Centenario James Stewart: Actor, puede…pero ¿de qué tipo?

Centenario James Stewart: Actor, puede…pero ¿de qué tipo?

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Querido diario:

Jimmy no será recordado jamás como actor de comedia y sin embargo había demostrado al menos una cosa en su participación en el grupo teatral estudiantil de la Universidad de Princeton: hacía gracia. No era para menos con su aspecto de larguirucho, su manera de arrastrar las palabras y el fortísimo acento típico de Pensilvania.

Los jóvenes actores del grupo universitario “El triángulo” terminaban la promoción de 1930, y realizaron su última gira por las poblaciones cercanas a su campus. Además de los montajes más convencionales, siempre incluía musicales. Entre ellos había varios que pensaban ya en probar suerte en Broadway y se habían preparado no sólo como actores, también en las otras áreas del teatro, desde la dirección a la escenografía o la escritura. Uno de ellos, para su última producción en Princeton, escribió una obra para que James, a sus 22 años, hiciera el protagonista juvenil.
El público se reía viendo cantar, bailar y dar respingos al chico flaco, hasta el punto que lo destacó un comentario teatral de la revista Time, incluyendo una foto suya en mitad de una canción.
¿Cantar James Stewart?. Desde luego casi ningún espectador actual lo diría, pero además de tocar el acordeón, su instrumento favorito, también tocaba el piano, el banjo y el ukulele, cantaba y era el vocalista del campus, incluso había cantado con el grupo de su compañero y futuro actor José Ferrer. Queda disco de entonces, en una cara está “Sweet Georgia Brown” y en la otra hay una composición de Ferrer: “Los Comes Bur Once”, con Jimmy como vocalista.

James acabó sus estudios con la licenciatura “desganada” en ciencias pero con otro título que humorísticamente se llamaba Acting Bug, “bicho de teatro”. El recién graduado se enfrentaba a una encrucijada. Continuar los estudios en la escuela para graduados, volver a la ferretería en Indiana o aceptar una propuesta teatral de un grupo joven. Usamérica estaba en mitad de un cataclismo que había comenzado en Wall Street en octubre de 1929 y la cantidad de quiebras, cierres de bancos y empresas vomitaba a las calles parados, mendigos y vendedores de manzanas a pocos centavos de dólar. La expresión “Préstame diez centavos hermano” (Loan me a dime brother) se convertiría en un lema que hoy encuentras en canciones y libros.

CentenarioJamesStewartJimmyyHenry.jpgEn los meses previos, el estudio de los hermanos Warner había sorprendido a todos con The Jazz Singer (El cantor de jazz), con el cantante de vodevil Al Jonson; primera película comercial cantada y hablada. Chaplin o René Clair proclamaron que aquello era la muerte del cine o el fracaso de la palabra. El público demostró que se equivocaban en pocas semanas, y llevó incluso a convertir al hablado parte de la producción silenciosa a punto de estrenarse.
El impacto trastornó absolutamente el panorama del cine. Hollywood y las centrales neoyorquinas de los grandes Estudios empezaron a fijarse los teatros buscando nuevos actores que tenían que saber hablar.
En los escenarios estaban ya Gable, Bogart, James Cagney, Robert Montgomery, Archie Leach (luego conocido bajo el pseudónimo de Cary Grant), Edward G. Robinson y Spencer Tracy, que aparecía en Broadway desde 1925. La característica más importante de todos ellos no era que fueran mejores o peores actores, sino su apariencia de personas corrientes dispuestas a ganarse la vida en lo que fuese, encarnando la voluntad de salir adelante. James Stewart encajaba bien en todo aquello aunque todavía no sabía muy bien cómo.

Jimmy fue bien recibido por los demás actores del grupo University Players, era un buen tipo, y de nuevo el que tocara el acordeón fue decisivo, aunque el mismo actor quisiera quitar importancia al peso de esa habilidad en la decisión, simplemente porque a algunos les empalaga ese instrumento: «El que los clientes no fueran demasiado apreciativos es una forma suave de decirlo…, se mostraban declaradamente hostiles. Más de uno me dijo que dejara de tocar».

La compañía montó en primer lugar una comedia con el recién llegado. Jimmy Stewart haciendo reír a base de aullar como un patán sureño. Meses más tarde se atrevió con otra donde interpretaba a cuatro personajes: un policía, un vecino del comité de vigilantes civiles, un transeúnte inocente y un jardinero negro. La obra le gustó a un productor que consideró buena idea llevarla a Broadway.
Treinta y una representaciones fueron suficientes para convencerle de lo contrario, dejando a los actores sin trabajo. Henry Fonda estaba también en aquel grupo, James era su compañero de habitación cuando el teatro suspendió la obra, y le recuerda haciendo las maletas para abandonar: «…Jim se preparó para volver a casa, en absoluto desalentado. Podías ver que ya pensaba en las historias que contaría a su familia y amigos”.
Su padre se sentiría contento porque ese tipo de trabajo no le parecía “trabajo”, James respetaba mucho a su padre y el saber que le gustaría tenerle en el negocio familiar le facilitaba la decisión. Lo había intentado, se había sentido bien haciéndolo, incluso había subido a un escenario de Broadway! y ahora se sentía preparado para dejarlo. Volvía a casa.

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