Mr. Pinkerton y la gran comilona

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¡Hola muchacho!

Me pongo en contacto contigo de nuevo tras mi largo paréntesis vacacional en la Guayana Francesa. Ya te hablaré largo y tendido sobre mi aventura en esos lares, pero quería contarte ahora lo mucho que cambió mi vida el pasado 24 de marzo: el día que murió Rafael Azcona.

Ese día se fue mi mayor mito cinéfilo, querido amigo. Oh, muchacho, ¡cuántas veces le busqué en las calles madrileñas, en los cafés, en esos Vips donde cogía un libro de la tienda para leerlo mientras saboreaba un larguísimo café!…. Me sentí tan desolado que quise morirme, y qué mejor manera de irse de este mundo que haciéndole un homenaje e imitar el suicidio colectivo de “La Gran Comilona”.

PinkertonLagrancomilona.jpgSí amigo, por absurdo que parezca, eso pretendí. Pero no me valía con comer espaguetis hasta estallar como el gordo de “Seven”. Si iba a morir, tenía que ser degustando lo mismos platos franceses que en la película de Ferreri. Así que me fui a casa a revisar el vídeo una y otra vez para ir anotando las recetas de semejantes suculencias. Me fui al mercado y compré los ingredientes necesarios, y me puse manos a la obra. Pero amigo, ¡lo fácil que es hacer unas lentejas y lo complicado que es un Caviar D’aubergine! Así que pensé en una solución…. En vez de hacer yo esos platos, me iría a un restaurante francés a comer tanto como el tipo ese de “El Sentido De La Vida”. Me daba igual dejarme el sueldo en ese antro de lujo, pero estaba dispuesto a no salir vivo, o al menos consciente, de allí. Pero, después de cuatro entrantes, dos primeros platos, tres patés, dos segundos y el mejor vino de la bodega, me puse tan malísimo que fui incapaz de ingerir más alimentos…. Me sentí como Paul Newman en “La Leyenda del Indomable”, sólo que en vez de tragar huevos duros, me metía caracoles a destajo.

Un camarero parisino tuvo la bondad de llevarme a mi casa y me dejó tumbado en el sofá. Me dio consejos para desintoxicarme de semejante comilona y me dijo que me sacara de mi cabeza la idea de suicidarme a base de comer. Yo le hice más o menos caso, pero aún así, conseguí una guía de cría de caracoles comestibles, con la idea de ir haciéndome con una buena manada en casa y comérmelos todos acompañados con un buen Chateau D’ Yquem….

Bueno muchacho, aquí me despido, con dolores estomacales y aerofagia a raudales, esperando en breve poder reiniciar mi labor como investigador privado Pinkerton, que mis clientes se impacientan.

PinkertonCaracoles.jpg

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