Centenario James Stewart: Un patricio más

Centenario James Stewart: Un patricio más

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Querido diario:

80 kilómetros al nordeste de Pittsburg, se encuentra el condado de Indiana, en Pensilvania, uno de los primeros lugares ocupados por los pioneros europeos, y entre ellos ya estaban los Stewart que habían desembarcado en 1785, procedentes de Irlanda, donde se pierde el origen familiar. Los nombres de los antepasados dignos de ser recordados, militares, políticos o financieros, convertían a la familia en parte de la “aristocracia” de la América anglosajona. El padre de Jimmy dejó la comodidad de su casa para luchar en la Guerra Hispano norteamericana y cuando esta acabó se alistó en la Primera Guerra Mundial. James aprendió en casa el sentido usamericano de la patria y nunca lo olvidaría. Por eso fue más que un actor, como te contaré. Al mismo tiempo se le inoculaba vía familiar la fe religiosa, porque su clan participó en la Primera Iglesia Presbiteriana de Indiana, ya que permitía los instrumentos musicales en los servicios y la afición a la música fue otra de las raíces de James. Su padre había elegido a su madre sin conocerla mucho, sin fijarse en sus cualidades domésticas, básicamente porque tocaba el piano con soltura. Esta raíz musical fue la que curiosamente le introduciría en el mundo del espectáculo.

El 20 de mayo de 1908, en la casa del 965 de Philadelphia Street, nació James Maitland Stewart. Le seguirían dos hermanas. El aumento de la familia los hizo trasladarse a la zona de Vinegar Hill de Indiana. En el 104 de la N. Seventh Street todavía está la casa de dos pisos que Jimmy llamaría su casa durante su juventud, su época de universidad y de la guerra.
El dinero salía de la ferretería familiar, un negocio “serio” que se mantuvo abierto hasta finales de los años sesenta. La educación privilegiada pero sin esnobismos salía de unos padres con formación universitaria, sólo al alcance por entonces de los patricios de la alta sociedad.

CentenarioJamesStewartPatricioCasaIndiana.jpg

A los cuatro años estuvo cerca de un accidente grave cuando intentó “hacer volar” un coche de juguete desde el tejado del lavadero familiar y continuaría creciendo fascinado por la aviación que se lo compensaría con fama en la guerra y en el cine. Su adolescencia se desarrolló entre valores tradicionales pero incluyendo algunas “lecciones de libertad” muy interesantes; como cuando el perro del vecino mató al de James y quiso vengarse. Su padre cogió al perro “asesino”, dejó que lamiera las manos del niño, luego lo ató y puso en las manos de su hijo una escopeta para que lo matara si era su deseo. No lo hizo, claro. ¿No parece una secuencia de Capra? Pues no es nada frente a otra “lección” de la época. Su padre lo levantó una madrugada. Recorrieron treinta kilómetros para presentar sus respetos al paso del ferrocarril donde viajaba el ataúd del presidente Harding. Jimmy puso dos monedas en la vía que quedaron aplastadas. Cuando el padre murió casi nonagenario, al revisar James el escritorio en la ferretería, halló la que le correspondía a su padre. Así va a ser gran parte de la vida de este tipo, la estrella más confiable de todas las que lucen en el cine, el hombre que jamás engañó ante la cámara, al que el cien por cien de los norteamericanos, y yo diría que del mundo, le compraría un coche muy usado.

CentenarioJamesStewartPatricioUniversidadPrinceton.jpgA los quince comenzó la escuela preparatoria en una ciudad vecina y cumplió con el “programa” de todo chico “bien”. Jugó al rugby de central, practicó el atletismo, al tiempo que tocaba su acordeón, participaba en los montajes de teatro y cantaba en el coro. En los veranos trabajó pintando líneas amarillas para el programa de mejora de carreteras y como ayudante de proyección en el cine de la ciudad, el Strand.
Llegó el momento de comenzar los estudios superiores y James quiso entrar en una escuela naval pero el peso de la tradición era difícil de cuestionar en los Stewart y siguió el mismo camino de su padre, la Universidad de Princenton. Con el tiempo el actor se recordaría a si mismo como un buen estudiante, pero parece que no fue así. Ingresó en la especialidad de ingeniería y uno de sus profesores se lo dejó muy claro al ver sus dificultades con el cálculo: “O bien te sales de la ingeniería, o sales de Princeton”. Se orientó entonces hacia la política, para descubrir que el programa de esa especialidad incluía lecturas que le superaban, carecía de la velocidad de asimilación necesaria y no era un buen lector. Probó entonces con la arquitectura y la terminó cum laude, pero hay motivos para dudar de que las valoraciones fueran muy justas en Princenton y en aquellos años, porque uno de sus biógrafos recogió la palabra “desgana” al referirse a su graduación.

Pero al margen de los estudios convencionales estaba lo demás: drama, arte, citas con chicas y los deportes. Aunque tampoco se puede decir que su papel fuera sobresaliente en ninguna de estas actividades. Un compañero de estudios recuerda «Lo elegimos para el equipo de rugby aunque el entrenador no lo quería por demasiado flaco, pero hacía que el resto pareciéramos estupendos». Como no le sacaban se dedicó a actuar como animador del equipo, hasta que le pidieron que parara porque Princenton perdía cada vez que James animaba.

Aunque se sentía atraído por la escena, tampoco era ninguna lumbrera en eso, además de que en la familia no podía pensarse en ello más que como un “entretenimiento” pasajero. Doscientos estudiantes se presentaron en su año para ingresar en el grupo de teatro estudiantil con más prestigio, el Triangle Club. Cuando le dieron unas pocas líneas en la prueba de ingreso, su timidez, su tono inseguro y su poca proyección, hacían difícil escucharle incluso desde las primeras filas donde se sentaban los profesores. Pero insistió y puso en la balanza aquel acordeón que llevaba tocando desde que un cliente de la ferretería lo había dejado como forma de pago. Probó que era bueno y le dieron un papel en la gira que empezaría la compañía ese verano. Su estatus fue el de actor-especialista…, sin diálogo. En los temas “importantes” para la carrera de un Stewart no había tenido éxito, y en los otros tampoco. En aquel momento todo indicaba que seguiría el camino paterno, y que después de graduarse se encargaría del negocio familiar.

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