Asesinos en serie: El hijo de Sam

Asesinos en serie: El hijo de Sam

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Querido diario:

Todos los expertos coinciden en que la mente de un asesino serial no se desarrolla de pronto, sino que es un proceso que invariablemente comienza en la niñez. Pero además, hay una constante que los expertos llaman triángulo homicida. Han encontrado que casi todos los asesinos en serie tienen tres cosas en su adolescencia:

-Abuso o torturas de animalitos o de chicos de menor edad.

– Enuresis, o sea orinarse en la cama en esos años.

-Provocar incendios durante esa etapa… con este último dato no me extrañó que los padres de Kevin Spacey lo metieran en colegios duros cuando quemó el árbol con la casa de madera en la copa donde jugaba su hermanita. En cambio dejé de preocuparme por mi mismo. Nunca seré un asesino en serie. Lo mío es casi normal.

Los futuros asesinos pueden comenzar a los diez u once años, desmembrando las muñecas de sus hermanitas. Es posible que el chico no pase de ahí y entonces tranquilidad, pero para ejemplificar estas características suele hablarse del caso de David Berkowitz, que desde su infancia provocó más de cien incendios. “Mis padres estaban constantemente preocupados por mi comportamiento extraño. Sabían que yo vivía en un mundo imaginario y no podían hacer nada contra los demonios que me atormentaban y controlaban mi mente…”

David se justificó cuando fue detenido y durante el juicio, con un sentimiento sincero de incomprensión, diciendo que : “!no quería hacerles daño, sólo quería matarlos.”
Esta confesión de Berkowitz (alias “El hijo de Sam”), uno de los asesinos seriales más famosos, produjo estupor en la sala del juicio. La frase evidenciaba, con su brutalidad, lo que los investigadores no querían ver hasta entonces: que los homicidas en serie tienen una lógica que no tiene nada que ver con la lógica común, pero que actúan con lógica, no de cualquier manera ni a base de impulsos incoherentes.

David Berkowitz era un asesino complejo que disfrutaba escuchando a sus compañeros en el trabajo comentar sus crímenes, de los que hablaba la prensa sensacionalista. Era tan feliz por haberse convertido en una celebridad, que se puso a escribir cartas a los periódicos y a la policía, lo que al final sería una ayuda importante para su detención. Sus hazañas fueron inspiradoras para “Copycat”, con Sigourney Weaver, y trasladadas en “El hijo de Sam”, de Spike Lee.
David nació el 1 de junio de 1953, fue un hijo abandonado por una madre que no lo deseaba y adoptado por la pareja que le dio su apellido. Era un niño tímido, con la autoestima por los suelos, que trataba de parecer autosuficiente, mintiendo y causando problemas. Pasaba de la timidez más extrema , con depresiones, a explosiones de ira y violencia desmesurada.
Su madre adoptiva murió en 1967 cuando el tenía 14 años y fue lo peor que le pudo pasar. Al no tener suerte con las mujeres, fue alimentando su odio contra ellas, además de que el recuerdo de lo que hizo con él su verdadera madre lo reafirmaba.
Su padre adoptivo se casó nuevamente y se fue a vivir a Florida, dejando a la deriva a un David, que cada día era más introvertido. Ese mismo año entró en el ejército, en el que permaneció tres años. Estuvo en Corea, donde tuvo su única relación sexual con otro ser humano: una prostituta que le contagió una enfermedad venérea.

De vuelta en Nueva York, empezó a provocar incendios por toda la ciudad, al tiempo que escribía a su padre contándole que la gente en general le odiaba y, especialmente, las mujeres que le gritaban “feo” por la calle.
En enero de 1976 se mudó a vivir a casa de los Cassara en Yonkers. Pensaba quedarse allí dos años, pero el Pastor Alemán de la familia ladraba mucho y no le dejaba dormir. A los tres meses, después de matar al perro, se fue a vivir a otro apartamento en Yonkers, pero no se pudo librar de los canes y le tocó como vecino el Labrador
de Sam Carr.
David empezó a enviarle anónimos: “Ya no tengo nada que perder, puedo ver que no habrá más paz en mi vida o en la de mi familia hasta que acabe con la tuya”. Sam avisó a la policía y días más tarde, en abril de 1977, oyó un disparo y vio a un hombre huyendo y a su perro sangrando en el patio de la casa.
Sam se puso en contacto con Jack Cassara, y hablaron de los anónimos, del disparo al labrador y del Pastor Alemán de Cassara, al que habían matado a tiros. El hijo de Cassara llegó a la conclusión de que podía tratarse de David Berkowitz, el chico extraño que había alquilado una habitación en su casa, que se había marchado sin dar explicaciones y sin reclamar la fianza.

