Centenario James Stewart: El descubridor de James

Centenario James Stewart: El descubridor de James

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Querido diario:

Cuando James ya se disponía a volver a Indiana y a la ferretería familiar, el productor que había llevado a su compañía a Nueva York, para verla fracasar en Broadway y disolverla, le telefoneó. Se había sentido responsable del paro de los miembros del grupo y los estaba situando en otras compañías, con papeles pequeños, como suplentes o ayudantes de lo que fuera. Desde luego el papel de James era muy pequeño, una sola escena, por mucho que un crítico se fijara en él y lo valorara: «…un actor que, en esta loca pieza, permanece en el escenario exactamente durante tres minutos y no habla más de ocho líneas. Sin embargo, antes de que este caballero salga de escena, crea una definida impresión en el público porque les hace reír con fuerza».

La obra se sostuvo 212 representaciones, y a 35 dólares semanales, pudo alquilar con otros actores en su situación un apartamento en un barrio rico en prostitutas y gángsters. Había pospuesto su decisión de regresar y disfrutaba de lo que tenía, un apetito de flaco fibroso, es decir voracidad insaciable, y un amigo llamado Henry Fonda que se metió también en el apartamento que bautizó «Casa Gangrena», y que disfrutaba de más días de desempleo que el resto.
Cuando no había trabajo para pagar el apartamento, alquilaban un local y allí organizaban “El club del jueves por la noche”. Consistía básicamente en que por un dólar, los “clientes” podían beber cerveza, comerse un bistec preparado por Fonda y disfrutar de un poco de diversión, a menudo a cargo de Benny Goodman, otras veces con “números” de los actores. James no se hacía mucho de rogar si se trataba de cantar algún ragtime con el apoyo de un buen pianista.

Había muy poco trabajo, aunque las críticas para James siempre eran tan buenas que esos dos años de aprendizaje duro borraron el deseo de volver a Indiana o a una mesa de arquitecto.
Los ojeadores de los Estudios de cine que buscaban actores, seguían las críticas de diarios importantes como el “New York Times” y el “New York Herald Tribune”. En ambos sus críticos hablaron de James con admiración y las notas del cazatalentos de la MGM, William Grady, señalaron: “Su acento no le hace mucho favor, pero es convincente”
Hizo una prueba para la Fox, pero fue la Warner quien le haría debutar en una comedia de dos rollos, un largo tenía al menos ocho y lo habitual eran nueve rollos. “Art Trouble” fue su primera aparición en una pantalla. Su amigo Henry Fonda, cansado de no conseguir en el escenario lo que buscaba, se había ido a Hollywood, y James decidió seguirle después de un fracaso teatral en una obra que le bajó el telón en las narices con sólo siete representaciones. Entonces se acercó a él Bill Grady, el cazador de talentos que lo era en si mismo.

Grady no era uno más de los cazatalentos enviados por Hollywood, era el director de reparto de la Metro Goldwin Mayer, el más grande de los Estudios, el único capaz de producir 42 películas en un año, el que controlaba el negocio de arriba abajo, desde la producción, hasta la exhibición pasando por la distribución…. Además de fabricar estrellas, Grady había puesto su empatía, su personalidad de hombre confiable, a disposición de Louis B. Mayer. Cuando “El león de Hollywood” deseaba impresionar a una actriz llamaba a Grady. Este la pasaba por peluquería y vestuario, luego la llevaba al despacho de Mayer y la situaba junto a una ventana. Mayer observaba sus perfiles dando indicaciones a Grady sobre los detalles. “Gírala a la izquierda… un paso atrás… me gustaría verla con un moño… con el pelo caído como Verónica Lake…”. Luego Grady la llevaba a otro espacio con luz interior y finalmente Mayer pedía ver sus piernas, la rodeaba fijándose como el que mira una estatua y terminaba la sesión. Grady hizo esto tantas veces que terminó por aburrirse y acabaría instalándose por su cuenta y representando a esos actores que, al final de las reuniones con Mayer, le tenían como el confidente más próximo.
Grady le ofreció a James uno de los contratos por siete años que se ofrecía a los actores que podían resultar interesantes. James aceptó los 350 dólares semanales y se trasladó a California. Su amistad con Grady crecería hasta convertirse en el actor más permanente en la vida del cazatalentos. Fueron buenos amigos durante los siguientes 46 años.

CentenarioJamesStewartLouisBMayer.jpgEl otro amigo con el que contaba aquellos días era Fonda. Volvieron a compartir casa y a divertirse juntos. Soñaban con los detalles para el túnel que harían entre su casa y la de al lado, donde vivía Greta Garbo, o iniciaban juntos un régimen para quitarse el aspecto de huesudos escuchimizados, a base de desayunar ponche de huevo con coñac, en cantidades crecientes de lo último hasta que tuvieron que dejarlo para evitar caer en el alcoholismo.
James se sometió a las pruebas necesarias y comprendió pronto que, a pesar de la capacidad de persuasión de Grady, no sabían muy bien que hacer con él.
Esperaba que le insertaran de alguna manera en la cadena de películas que se producían en las cuarenta hectáreas y los 22 estudios de la MGM. Lo habitual era que los nuevos entraran con un papel adecuado en alguna de las películas protagonizadas por las estrellas que ya lucían, pero también podía no ocurrir. Además de la Garbo, James vio pronto a Joan Crawford, Jean Harlow y a Myrna Loy.

El cineasta Peter Bodganovich recordaba que James tenía una vieja foto en el salón de su casa, una imagen que atraía inmediatamente la atención de cualquier visita que pasara por la casa de la estrella ya consagrada hacía décadas. En ella se veía a un granjero chino.
«Cuando llegué allí por primera vez, una de las primeras cosas para las que me hicieron una prueba fue un papel en The Good Earth… era… ¡era haciendo de chino! Me maquillaron de arriba a abajo (les llevó toda la mañana), y me pusieron junto a Paul Muni y… sólo… sólo había… un… problema… ¡Yo era demasiado alto! Así que excavaron una zanja, y yo caminaba por ella, y Muni iba a mi lado… y yo… no conseguí el papel. No lo conseguí…. ¡Le dieron el papel a un chino!»

Durante los tres meses siguientes a aquella prueba James “disfrutó” de los servicios de la Metro, desde el gimnasio hasta las clases de voz o de interpretación. Todo lo que podía hacer era esperar la llamada de un productor o del director de reparto, Grady.
La habilidad de Grady, su ingenio y su fe en James le proporcionaron la primera aparición en un largometraje. El papel era para un actor enano y Grady convenció al productor de que sería gracioso que el personaje, “Shorty” (Bajito) lo hiciera un tipo como Stewart con su metro noventa. James tenía 27 años y la película era “La voz que acusa”.

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