tenía muchas manías y curiosidades, por ejemplo, era un coleccionista nato. Si quieres conocerle un poco mejor, escucha este mp3 mientras yo enciendo el chip Carlos L-T:

Wilderaficionescoleccionista.mp3

A finales de los años 80, el escritor Hellmuth Karasek, visitó a Wilder en su despacho para iniciar una serie de entrevistas de cara a una biografía autorizada.

El periodista le mostró su impresión ante los trofeos cinematográficos diseminados ante él, que incluían seis Oscar y premios de todos los festivales más importantes del mundo.

Wilder lanzó una de sus “ingeniosidades”: “De lo que estoy realmente orgulloso es de haber salido en un crucigrama del New York Times. Dos veces ya. Una vez en el 17 horizontal. Y una vez en el 21 vertical”.

De esa forma rendía homenaje a varias cosas: a la importancia que le había dado siempre a llegar al gran público, a uno de sus entretenimientos favoritos, y al primero de sus empleos… más de sesenta años atrás.

Cuando intentó que le contrataran como periodista en una publicación sensacionalista en Viena, logró que el redactor de pasatiempos le aceptara los crucigramas que inventaba.

Pasó los primeros meses en “Die Biihne” publicando crucigramas y escribiendo críticas muy breves sobre teatro, ópera y danza de aficionados. Aparte de que su propia madre ganara en el juego de los pasatiempos un racimo de plátanos, a Wilder no le costó trabajo ascender gracias a su capacidad para “venderse bien”.

El propio Wilder reconoció en una ocasión que sus compañeros le apodaban “Schlieferl,”, en castellano, “pelota”.

Wilder no conservó ningún amigo de esa época, y tampoco muchos de los años alemanes.

A Billy no le gusta contar historias sin atractivo porque odia aburrir, pero se sintió tan sólo en tantas ocasiones que llegó a convertir la soledad en uno de sus asuntos tan recurrentes, que no renunció a filmar la aventura de Lindbergh, a pesar de que le forzaron a seguir el libro donde el propio aviador contaba su historia. Le atrajo demasiado experimentar con la tremenda soledad del piloto .

“Me habría gustado subrayar la soledad de Lindbergh en su vuelo, atribuyéndole una chica en su última noche antes de su despegue en Nueva York. Había pensado una escena en la que un par de periodistas hablan de la aventura tan peligrosa y solitaria que este joven va a emprender.

Y durante una cena, mientras se imagínan y piensan que quizás al día siguiente Lindbergh esté muerto sin haber amado a una mujer, se les ocurre la idea de que seguramente sería agradable para él no tener que pasar la última noche completamente solo con su miedo.

Así que convencen a una joven y guapa camarera para que vaya a su casa y se quede con él esa noche. Probablemente era la última cosa buena que iba a sucederle a aquel pobre diablo que iba a morir al día siguiente. La chica va a casa de Líndbergh. Al día siguiente él parte hacia su aventura sobre el océano”.

“Cuando más tarde vuelve a Nueva York triunfalmente, una enorme y entusiasmada multitud espera al nuevo héroe nacional. Y en medio de aquellos dos millones de personas vitoreantes que lo reciben a su regreso a casa, con un júbilo frenético, está también, un rostro aislado en la multitud, la camarera y naturalmente, él no la ve”.

Pero lamentablemente no se podía ni siquiera pensar en eso. Una escena así, que habría ayudado mucho a la película desde el punto de vista ambiental, la habría enriquecido en momentos humanos, fue imposible que Lindbergh la autorizara. Creo que los productores ni siquiera se atrevieron a preguntárselo.

La totalidad de los grandes personajes de wilder están o se sienten sólos. El empleado de “el apartamento“, la actriz olvidada de “el crepúsculo de los dioses“, el vecino de “La tentación vive arriba“, o el escritor que lucha contra su alcoholismo en “Días sin huella”, donde la soledad hiere desde la pantalla.

Una de sus secuencias más perturbadoras, cuando Don ve alucinaciones de dos roedores en su piso, ha tenido la fortuna de que ni siquiera uno de los peores efectos especiales que tiene su cine, la evidencia mecánica del murciélago matando al ratón, haya perdido nada como imagen desquiciada.

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