Mr. Pinkerton y el secreto de Coco Chanel

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Salut garçon!

¿Cómo estás?. Supongo que ya con ganas de que abran la piscina de tu clínica. Mi mayo empezó muy tranquilo, con casos muy de andar por casa. Ya sabes, seguimientos a trabajadores con falsa incapacidad, a hijos de adinerados atraídos por la mala vida, y cosas por el estilo. Pero hace una semana llegó a mi oficina una señorita pacata y recatada. Me confesó que vino a mí con mucha vergüenza, ya que me iba a plantear un caso que podía resultar una pantomima, pero que si se resolvía con éxito, podía tener una repercusión incluso mundial.

Con una voz fina y delicada, la joven me contó que su bisabuela había fallecido hace muy poco a la edad de 101 años. Me contó que, antes de morir, apurando su últimas fuerzas, le confesó un secreto bien guardado por ella, y le encomendó una tarea: según la anciana, en su juventud trabajó en el Ritz de Paris como camarera de habitaciones. Fue empleada allí durante varios años, y en sus últimos era la encargada de la limpieza de algunas de sus suites, incluida aquella que era habitada permanentemente por Coco Chanel. Su secreto era que, en una ocasión, observó cómo la modista escondía, bajo una losa del suelo de la suite, lo que supuestamente eran unos diseños especialmente atrevidos para la época. La abuela de esta señorita pensaba que esos diseños podían seguir hoy en día allí, y ahí estaba el caso, muchacho. Paris, la ciudad de las luces, me estaba esperando.

Este caso era más complicado de lo que pudiese parecer en un principio. Se trataba de conseguir llegar a esa suite y localizar la losa concreta en base a las referencias que me dio la señorita. Llegué a París y, antes de ponerme en acción, quise acercarme a los Sagrados Corazones, espectacular iglesia que corona la capital francesa, edificio que se engrandece cuando el cielo azul rodea sus blancos muros, y toda la vegetación de sus jardines colorean un rincón de postal. Muchacho, la ciudad del amor también emociona a los solitarios como yo. Luego me di un paseo por el barrio de los pintores, y uno de ellos se empeñó en retratarme a pesar de mi rotunda negativa. Debajo de una gran escalinata, vi un antiguo tiovivo, y subí en él para recordar que dentro de este detective con gabardina gris hay aún un pequeño Pinkerton con ganas de pasarlo bien cuando se puede.

La Suite Coco Chanel del Hotel Ritz de ParisMe fui al hotel Ritz, y averigüé que la suite Coco Chanel estaba ocupada por una señora adinerada de Suiza. La situación era complicada; introducirse en esa estancia sin permiso es un delito, y más aún si implicaba hacer un destrozo en la solería. Pero el caso merecía la pena. Se trataba de un pequeño tesoro por descubrir, una herencia abandonada adrede por la afamada diseñadora que debía ser devuelta a la humanidad.

Pensé que la única manera de introducirme era ganándome la confianza de esa señora suiza cuyo nombre era Margarite; una viuda cincuentona que se pasaba semanas enteras en París para visitar a sus amigas de juventud. Seducirla no iba a resultar difícil. Muchacho, aquí donde me ves, con dos copas de Contreau me convierto en un gigoló hollywoodiense. Después de una cena a bordo de un restaurante flotante sobre el Sena, nos dimos un paseo bajo la luz de la luna parisiense. Aquella escena romántica agilizó el proceso y, en cuanto conseguimos parar un taxi, ya estábamos camino del hotel.

Muchacho, no pienses mal, que la excusa de la visita a la suite era tomar champán con fresas. Mi objetivo (y qué mal suena esto viniendo de mí) era conseguir embriagar a la viuda hasta tal punto que tuviese tiempo de hallar y levantar la baldosa adecuada. Cinco copas fueron necesarias para que Margarite acabara en posición horizontal sobre su inmensa cama de edredones color oro. Mi repertorio de chistes franceses se me agotó a la tercera copa, así que tuve que improvisar comentarios agudos y cínicos sobre la sociedad actual para poder mantener animada a la viuda. Pero estando ella K.O., sólo me quedaba sacar mis herramientas y ponerme manos a la obra. Las indicaciones estaban claras: tercera losa junto a la ventana más a la izquierda de la suite. Con cuidado levanté aquello, y descubrí un pequeño boquete que escondía un pergamino plastificado. Lo abrí, y cuál fue mi sorpresa cuando, en vez de encontrar diseños de moda femenina, me encontré un manuscrito en alemán que, por supuesto, no entendía.

Coco Chanel está presente en nuestras carteleras esta semana con el estreno de la película "Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel" que protagoniza Audrey TautouDejé una nota a Margarite en su mesilla de noche que decía: “Dejo dormir a mi dulce viuda para que amanezca sola con sus recuerdos. PD: Te dejo una palangana bajo la cama”. Entonces llamé a Herbert, un viejo amigo alemán que vivía a las afueras de París. Le llevé el manuscrito, y tras leerlo con detenimiento, entró en shock. Tuvo que beberse dos copas de brandy para volver en sí, y me dijo con su castellano con acento alemán y parisino: “Amigo Pinkerton, lo que me has traído es un tesoro de la historia moderna. Es un manuscrito escrito por el propio Hitler dirigido a Madame Coco”. Y luego echó una carcajada. Sí muchacho, algo sabía yo sobre un asunto turbio en su biografía, asunto por la cual ella tuvo que exiliarse en Suiza y abandonar su tienda, ya que fue acusada de colaboracionista con el régimen nazi debido a su relación con Walter Shellengberg, un alto oficial de las SS. Y para lavar su imagen, intentó más tarde acercar posturas entre mandatarios ingleses y alemanes alejados del Reich, aunque fracasó en su intento.

Te preguntarás, muchacho, a qué se debió la carcajada de mi amigo Herbert. Aquel manuscrito de Hitler dirigido a Coco Chanel no tenía una intención política o partidista, no hablaba de negociaciones de paz o de tratados de alianzas. Se trataba, tan solo, de una petición, que decía: “Madame Coco, le ruego me envíe a través de Shellengberg dos modelos de “vestidito negro” de la talla 3. A mi novia le vuelve loca…Fdo: Adolf Hitler

Y antes de partir de vuelta a Madrid, me di una vuelta por París para recordar los rincones con olor a Chanel Nº 5. Y visité el número 31 de la Rue Cambon, y me di un paseo por la Place Vendomê. Recorrí el Boulevard de Malesherbes, donde Coco se inició haciendo sombreros. Acudí al cementerio de Pere Lachaise, pensando que quizás allí encontrase su tumba, pero me dijeron que Coco fue enterrada en Suiza, esperando que sus restos pasasen desapercibidas porque, tal como ella dijo en su lecho de muerte, “así es como se muere”.

¡Un saludo!

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Comentarios

angela ors bracho - 14.09.2010 a las 19:01

La pelicula de la bigrafia de coco me a encantodo,fue una luchadora y nada mas que por eso merece toda mi acmiracion.Fue una revolucionaria de la moda.la verdad es que nunca lo ubiera imaginado,por que mi economia no me lo permite pero para el que pueda,es un honor.Te acmiro coco.

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