Centenario Katharine Hepburn: El cuerpo de Kate

Centenario Katharine Hepburn: El cuerpo de Kate

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Querido Teo:

El cuerpo de Kate, al márgen de una sexualidad difusa, le dio la gran satisfacción de mantenerse activo desde su infancia. Su padre esperaba de los hijos unas habilidades físicas que, según algunos amigos y biógrafos, podía sobrepasar los límites de la exigencia: “Yo era capaz de apoyarme en las manos y caminar con ellas cabeza abajo; podía hacer el puente hacia atrás hasta tocar el suelo con las manos y caminar sobre manos y pies en aquella posición; podía dar volteretas sobre las manos; podía dar un salto mortal, arrojándome desde los hombros de papá. Si saltaba desde el trampolín de una piscina, daba vuelta y media. Una vez papá dijo que le gustaría verme correr por el trampolín, saltar y caer de palo, con los dedos de los pies en punta y los brazos levantados. Lo intenté y caí de espaldas y me desvanecí. Pero lo importante era intentarlo. Podemos utilizar nuestros cuerpos como instrumentos. Sube. Baja. Triunfa.”
En otra ocasión su padre la lanzó cuesta abajo en un campo para obligarla a aprender a montar en bicicleta. Kate lo ha recordado sin mayores detalles que el interés de su padre por enfrentar desafíos. Otros recuerdan que la niña se cayó,se hirió ligeramente, pero pudo haber sufrido un accidente bastante más grave.
Lo cierto es que el resultado final de Kate por ser como un chico y la colaboración de su padre aceptándolo, y hasta impulsándo la actitud de su única hija, formaron un cuerpo flexible y musculoso que le sirvió con pocos fallos hasta los sesenta años. Kate era de una actividad física extraordinaria, una atleta que disfrutaba con el rigor de la rutina activa. Ella misma describe en sus memorias lo que considera un día convencional de trabajo:

“Casi todos los días sucede lo mismo. El trabajo cotidiano. Yo me levanto a las cinco y hago un gran desayuno. Me lo voy a buscar yo misma. Fruta, huevos, beicon, higadillos de pollo, tostadas, mermelada y café. Todo en una bandeja, que me llevo a la cama. El silencio del amanecer es maravilloso. Mientras como y bebo, estudio y pienso. Sale el sol. Apenas lo ves pero llega su luz. Bruma que va aclarándose despacio. Llovizna. Un clima celestial para la piel pecosa. Después, un baño o ducha fríos. Y si estoy lista temprano, antes de que llegue el coche, un paseo en bicicleta. Alrededor de las siete me voy a trabajar. La cena frente al fuego, en una bandeja. Bonito. Lo primero que hago cuando llego a casa es lavarme la cabeza. Siempre me he cuidado de ello personalmente. Te ahorra problemas. Lo hago todas las noches. Me levanto el cabello mientras está húmedo, y después, mientras como algo frente al fuego, se va secando. Esto es a las siete o siete y cuarto de la tarde. Si estamos haciendo exteriores, son seis veces por semana. O no, me voy a la cama con el pelo húmedo.”

CentenarioKatharineHepburn_Pieldeteriorada.JPGSus mayores problemas los tuvo por venir de una familia de ojos rojos, pelirrojos, pecosos, de piel muy sensible. De niña tuvo orzuelos, conjuntivitis, una infección por estafilococos al caerse a un canal veneciano ya adulta, mientras rodaba.
Su piel delicada fue quemada una y otra vez por el sol de California, durante las horas y horas de tenis y deportes al aire libre. No existían ni la información del riesgo ni los protectores solares. Su piel comenzó a mostrar los daños muy pronto, pero la situación ya era muy mala cuando entró en la cuarentena. La cámara de cine maquillaba mejor que la exposición al público en el teatro. Antes de tener que protagonizar el musical “Coco”, en 1969, sobre la vida de la Chanel, se hizo otra operación facial más. Un amigo que la vio en el camerino lo expresó sin paliativos: «Su piel es repugnante! parece picada de viruelas». Su cutis estaba «avejentado, lleno de sarpullidos, pecas, quemaduras y manchas…».
La atención a su piel fue constante desde entonces y también muy frecuente. Tres años despues de aquella operación seguía varios tratamientos en el Hospital General de Massachusetts, y siempre conservó el problema.
Pero con la edad, su problema físico más importante fue el temblor. Kate actuó entonces para si misma, y logró hacerlo pasar por un truco interpretativo con el que indicar nobleza trémula. Un actor llegó a preguntarle cómo lo hacía. La prensa decía que había puesto de moda la edad madura.

Ya sabiéndolo, el problema se puede detectar muy sutilmente por primera vez a los 56 años, en “Larga jornada hacia la noche”. Pero hasta que se atrevió a subir al escenario para “Coco” no empezó a hablarse de Parkinson. Tenía momentos muy evidentes pero no era Parkinson aunque hasta hoy, la historia de que Hepburn tenía Parkinson se sigue encontrando en artículos de prensa y hasta biografías de recopilación escritas mucho despues.
Los temblores fueron diagnosticados como un desorden neurológico heredado de un abuelo, que hacia el final de su vida apenas podía llevarse un vaso a la boca. Este tipo de desorden afecta usualmente a las manos, pero también puede provocar que la cabeza tiemble, como era el caso de Kate.
El cuerpo de Kate aguantó hasta el final, y cuando ya no pudo continuar trabajando, fue más a causa de los problemas de memoria que de movilidad o capacidad física. Un buen cuerpo.

Tu tío Anibal L.

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