Mr. Pinkerton y los enigmas de cine

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¡Hola muchacho!

¡La primavera ya ha llegado! Y en estos días de buenas temperaturas y un sol acomodado, no he podido evitar escaparme de mi despacho y acudir al Retiro en busca de calor y paz. Me llevé una de mis novelas de Sherlock Holmes y me senté en un banco limpio para introducirme en el mundo que Agatha Christie nos regaló hace ya años. Disfrutaba de aquel paraíso, muchacho, hasta que de repente noté los golpecitos que un niño me daba en mi brazo. Sin mediar palabra, me entregó un papel y salió corriendo como si su vida dependiera de ello. Intrigado leí aquella nota que decía: “Mr. Pinkerton, aburrido me encuentro y un juego le propongo. Descubra el enigma que esta nota conlleva, y un gran premio le será entregado. Frente a los grandes pechos, un hueco de cultura hallará. Shirley MacLaine otra pista le entregará”.

Muchacho, debo reconocer que esta aventura que me proponían me cautivó de inmediato. No sabía quién podía estar tras este juego, pero rápidamente me puse en acción, centrándome en el mensaje del papel, buscando tras cada palabra por si un mensaje cifrado se encontraba en él. Pero nada encontré; ¿a qué se refería con “grandes pechos”? ¿Y con “hueco de cultura”? Mentalmente recorrí todo rincón de Madrid que pudiese entrar en esta descripción, y mi mente sagaz y observadora no tardó en hallar la solución. ¡Se trataba de los frisos de las pechugonas de la calle Fuencarral! Y el hueco de cultura sería la sala de exposiciones de la Fundación Telefónica, que se encuentra en la acera de enfrente. Y allá que me fui veloz para buscar a Shirley MacLaine.

Una vez allí, me puse a buscar hasta que la encontré. Sí, muchacho, aquella chica era idéntica a la protagonista de “El apartamento”. Era una de las usieres de la sala, y al preguntarle si tenía algo para Mr. Pinkerton, me entregó un DVD original de una película. Se trataba de la película de Aristarain “Un lugar en el mundo”. Me fui corriendo a mi despacho a visionar la cinta, y Marga se acopló, pues decía que José Sacristán en esta película era su prototipo ideal de hombre. Visualizaba cada escena, cada diálogo con máxima atención, esperando dar con la pista que se me planteaba. Pero no encontraba nada, hasta que de repente la película se quedó parada justo en ese momento en el que el joven protagonista se escondía junto a su novia debajo del altar de la parroquia. ¿Es esta la pista? ¿Qué me querrán decir?, me pregunté. Volví a coger la caja del DVD y saqué del mismo el papel de la funda, y en la parte de atrás venía escrito: “Donde reposan los universitarios, donde el Atlético de Aviación ganaba con gloria, donde descansa Santiago Ruiseñol”.

Shirley MacLaine en "El apartamento"El Atlético de Aviación jugaba en el Metropolitano, y los estudiantes reposan en colegios mayores y residencias universitarias, ¡pero en esa zona de Madrid hay decenas! Entonces Marga me ayudó eficazmente: “Jefe, hace años yo iba a las fiestas de carnaval del Chaminade, que es el colegio mayor que está justo al final de la calle Santiago Ruiseñol.
“Marga, recuérdame que te suba el sueldo. O bueno, mejor no lo hagas”,
le dije entusiasmado. Me presenté en ese Chaminade y allí había una capilla, al cual entré con sigilo y me dirigí al altar. Me agaché y allí encontré una nota que decía: “Vuela como un pájaro por donde aquel gallego cazaba, vislumbrarás el significado de este enigma”.

Esta pista era sin duda la más fácil pero, al mismo tiempo, la más difícil de alcanzar, ¡y la más cara! Para volar como un pájaro no podía hacerlo en una avioneta ni en nada que lo hiciera a gran velocidad, así que lo mejor era volar en globo. Pero, no es algo barato precisamente. Muchacho, cuando la broma empieza a salir cara dejas de ver su lado divertido. Me llegué a plantear si quizás detrás de este juego estaba el inefable Boris Arbeloa en busca de venganza. Pero tras unos segundos de indecisión, decidí seguir adelante. Me iba a ser imposible dormir muchas noches si no hallaba el final del enigma. Al fin y al cabo, por eso me hice detective.

Llamé a una empresa de vuelos en globos y les planteé mi necesidad de sobrevolar la zona del Monte del Pardo. A la mañana siguiente, al alba y con fuerte viento de levante, el piloto y sus ayudantes ya tenían el grandioso globo a punto de zarpar. Marga y yo estábamos expectantes, no sólo por averiguar el enigma, sino también porque aquello iba a ser nuestro bautizo como pasajero de globo. La sensación que se tiene cuando la cesta empieza a perder su peso y alejarse del firme suelo es indescriptible. El globo subía cada vez más, sin prisas, como una pluma, y la vista era maravillosa. El viento, que ni era levante ni fuerte, nos desplazaba con suavidad por el fresco aire madrileño, y mis ojos no perdían ocasión de encontrar la pista que me faltaba. Y entonces me fijé que en un punto determinado se observaba una figura. Le pedí al piloto que nos acercáramos allá, y al sobrevolar aquello, no pudimos evitar Marga y yo echar una risotada. Con bolsas de basura negra habían formado una figura que desde el aire se veía como… ¡el rostro de Groucho Marx!

El rostro de Groucho MarxAún así, aquello no me decía nada más. No había enigma ni mensaje. Echamos una mañana maravillosa pero, no sabía qué querían decirme con todo aquello. Hasta que, estando en mi despacho, llegó un telegrama de mi amiga Edwina que decía: “Feliz cumpleaños, Pinkerton! Stop. Espero que te haya gustado el juego. Stop. ¡Y no te preocupes, que yo te reembolsaré los gastos ocasionados! Stop”.

Sin duda, muchacho, esta Edwina sabe siempre cómo sacarme una sonrisa. Lo gracioso es que en verdad ni siquiera era mi cumpleaños…

¡Saludos!

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