Coleccionable Chaplin: "Monsieur Verdoux", acoso y casi derribo

Coleccionable Chaplin: "Monsieur Verdoux", acoso y casi derribo

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Querido Teo:
En este momento de su carrera tras "El gran dictador", con Charlot enterrado, y un Chaplin cada vez menos querido y valorado en suelo usamericano, vive sus últimos años en el país al que llegó buscando convertirse en alguien destacado en el mundo artístico procedente de su Londres natal en el que ya despuntaba sobremanera en el mundo de la pantomima. Poco queda ya de ese Chaplin ilusionado, que entiende que ya ha dado al cine las mayores cotas que ha podido darle. Aunque todavía le quedan cuatro largometrajes, ninguno de ellos llegaría por asomo al éxito de las obras por las que es inmortal, aunque ellas no están carentes de interés al encontrarnos a un Chaplin maduro y de gran profundidad psicológica, algo que anteriormente sólo se había mostrado ampliamente en "Una mujer de París".

Tras el estreno de “El gran dictador” la intervención de Estados Unidos en la II Guerra Mundial tras el bombardeo a las bases navales de Pearl Harbor hace que todo el mundo esté en guerra. Chaplin se involucra y participa en algunos discursos en los que pide, entre otras cosas, que se elimine la propaganda anticomunista en Estados Unidos por el hecho de que Rusia ya es un aliado frente a los avances de las tropas nazis. Consciente de que estas palabras le ponían en el punto de mira (la prensa arremetería contra él duramente) bastaría un escándalo mayor al del vivido con su segunda mujer Lita Grey para que Chaplin terminara viéndose obligado a abandonar suelo americano. Ese es el protagonizado por la joven Joan Barry, miembro del servicio de la casa de Chaplin, que acosa a su dueño incluso con una pistola fruto de su desesperación. Tras varios periodos en la cárcel, Barry siempre vuelve a la casa de su antiguo señor dando rienda suelta a espectáculos poco agradables de ver. Arrestada nuevamente, es condenada a un sanatorio. Ella contraataca diciendo que espera un niño de Chaplin. El escándalo había comenzado. Ríos de tinta cargan contra el comunista y pendenciero Chaplin, calificativos presentes en los corrillos de la época. Sus amigos y conocidos le marginan y Chaplin vive sus peores momentos, a pesar de tener bien claro que no podía ser el padre de la criatura. Se ve obligado a pagar 2.500 dólares a Barry, más cien dólares semanales para su sustento y cuatrocientos dólares para su atención médica hasta que el proceso se aclare.
Chaplin se mete en la piel de Monsieur Verdoux, un asesino y estafador de mujeres inspirado en el personaje real de Henry LandrúLa opinión norteamericana, las Ligas de Decencia y los clubs femeninos tienen claro su veredicto, a pesar de que las pruebas de sangre sean totalmente negativas. Eso no es suficiente para el Tribunal que le reconoce la paternidad después de que incluso se hubiera pedido 22 años de cárcel por la violación del Acta Mann que consistía en llevar a Barry a Nueva York para que ésta perdiera sus derechos civiles. El Tribunal le obliga a pagar una fuerte indemnización a la madre y a mantener el hijo. La Corte de Apelación de California no quiere revisar el caso desestimándolo en 1946. Barry terminaría poco después en un centro psiquiátrico pero Chaplin, quizás en los días más duros de su vida, no estuvo solo. Había conocido a Oona, chica de dieciocho años hija del dramaturgo Eugene O´Neill. Se casan el 16 de Junio de 1943 frente a la fuerte oposición paterna. Él tiene 54 años y Oona es la mujer que le devuelve a la vida tras una crisis que podría haberle metido en un agujero difícil de salir.
Durante este proceso ha ido preparando “Monsieur Verdoux”, quizás una película que bien podría haber rodado Hitchcock y que Chaplin desarrollaba en Francia para evitar problemas con el susceptible país de barras y estrellas.
La idea le ha sido dada por Orson Welles basándose en el personaje real de Henry Landrú que fue condenado a la guillotina tras asesinar a diez mujeres y estafar a 283 valiéndose de su poder de seducción. Welles deja de colaborar con Chaplin y éste le abona una cantidad por su trabajo. El proyecto se prepara en 1944, años de plena efervescencia en la cruzada contra él. En Mayo de 1946 comienza el rodaje por la escena final en la que marcha hacia la guillotina. Durante la filmación no recibe a ningún periodista de Hollywood.
