Mr Pinkerton y Bond

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Querido muchacho:

Hace tiempo que te hablé de Bond, James Bond. Los tiempos cambian y cambian las webs, cambian los Bond y se estrenan nuevas películas.

Me llegó a casa una invitación para la première de “Casino Royale”. en Londres. No podía ser otra cosa porque venía en un sobre que ponía “Solo para sus ojos” y el remitente era “Universal Exports”.

El vuelo lo tenía a las seis de la tarde pero para evitar al vecino ruso, muy susceptible con el cine usamericano de espías, salí a las 10 de la mañana de casa. Miré por la ventana y vi que el ruso estaba en la calle. Supuse que no había perdonado mi análisis sobre la situación rusa de la noche anterior. Le informé sobre el efecto que me estaban produciendo las pastillas magenta que me enviaste, y le prometí que el busto de Lenin del aparador de su casa volvería a quedar igual que antes de que yo intentara meterlo por…. da igual muchacho, el caso es que no sé cómo, pero sabía que me iba y seguramente quería impedirlo. Por desgracia mi piso no tiene más que una puerta.

Pero tengo mis recursos. me descolgué por la ventana con mi equipaje para vuelos seguros. Tres camisas, dos pantalones, tres pares de calcetines y unos calzoncillos con cuatro salvaslips masculinos para que aguanten. Todo puesto sobre el cuerpo porque como te van a perder la maleta es mejor llevarlo encima. Desgraciadamente la cuerda era demasiado corta y además de pegarme un buen golpe, reventó mi bolsa transparente para líquidos.
Me lancé hacia la puerta del coche más próximo pero no se abrió, no estábamos en una película.

Por suerte estaba la Rottweiler saliendo de su…¿de su Aston Martin? Esta portera mia oculta algo, cada vez estoy más convencido, como Moneypenny.
Amablemente le pedí el coche y no me lo dejó a menos que condujese ella. Y así lo hizo, se puso a 120 por hora en ciudad, como si de un día laborable cualquiera se tratase.

Cuando estábamos llegando al aeropuerto, un helicóptero bajó delante nuestro, como en las películas.
De un salto descendió… ¡el ruso! Me vió. Se acercó sujetándose los faldones de la chaqueta agitados por el viento. el ruido del rotor de las hélices hacía que el del motor del Aston Martin pareciera el patinete de Marichalar. Aúnh así la voz de mi vecino me llegó con claridad.
“Pinkerton, por fin te encuentro, lo siento pero no voy a poder darte la revancha de momento, me ha llegado una invitación para ir a la première de Casino Royale, se ve que necesitaban un ruso de la época soviética y no los hay ya.
Esas fueron sus últimas palabras, el resto del viaje a Londres lo pasamos callados.

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