Mientras tanto, Craig Glassman, un enfermero vecino de Berkowitz, empezó, también, a recibir anónimos que hablaban sobre la existencia de un grupo demoníaco en Yonkers integrado por los Glassman, los Carr y los Cassara. “Es verdad, soy el asesino, pero los crímenes están bajo tus órdenes”, ponía en una de las cartas recibidas por el enfermero.

David tenía veintitrés años en 1976, cuando comenzó a sembrar el terror en Nueva York asesinando a seis personas y dejando heridas a otras siete.
El joven Berkowitz asesinaba sin razones, disparaba su revólver calibre 44 indistintamente a cualquier persona que se cruzaba en su camino, sin importarle raza, sexo o edad. A medida que pasaba el tiempo sin ser detenido, fue ganando tal seguridad en sí mismo, que se convirtió en un personaje frío y sin escrúpulos, pero también negligente en sus crímenes.
Atravesó la barrera en la Nochebuena de 1975, apuñalando seis veces con un cuchillo de caza a Michelle Forman, una adolescente de 15 años. No se encontraron pruebas y no se podía sospechar de lo que vendría después.
Seis meses más tarde, en el Bronx, Donna Lauria de 18 años y su amiga Jody Valenti de 19, charlaban en el interior del coche de Jody, enfrente de la casa de Donna. Era cerca de la una cuando David se acercó al coche y sin pronunciar palabra, disparó cinco veces, matándolas a las dos.
Tampoco entonces se relacionaron los dos crímenes porque ahora se trataba de un revólver. No volvió al cuchillo y se sucedieron los crímenes a jóvenes que venían de fiestas o hablaban dentro de sus coches, siempre de madrugada y con arma de fuego.
La policía dedujo pronto que el asesino del calibre 44 era una sola persona, un hombre, pero nada más que les sirviera de algo, ya que no existía ninguna relación entre las víctimas.

Por fin consiguieron un testigo en Marzo de 1977, cuando una joven llamada Virginia Voskerichian, regresaba de clases por la noche. David se le acercó, sacó el revólver y la apuntó a la cara. Virginia se cubrió con sus libros, pero una sola bala bastó para matarla. Un hombre presenció todo, pero cuando David pasó frente a él sólo le dijo “buenas noches”. A la policía no le sirvió de mucho.
Poco más de un mes más tarde, cuando David llevaba más de un año matando, Valentina Suriani, de 18 años, se besaba con su novio, Alexander Esau, de 21, en un coche en el Bronx, a las 3 de la madrugada. David detuvo su vehículo al lado y mató a los dos, dejando una carta en la que se autonombraba “El Hijo de Sam” (Son of Sam). La carta estaba dirigida al capitán Joseph Borrelli, uno de los principales integrantes de la operación Omega, que estaba tras David con dedicación casi exclusiva y al mando de doscientos agentes que lo tenían como prioridad.
David se siente tan seguro, disfruta tanto de la “popularidad” que envía una carta al periódico New York Daily News que se encargaba de su caso con dedicación particular, y en ella les agradece su atención y les promete que tendrán más de qué hablar.
Los neoyorkinos recordarán aquel Julio de 1977, una ola de calor azotaba hasta hacer irrespirable el ambiente, todos eran ya conscientes de que un asesino en serie buscaba por las calles parejas a las que matar. El retrato robot de David circula por todas partes. El cartel con el dibujo se combina bien con el slogan de una nueva crema hidratante: Autodefensa. “Una cara bonita no está a salvo en esta ciudad“.

AsesinosenserieElhijodeSamSpikeLee.JPGPara rizar el rizo, el 13 de julio se produce “El Apagón” de 25 horas que se convirtió en la “Noche del Terror”. Atracos, saqueos de comercios, decenas de pequeños incendios en los barrios de negros e hispanos. Los días siguientes no eran propicios para David, demasiada policía. Esperó hasta el 31 de julio. Stacy Moskowitz, de 20 años, estaba hablando con su novio, Robert Violante, en el coche de su padre. Era de madrugada y acababan de
volver del cine. Robert temía que pudiera aparecer el Hijo de Sam, pero la chica insistió en dar una vuelta por el parque, diciendo que al fin y al cabo estaban en Brooklyn y el asesino solía actuar en Queens y el Bronx. Vieron a un hombre sospechoso y regresaron al coche, donde David los alcanzó. Bobby recibió dos disparos en la cara y Stacy uno en la cabeza. Horas después, Stacy murió, Bobby perdió el ojo izquierdo y sólo lograron salvarle el 20% de visibilidad en el derecho. Ese fue el último ataque de “Son of Sam”.

