“Amor contra Roma”

“Amor contra Roma”

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La búsqueda de referencias del poeta romano más popular y el cine evidencian una falta de interés chocante. Ovidio carece de imagen cinematográfica memorable. Sin embargo, su exilio y su presencia en la Roma de Augusto sí interesa a la literatura en la que el cine se basa tan a menudo. Este es un buen ejemplo.

Título: “Amor contra Roma”

Autor: Víctor Amela

Editorial: Ediciones B

Amela lleva años haciendo periodismo interesante desde la contra del diario La Vanguardia, donde demuestra capacidad para enfocar a sus entrevistados en poco espacio. A la hora de seleccionar un argumento para su primera novela histórica romana ha elegido un enigma literario clásico. No sabemos la causa de que el emperador Augusto castigara a Ovidio con un exilio perpetuo, algo reservado a ciudadanos que cometieran delitos muy importantes, y Amela se suma a los que suponen un choque entre la libertad sexual que impulsaba Ovidio en sus escritos y la moralidad tradicional que pretendía imponer el emperador entre los patricios.

Sintiéndose heredero de la Hispania romanizada, Amela hace viajar a un hispano de su pueblo al corazón de Roma, para situarlo junto al propio Ovidio. El resultado es una mezcla muy equilibrada de acción, más interior que física, costumbrismo y los elementos históricos necesarios para informar al lector menos habitual del género. No hay exhibiciones eruditas ni circenses, ni batallas, ni descripciones de la lujuria y el sexo explícito corriente en la sociedad romana de entonces. Aunque estuviera justificado, el propio Amela me dice que no quiso incomodar a algunos lectores. No hay sensacionalismo ni anacronismos oportunistas. Aunque en “Amor contra Roma” no falta ni el crimen, ni la crueldad, ni las conspiraciones (ConversaciónconVíctorAmela.mp3).

Cada persona tiene una forma de abordar el viaje al pasado cuando se sienta a escribir. La de Amela es fácil de entender, sentarse ante sus protagonistas.

“Augusto me observa desde el blanco mármol de un busto que he encontrado fotografiado en internet, lo he impreso y prendido en un gran plafón frente a mi escritorio. Alzo la vista y la fijo en esos ojos atemporales sin pupilas, esos ojos que todo lo ven. Escribo una novela sobre los días de Augusto, y quiero verle la cara en todo momento…

A la izquierda de la imagen de Augusto he prendido un rostro de mujer. Ella es Livia Drusila, la mujer que ayudó al emperador a ser el hombre más poderoso del mundo, su fiel esposa durante medio siglo. Bajo un tocado floral, el velo aristocrático que cae sobre sus hombros le confiere aire de sacerdotisa. Livia mira al frente con ojos algo abombados de implacable inteligencia y con una voluntad de poder que prendó a Augusto.

La boca de Livia es muy pequeña, de mujer que sabe callar y actuar con impenetrable crueldad y sin alzar la voz, en silencio. Una boca de labios finos y apretados, de mujer capaz de reprimir toda emoción y todo escrúpulo cuando conviene difamar y emponzoñar. Esa boca, aplicada al oído de Augusto, mueve el mundo.

¿Y quién es el hombre entre Augusto y Livia? Es el poeta Ovidio, que publicará en el año 2 A.d.C. un manual de seducción para hombres (con consejos para mujeres). Su busto, medio ladeado, da la espalda al emperador, ajeno a su omnipotencia. Ovidio luce cabello ensortijado y alborotado, cejas fuertes y arqueadas, expresivas, nariz recta de aletas amplias y boca cálida y flexible entre irónicas comisuras. Sus rasgos denotan un espíritu travieso y superdotado para el ingenio verbal y el requiebro galante. Es el espíritu juguetón y sensual del refinado poeta que canta a los frutos jugosos del éxtasis sexual… en vez de loar los mármoles y laureles de la Roma Augusta.

Ved aquí, pues, a Augusto y Ovidio, tan cerca el uno del otro. Sus efigies están juntas, pero de espaldas: Augusto anhela la gloria apolínea de Roma; Ovidio prefiere la dionisíaca. Y ambos revolucionan el mundo”.

Amela ha hecho una buena aportación a la estantería de novelas históricas romanas.

Carlos López-Tapia

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Comentarios

Rosa Illa Gonzàlez - 21.10.2014 a las 20:31

Me ha parecido una novela banal y facilona, no transmite emociones ni aporta conocimiento.

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