Coleccionable Chaplin: Asesinar a Charles Chaplin

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Querido Teo:

Juez: “¿Qué finalidad conseguían con matar a Chaplin?.” Koga: “Chaplin es una figura popular en los Estados Unidos y el favorito de la clase capitalista. Creímos que su muerte provocaría una guerra con América, y así mataríamos dos pájaros de un tiro.”

El oficial japonés que declaraba ante un tribunal de guerra, confesó que solo un problema de confirmación en el programa de una recepción salvó a Chaplin. Su viaje a Japón era la última escala de la vuelta alrededor del mundo que inició en 1932. Embarcó en Nápoles dejando atrás entrevistas con Gandhi o Einstein, el recuerdo de una corrida en San Sebastián que no le dejó buen sabor, un romance serio con la actriz May Reeves, y varios encuentros sexuales con mujeres hermosas, artistas o no, que aceptaron las insinuaciones del por entonces hombre mas popular del mundo.

Aproximándose el trasatlántico al puerto japonés de Kobe, una escuadrilla de aviones comenzó a sobrevolar la nave. A una señal lanzaron miles de octavillas de bienvenida. El muelle de atraque contenía a miles de personas, muchas con kimonos de colores que resaltaban entre el gris del cemento de los atracaderos y las chimeneas de las fábricas que convertían a Japón en la superpotencia de Oriente. El tren especial puesto por el gobierno se detenía en las estaciones que separaban Kobe de Tokio. El chofer japonés de Chaplin desde hacía años, Kono, le servía de traductor de palabras y símbolos. En la capital esperaban cuarenta mil personas y una protección de cientos de policías. Chaplin subió al coche que le trasladaría al hotel Imperial y se produjo entonces la primera situación extraña según el mismo contó luego…. “De repente el coche fue perdiendo velocidad, hasta que se paró cerca del Palacio del Emperador. Kono miró hacia atrás, ansiosamente, por la ventanilla posterior; luego se volvió hacia mí y me hizo una extraña petición: ¿le importaría apearse del coche y hacer una inclinación hacia el Palacio?.

—¿Es costumbre? —le pregunté.
—Sí —dijo, sin dar importancia a la respuesta—. No tiene usted necesidad de inclinarse; basta con que se apee del coche.
Esta petición me sorprendió un tanto, porque no había nadie por los alrededores, salvo los dos o tres coches que nos seguían. Si era la costumbre, el público lo hubiera sabido y hubiese habido allí gente, aun siendo poca. Sin embargo, descendí y me incliné. Cuando volví al coche, Kono pareció aliviado.”
 
Debidamente alojados pasaron la primera noche en la capital nipona y a la mañana siguiente el hermano de Chaplin, Sydney, descubrió que alguien había registrado su habitación y sus maletas. No le dieron importancia, así como tampoco a la extraña petición de Kono, que les sugirió que visitaran la casa de un artista japonés que deseaba enseñarle sus pinturas pornográficas sobre seda. La negativa de Chaplin a visitarle o recibirle en el hotel obligó al asistente japonés a confesar que estaba recibiendo amenazas de algunos “elementos muy agresivos”, pero se negaba a informar a la policía. Esa misma noche los dos hermanos y Kono cenaban en el apartado de un restaurante conocido. “….entraron seis jóvenes. Uno se sentó junto a Kono y cruzó los brazos, mientras los demás dieron un paso atrás y se quedaron en pie. El que estaba sentado empezó a hablar a Kono en japonés con creciente ira. Algo que dijo hizo que Kono se pusiera pálido de repente.
Kono, sin levantar la vista de su plato, murmuró:
—Dice que usted está insultando a sus antepasados al negarse a ver sus pinturas.
Me puse en pie de un salto, con la mano en el bolsillo, y miré resuelto al joven:
—¿Qué es todo esto? —luego le dije a Sydney—: Salgamos de aquí. Y tú, Kono, llama un taxi.
Una vez a salvo en la calle, todos respiramos, aliviados. El taxi nos estaba esperando y nos alejó de allí.”
 
Chaplin con GandhiAl día siguiente Chaplin era invitado del hijo del primer ministro japonés en un espectáculo de lucha suomi. El joven tuvo que salir por un aviso y al regresar al lado de Chaplin se echó a llorar. Acababan de asesinar a su padre. Seis cadetes navales habían matado a los centinelas del palacio del primer ministro y habían irrumpido en las habitaciones privadas, donde encontraron a la familia. Los militares permanecieron inmutables ante los razonamientos del primer ministro durante veinte minutos. Finalmente este les rogó que no le mataran ante su esposa y su hija. Le permitieron entonces que saliera de la habitación. Con toda calma se puso de pie y condujo a los asesinos a otra habitación, donde debió intentar de nuevo razonar con ellos, porque esposa e hija esperaron, angustiadas, hasta que oyeron los disparos que lo mataron.
La sociedad secreta El Dragón Negro conspiraba para derrocar al gobierno, por considerarlo demasiado blando, por comportarse como un esclavo de Occidente. El teniente de Marina cabecilla de la conspiración, declararía ante el Consejo de Guerra que habían discutido un plan para implantar la ley marcial tras lanzar varias bombas en la Cámara de los Diputados. Unos cuantos paisanos que podían obtener fácilmente pases las arrojarían desde la tribuna pública, mientras que en la puerta esperarían jóvenes oficiales para matar a sus miembros a medida que fueran saliendo. Otro plan era el asesinato de Chaplin, aprovechando una invitación, pero se había suspendido porque la prensa no la había confirmado con seguridad. En el mismo juicio se declaró sobre el asesinato de Chaplin que algunos miembros de la sociedad consideraban que no sería suficiente para provocar a Estados Unidos y que no contribuiría en nada a aumentar el poder del ejército. Sin embargo durante la primera noche a bordo del buque que devolvía a Chaplin a Seatde, Kono encontró un artefacto bajo la litera. Avisado el capitán fue considerado una bomba de relojería y arrojado al mar.
Las acciones terroristas de aquella primavera de 1932, que estuvieron muy cerca de costarle la vida a Chaplin y organizadas por El Dragón Negro, intimidaron a los políticos en contra del imperialismo japonés, y acabaron lanzando al país por el camino de la agresión y la guerra.
 

Carlos López-Tapia

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Comentarios

Elena - 26.11.2010 a las 13:23

Parece mentira que Chaplin viviera una aventura tan peligrosa, siendo el un rey de la comedia.
Muy interesante el artículo.

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