Cine mezclado con vino

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Querido diario:

He recibido postal del tío que, como suele ser habitual, viaja sin cesar para que no le localicen los del FBI y para aumentar su sabiduría….

Querido sobrino:

Estoy mostrando a Claridge algunos de los lugares más populares de Europa. Ayer llegamos a Zurich. Tomamos un tren que nos elevó a mil ochocientos metros de altura sobre el amplio valle Engadine, donde se encuentra Saint Moritz, el complejo turístico donde los millonarios se divierten en las pistas de esquí y viven en hoteles de lujo durante todo el año.
Nos alojamos en el El Palace Hotel, una encantadora reliquia de los años 20, con un vestíbulo que sigue teniendo las dimensiones de una pequeña catedral francesa, incluyendo una Madonna de Rafael.
Te hemos dedicado un recuerdo ya que este fue el lugar elegido por Hitchcock para experimentar la buena vida. Aquí trajo a su esposa para pasar su luna de miel y volvieron él y Alma, siempre que les fue posible, para celebrar sus aniversarios de boda. Los trescientos kilómetros de pistas de esquí y bobsleigh y toboganes que les rodeaban llamaron su atención sólo para observar a los patinadores, y reírse ante el juego del golf sobre hielo que ha sido una de las curiosidades de Saint Moritz durante casi un siglo.
El único deporte que practicó fue el paseo en trineo, que le parecía el máximo riesgo que estaba dispuesto a afrontar.
Se dieron durante el viaje todos los caprichos, que fueron en su mayor parte gastronómicos. Bebieron cacao caliente y comieron golosamente pastas de todo tipo en las pastelerías locales, asistieron a los espectáculos y conciertos del casino, y pidieron vinos de las bodegas de los restaurantes más caros de la ciudad. En 1926 no había ningún cine en Saint Moritz, y sus comidas se prolongaban de modo que a menudo les quedaba muy poco tiempo entre la comida y el té, y el té se convertía normalmente en el cóctel previo a la hora de la cena. Hitchcock estaba ansioso por probar las especialidades del cantón, y en concreto por el bündnerfleisch -ternera ahumada, secada y cortada muy fina-, que regó con generosas cantidades de vino blanco suizo y vino tinto italiano.
Una tarde hablaron de hacer una película aquí. Hitchcock pensó que tendría que tener algo que ver con una guerra, o con una peligrosa banda de ladrones, porque ¿qué otra cosa sería menos apropiada en aquella tranquila y elegante atmósfera? Sumergieron la idea en pastelillos y cerveza, pero suavemente -casi obsesivamente-, Hitchcock fue dándoles vueltas a las imágenes en su cabeza, imaginando las viñetas de secuencias que se fueron concretando y, ocho años más tarde, nació en la pantalla “El hombre que sabía demasiado”.

Yo todavía tardaré un poco en distinguir como mi tío, pero tengo paladar,tengo interés, y puede que hasta tenga mi propio viñedo algún día. me gusta remover la tierra con mis propias manos, ya sabes. Lo más reciente con vino y cine es esto….

Paul Giamatti y Virgina Madsen en una escena de “Entre copas”, la película por antonomasia sobre el mundo del vino. Los dos protagonistas hablan sobre la vida y sobre lo que les reporta el arte vinícola mientras, como no, se beben unas copichuelas.

Vídeo

Y aquí tienes para la oreja un repasito de cine con vino dentro…
Cinedevino.mp3

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