Verdoux con una de sus posibles víctimasEl rodaje no puede durar tanto como antaño, hay que racionalizar costes, y la película acaba costando dos millones de dólares tras una producción de doce semanas. En Septiembre de 1946 enseña la película a algunos amigos entre los que se encuentran Thomas Mann y Jean Renoir. Concede una entrevista al New York Times en la que habla del lado humano de su personaje: “Creo que Verdoux tiene valores morales. Von Clausewitz dijo que la guerra es la continuación lógica de la diplomacia, Monsieur Verdoux estima que el crimen es la continuación lógica de los negocios. Verdoux quizá expresa el pensamiento del mundo en el que vivimos, porque representa la enfermedad psicológica de la depresión. Es un hombre frustrado, amargado y pesimista. Pero jamás morboso”.
El 11 de Abril de 1947 se produce el estreno. Chaplin tiene una rueda de prensa con un gran número de periodistas, la mayoría poco simpatizantes. Todos cargan cual interrogatorio policial contra sus ideas además de por la circunstancia de que no haya ido al frente o no se haya nacionalizado norteamericano. Chaplin responde dura pero amablemente: “Creo que no hay que dividir a la gente en categorías según sus opiniones. Eso nos lleva al fascismo. Yo no pertenezco a ningún partido político. La vida se ha tornado demasiado técnica y cada uno sólo debería moverse con una guía de conveniencias en el bolsillo. Basta con que uno salga a la calle con el pie izquierdo para que lo tachen de comunista. Por otro lado, no necesito nacionalizarme de ningún país porque no me considero ciudadano de un país en particular sino ciudadano del mundo”. Además no duda en sacar el aguijón frente a Estados Unidos: “Para el país soy un huésped que paga muy bien y que le ha rentado más de diez millones de dólares.”
Verdoux y su particular manera de contar el dinero conseguido con sus fechorías“Monsieur Verdoux” es, por lo general, masacrada y es que siempre ha costado separar a la simpatía que se tiene del personaje de la obra que lleva a cabo. Se producen piquetes en los cines en que se proyecta y varios productores se frotan las manos calificando a esta película como el último film de Chaplin. Ante semejante ataque se considera a Chaplin como liquidado hablando ya de una carrera fenecida. Sólo alcanza 2.075 representaciones (cuando 12.000 era la media de toda película en esa época) y apenas suma 325.000 dólares frente a los dos millones de costo. Sólo el éxito crítico y de público en Europa, más el reestreno de "Luces de la ciudad" que se considera más de quince años después de su estreno la mejor película vista ese año, ayudan a capear el temporal.
El divorcio entre Hollywood y Chaplin era un hecho. Más todavía con el incendiario artículo escrito por el actor y llamado “Yo declaro la guerra a Hollywood”: “Yo, Charles Chaplin, declaro que Hollywood agoniza. Nada tiene que ver ya con el cine, que se supone un arte, sino únicamente con el rodaje de kilómetros de celuloide. Hace tiempo que pienso en abandonar los Estados Unidos, a pesar de todas las satisfacciones que aquí he recibido. Y en el país en que vaya a acabar mis días intentaré recordar que soy un hombre como los otros hombres y, por tanto, tengo derecho al mismo respeto que los demás.”
El juicio vivido por Verdoux tiene varios puntos en común con el que paralelamente vivía Chaplin en la vida real ante la opinión pública americanaVariety, el gran órgano periodístico de la vida norteamericana del espectáculo, ya no quiere a Chaplin en su seno: “La vida privada de un hombre es suya, pero que la mantenga privada. Especialmente en el negocio cinematográfico en el que muchos hombres pueden empatizar con Chaplin. Expulsad a los irresponsables sin preocuparos de su talento ni del Estudio al que se encuentren ligados. Acaso cueste a una compañía uno o dos millones, hay que echarlos. Hay una industria que proteger”.

Sólo era cuestión de tiempo que Chaplin hiciera las maletas, más todavía cuando un periódico abre una suscripción para recolectar entre su público el importe del pasaje con el que Chaplin debe salir de los Estados Unidos. El país ya no le quería y Chaplin no reconocía el lugar en el que había vivido casi cuatro décadas. Todavía le quedaba cine y una nueva situación en el punto de mira con la irrupción del Comité de Actividades Antiamericanas para dejar atrás definitivamente el lugar que después de apoyar y mitificar a sus artistas se había convertido en un nido de víboras y de despellejes que no dudaban en dejar caer la guillotina contra quien fuera como la que cayó contra el gaznate de Verdoux.

 

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Nacho Gonzalo (Coronado)

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Comentarios

paula - 27.04.2011 a las 16:37

Monsieur Verdoux es una de las mejores peliculas que he visto, por su critica, argumento, actuacion y coraje. Despues de enfrentarse a Hitler en persona, Chaplin nos deja este regalo pra conocer mas a fondo la cultura "americana" que nos gobierna

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