“Antiaging”

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Sophia Loren se negó absolutamente a ser maquillada para mostrar el paso del tiempo en la película que hizo con Charlton Heston, “El Cid”. Mientras Rodrigo Díaz de Vivar va envejeciendo, Jimena es la misma antes y después. A Loren no le importó el anacronismo más que su rostro. Antepuso su belleza a su profesionalidad. No es un caso único, la imagen de juventud y belleza es consustancial a la pantalla, ya sea de cine, ordenador o de cualquier dispositivo.

Título: “Antiaging”

Autor: Ricardo Ruiz

Editorial: Roca

El autor es uno de los mejores dermatólogos de Europa, formado en la Clínica Mayo, la Ruber Internacional y la Clínica Dermatológica Internacional, considerada la mejor de España el año pasado por un organismo de evaluación. Por sus manos han pasado rostros que reconoceríamos al instante pero también el de mujeres africanas anónimas, orientadas hacia su equipo por la ONG con la que colabora.

Nos sentamos a charlar en su despacho, forrado de libros, con la presencia fotográfica de su familia. No tratamos las grandes operaciones quirúrgicas sino lo más cotidiano, la sucesión de información, novedades y experiencia personal que acumula su obra, una guía sensata de cómo cuidar el único órgano de nuestro cuerpo que se muestra por entero, que renovamos al menos una decena de veces a lo largo de la vida. Nos hacemos un traje nuevo con nuestra propia piel cada siete años. Me cuenta que su mejor diploma es que a ninguno de sus pacientes le pregunten qué se ha hecho, sino que solamente les digan que tienen un buen aspecto. Vamos repasando los temas que toca en su libro, desde el marketing falso y hasta peligroso que rodea este tema, hasta las novedades de los últimos dos años. Ya es posible eliminar con total eficacia una papada sin cirugía, u olvidarse de la famosa celulitis femenina sin recurrir a la liposucción, a cambio de menos de una hora de intervención no agresiva.

El asunto de las protecciones fotosolares es inevitable, dadas las fechas, y me sorprende al señalar que hay una diferencia mínima a partir de los quince puntos de protección y prácticamente nula entre treinta y cincuenta. Más aún al decirme que es fuera del verano cuando son más necesarias, porque entonces se baja la guardia y nuestra piel sigue acumulando horas de sol sobre ella.

Cuando pasamos al elemento más mencionado en estos momentos en el mundo de la medicina, las células madre, Ricardo es radical; no sólo no hay células madre humanas en ningún tratamiento actual, sino que además está prohibida su utilización. Botox, mallas de hilos, microcirugía, láseres de última generación…. Comentamos su empleo siempre con sensatez y prudencia. Hay un mensaje repetido; la vejez no es una enfermedad. Ricardo Ruiz cita un estudio que relaciona felicidad y edad, a favor de la vejez.

Para este médico madrileño la piel tiene cuatro edades y su libro va diferenciando los cuidados según cada una de ellas. También recomienda no comenzar tratamientos estéticos por razones exclusivamente de belleza demasiado pronto y, cuando hablamos de dietas, me recuerda que hay un grial alimenticio sobradamente reconocido que funciona con la piel como con el resto del cuerpo: ¡Gazpacho! En estas páginas se rompen algunos pensamientos instalados como el consumo de agua en cantidades exageradas y, cuando pasamos a hablar de posibilidades, se abre un panorama que refleja el momento actual de una historia muy larga, de más de 2.000 años, cuando los galenos griegos o los médicos chinos elaboraron las primeras mezclas de hierbas y grasas.

La docena de especialistas que rodean al doctor Ruiz responden casos con técnicas ya muy contrastadas. Contra la grasa no deseada, Coolsculpting; contra la papada, Kybella + Coolsculpting; para eliminar la celulitis, Cellfina; y así vamos repasando técnicas para patas de gallo, entrecejo marcado, arrugas de la frente, nariz caída, surco de la lágrima (ojo hundido), pómulos sin volumen, cejas caídas, surcos nasogenianos, arrugas alrededor de la boca, flacidez de cara y cuello, cicatrices, manchas hormonales y solares, cuperosis, piel apagada, bandas o «cuerdas» del cuello, arrugas horizontales de cuello, manchas de las manos, flacidez en brazos, muslos, glúteos, venas en piernas o vello indeseable. Ricardo logra mencionar todo esto sin hacerme sentir la necesidad de ir escondiéndole mi cara, pero no puedo evitar recordar a Paul Newman metiéndola todas las mañanas en su lavabo lleno de agua con cubitos de hielo, que él consideraba el secreto de su belleza.

“Antiaging” también responde a la pregunta que hace el 100% de sus pacientes, un 15% hombres y el resto mujeres. ¿Cuánto voy a mejorar si me hago algo?: “Por ello hago una puntuación, de 0 a 10, sobre lo que el paciente va a mejorar si se hace determinada técnica. Es una puntuación muy personal, basada en mi experiencia. La medicina no es una ciencia exacta, pero es cierto que hay técnicas de dermatología estética que son más agradecidas que otras. Por ello la satisfacción del paciente varía, no sólo en función de sus expectativas, sino también en función de la técnica realizada”.

Cuando creo que hemos terminado me habla de algo que acaba de producirse apenas hace dos meses. Me conduce ante unas baldas que alojan pequeñas cajas que recuerdan a el sistema de cápsulas para el café. Es la nueva cosmética que acaba de nacer de manos de laboratorios franceses. Es la llegada de la cosmética a la medicina personalizada con la que ya se trabaja en enfermedades como el cáncer. Pero esto ha llegado después de que Ricardo Ruiz terminara su libro. Como aquí hablo de libros, ya lo contaré en otro lugar.

Carlos López-Tapia

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