“Aquí y ahora”

“Aquí y ahora”

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El Jim Thompson de “Atraco perfecto”, “La huida” o “Los timadores”, es reconocido como uno de los grandes guionistas y dialoguistas del cine clásico (Enelcine.txt), pero sobre todo está en el podio de la mejor novela negra del siglo XX. Nos faltaba su obra más autobiográfica, la primera, donde se le reconoce en un aspirante a escritor que sobrevive a todo lo que le rodea, el alcohol, la mujer amada, el trabajo alimenticio en una cadena de montaje y su propio pasado.

Título: “Aquí y ahora”

Autor: Jim Thompson

Editorial: RBA

Hoy se pagan miles de dólares por la primera edición de esta novela, que no está considerada la mejor, pero que revela a su autor más que ninguna otra. En “Aquí y ahora” no hay crímenes, ni sangre, mi más perfidia que la que crea el submundo que lucha por sobrevivir en la América que prefiere ignorar el crudo retrato que se oculta tras el éxito y el bienestar, la parte de un país que gana la II Guerra Mundial también a costa de los que no van al frente.

En estos años, el escritor estaba trabajando en una fábrica de aviones y su adicción al alcohol se había agravado hasta provocarle los problemas de salud que describe en la novela. No es necesario cambiar la palabra guerra por “crisis de desmantelamiento de la sociedad del bienestar”, para que la identificación del lector sea automática con la lucha por la supervivencia que define el día a día del protagonista.

“No logré que me prorrogaran la beca; la guerra lo había cambiado todo, y tenían miedo de que cuanto yo pudiera escribir muy pronto se quedara obsoleto. O eso me dijeron. Envié sendas cartas a un par de guionistas de Hollywood con quienes había mantenido correspondencia en el pasado. Ni me contestaron. Cosa que no les echo en cara. Los de Fawcett se mostraron interesados en contratarme como redactor en el departamento de relaciones públicas, pero los chicos de la oficina Hays se negaron a otorgar su necesario beneplácito. Si algo sobraba en Hollywood, eran escritores que las estuvieran pasando canutas”.

Thompson es el joven botones de la novela, arrastrado a las drogas y las borracheras; también el escritor que trabaja de administrativo de fábrica y que relata el ambiente como solo puede hacerlo alguien que lo ha vivido (Cadenademontaje.txt).

Había nacido encima de la cárcel en la que su padre era sheriff, el mismo año que lo expulsaron entre acusaciones de malversación. En la novela pondrá una escena en la que su padre hará llover billetes de banco sobre su madre, para malgastarlos luego. Refugiado en casa de sus abuelos maternos, durante dos años su abuelo lo inició no sólo en la lectura de los clásicos (los griegos, Freud, Karl Marx, “Don Quijote”, Los viajes de Gulliver”), sino también en el tabaco y el whisky. Trabaja como obrero de la construcción, como bracero o en un oleoducto, dejando siempre alguna huella biográfica en sus escritos. Se incorporó al New York Daily News, no como reportero sino como corrector, corrigiendo artículos de colegas mucho peores escritores que él. Cuando perdió incluso este trabajo parecía inevitable un descenso terminal hacia la bebida y la miseria, alto, lúgubre, con aspecto de alguien «con la resaca final», como lo definió un conocido de entonces.

Hacia 1955 Thompson, comunista desde hacía tiempo, alcohólico, enfermo a menudo y proclive a sentir oleadas de autoconmiseración, se había apartado de la comunidad de escritores de novela negra. Muchas editoriales se negaban a publicar sus obras y sobrevivía precariamente escribiendo historias de crímenes reales bajo nombres supuestos y comprometiéndose a escribir novelas que entregaba tarde o nunca. Desesperado por trabajar, escoger a Thompson en esos momentos para hacer el guión de “Atraco perfecto” fue una decisión extraña, ya que nunca había escrito ninguno, pero Kubrick adoraba la fuerza de sus diálogos, y al escritor se le abrió así una puerta salvadora. Pocos recuerdan hoy que fue el padre espiritual de “Ironside”, el defensor más popular de dos décadas de televisión. Sobre la calidad de sus historias cabe decir que no todas las películas que inspiró son muy buenas, pero la solidez de sus personajes y la forma de relacionarlos ha hecho que no haya ninguna mala. Es decir mucho.

La editorial RBA ha apostado por él desde hace tiempo, y su slang original es tan intraducible a veces que se debe mencionar expresamente el esfuerzo del traductor.

Carlos López-Tapia

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