Días después del asesinato de Stacy Moskowitz, se presentó una mujer en una comisaría, diciendo que había visto al asesino. Se había fijado en un hombre que cogía una multa de un Ford, por estar aparcado ante una boca de riego, y que la tiraba a una alcantarilla. Después, mientras sacaba a pasear a su perro la noche del 31 de julio, volvió a fijarse en ese mismo hombre que se ocultó detrás de un árbol cuando empezó a andar tras ella y la mujer se volvió a mirarle. Pensó que escondía una pistola y corrió a encerrarse en su casa. La policía revisó todas las multas puestas en la zona y encontraron un Ford, propiedad de un tal David Berkowitz de Yonkers. Entonces, se pusieron en contacto con la policía de Yonkers.
En pocos días se reúnen las pruebas suficientes para detenerle. El diez de Agosto, a las siete y media de la tarde David sale de su casa con una bolsa de papel en la mano y, cuando Se acerca a un coche, es detenido. El policía preguntó: “¿Ahora que te tengo; dime, a quién tengo?”, “tú lo sabes“, dijo David sonriendo, “soy el hijo de Sam, David Berkowitz”.
Cuando le detuvieron, Berkowitz era un cartero de 24 años, tímido, solitario y regordete, que vivía en una habitación con un colchón en el suelo y una manta clavada en la ventana, a modo de cortina. Tenía todas las paredes de su habitación pintarrajeadas con mensajes del tipo: “Kill for my Master”. Era un aficionado a las películas de terror que soñaba que tenía un físico espectacular y que era un magnífico amante.
Confiesa todo pero trata de alegar locura afirmando que escucha la voz de un demonio de seis mil años reencarnado en “Sam”, el perro de su vecino, que le ordenaba matar. Una vez en la cárcel, también declara haber formado parte de un culto satánico relacionado con Charles Manson, y asegura que sus crímenes no los cometió solo, sino que habían sido varios los tiradores con un calibre 44.

La policía neoyorquina ya sospechaba que detrás de todos esos crímenes estaba una secta satánica, y que Berkowitz no fuera más que uno de los adeptos, utilizado como coartada para encubrir a miembros de más rango. Aún así, y como en la mayoría de estos casos, las mismas fuerzas de seguridad que se ocuparon del caso, trataron de ocultar todos aquellos datos que relacionaban el crimen con satanismo, siendo revelados al público más tarde gracias a las investigaciones del periodista Maury Terry.
Los psiquiatras diagnosticaron a David como esquizofrénico paranoide de personalidad antisocial. Berkowitz fue declarado culpable y condenado a 365 años, lo que equivale a cadena perpetua, que cumple hoy en una cárcel de máxima seguridad! para los que están fuera, porque fue asaltado por otros reclusos que intentaron degollarlo, aunque sobrevive con una cicatriz de 56 puntos en el cuello.

A raíz de su detención, el estado de Nueva York aprobó una ley para que los asesinos no puedan vender derechos de sus crímenes y convertirlos en historias para guionistas y escritores. Precisamente hace poco, en 2005, comenzó una demanda de David contra su propio abogado, que quiere publicar un libro con cartas y recuerdos que, según David, sólo prestó, pero que, según su abogado, fueron un regalo por sus servicios. A la ley se la conoce , en su honor, como “La Ley del Hijo de Sam”. Otros treinta estados y el gobierno federal aprobaron con posterioridad sus propias versiones de la ley.
Pero hay controversia en Usamerica con esto porque algunos tribunales han decidido en diversas ocasiones que algunos aspectos de la ley del Hijo de Sam contradicen la Primera Enmienda, en la que se establece la libertad de expresión y prensa, pero que tropieza con los intereses del Consejo de Víctimas de Delitos (Crime Victims Board), que recibe todos los beneficios económicos generados por los delincuentes por estos temas, y donde se sienten representadas las familias de las víctimas, que por lo general no quieren que salga a la luz nada que les recuerde lo ocurrido.
El padre de Donna Lauria, la primera víctima de Berkowitz, se opuso, por ejemplo, al rodaje de la película de Spike Lee que se estrenó en 1999. El director se justificó diciendo que la película no era una autobiografía del asesino, sino la historia de un grupo de jóvenes del Bronx que confundieron a un inocente con el criminal.

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