Asesinos en serie: El buen doctor

Asesinos en serie: El buen doctor

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Querido diario:

Un preso de la cárcel inglesa de Wakefield, eligió el martes y 13 de enero de hace tres años, para colgarse, con la sábana de su camastro, de los barrotes de la celda. No era un delincuente común, sino un médico de cabecera con reputación de buena persona.

Seis años atrás, el 24 de junio de 1998, los amigos de Kathleen Grundy, una anciana activa de 81 años, se presentaron en su casa al ver que una mujer tan estricta con la puntualidad no llegaba a una cita. La encontraron dentro,desnuda sobre el sofá, muerta.
Su marido era un hombre rico, retirado de la política activa y ella se dedicaba a obras sociales, sin que ni su familia ni sus amigos supieran de ninguna enfermedad. La vistieron y llamaron a su médico, el Dr. Shipman, el cual indicó que hacía pocas horas que la había visitado. Harold Sipman era el médico más apreciado del pueblo de Hyde, una pequeña comunidad en el corazón de Inglaterra donde prácticamente todos se conocen y la mayoría son jubilados que no se han refugiado en la costa del sol española. La noticia corrió discretamente por un pueblo donde se aseguraba que no había un médico de cabecera más querido y respetado en toda Inglaterra. Shipman se había instalado en Hyde hacía 24 años. Según el sistema británico los vecinos deben inscribirse en los registros de un médico general, que se convierte en su doctor de cabecera. Él se encarga de llevar toda su historia clínica y es el único que puede enviarlos a un especialista. En ese momento uno de cada diez habitantes estaba en los registros de Shipman, alrededor de tres mil pacientes.

Asesinosenserie_ElbuendoctorHaroldShipmancarta.jpgLa hija de la muerta se extrañó pero aceptó que su madre había muerto de vieja, tal y como sostuvo el doctor, hasta que días más tarde, los abogados de la familia Grundy, la llamaron para decirle que tenían un papel de su madre en el cual le dejaba al Dr. Shipman, como herencia, la cantidad de 386.000 libras. Cuando la hija vio el papel y lo mal redactado que estaba se dio cuenta de que era una falsificación y fue directamente a la policía. Se exhumó el cuerpo para tomar una muestra de piel y pelo. Pero entretanto la policía encontró en casa del doctor la máquina de escribir con la que se había hecho el falso informe de herencia. Los análisis encontraron un nivel letal de morfina inyectada en un periodo de tres horas. El Dr. Shipman alegó que la Sra. Grundy era una drogadicta. Fue detenido .

Brian Whittle, periodista con más de 30 años de experiencia, no le dio mucha importancia a que la policía investigara a Shipman por el caso Grundy. Pero a través de un colega se enteró que algunas ancianas del pueblo llamaban a Shipman el doctor Muerte y llegó a un taxista que se especializaba en atender a las ancianas del pueblo que un día ató cabos y se dio cuenta de que en un período muy breve había perdido a unas 20 de sus clientas regulares. Tuvo un mal presentimiento y se lo comunicó a la policía. El detective inspector al que se lo mencionó fue puesto al mando de la investigación del caso Grundy y se acordó inmediatamente de la charla con aquel taxista.
Empezaron a reunirse datos sobre el buen doctor, y pronto alguien se dio cuenta de que el médico británico con el mayor número de pacientes fallecidos en un periodo de 25 años había firmado 210 certificados de defunción. En el mismo lapso, Fred Shipman superaba los 520 muertos. En casi todos los casos se trataba "de mujeres que habían sido encontradas vestidas con su ropa de día, que no habían descuidado su apariencia, no habían estado en cama. Morían de día y usualmente había una taza de té o de café a su lado, lo que mostraba que la muerte era inesperada. Ninguna había tenido alguna larga enfermedad antes de que las encontraran muertas".

Un año y medio después de la muerte de la señora Grundy, Brian Whittle y sus reporteros habían reunido información suficiente como para escribir un libro. Con el retrato de un ángel transformado en el asesino en serie más grande de la historia de Inglaterra: El doctor Muerte. Whittle señala en una entrevista reciente que cuando escribieron el libro “estimamos que podía haber matado a unas 300 personas. Algunos titulares sugerían mil 500 víctimas, pero eso es sólo una suposición. Técnicamente podría haber matado a una persona por semana durante 20 años. Pero lo concreto es que el número de muertes que forman parte de la investigación que sigue abierta es de más de 600". Después de esto, si no fuera muy caro, los ingleses habrían implantado la autopsia obligatoria.

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