“Caza al asesino”

“Caza al asesino”

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Lo mejor de la nueva adaptación al cine de esta historia es poder recuperar un libro editado hace más de treinta años que está entre lo mejor que se ha hecho en Francia de novela negra. el mundo que crea es tan trepidante y seco que conviene tener algo que beber a mano.

Título: “Caza al asesino”

Autor: Jean-Patrick Manchette

Editorial: Anagrama

El atinado prólogo que hace Zafón a esta nueva edición parte de sus recuerdos de juventud.

“Un libro que no era un libro porque su autor no era un escritor, al menos si tenías en cuenta el modo en que hasta entonces te habían aleccionado sobre qué era un «libro» y qué era un «escritor». El “artefacto no libro” en cuestión no te desanimaba; cien, doscientas páginas. Ni rastro de tapa dura. El placer de tumbarte, más tarde, en tu cama con la portada doblada con una sola mano es de los que no se han glorificado en su justa medida. Además, el “artefacto no libro” te cabía no ya en el bolsillo de la cazadora sino incluso en el de tus tejanos. A veces empezabas a leerlo mientras en el lavabo atronaba el secador o aparecía tu amigo de marras con un tupé bisonte recién engrasado. Otro de los mandamientos del “artefano no libro” era “Límite 48 horas”. O te lo acababas en un fin de semana o había perdido su oportunidad. Las primeras frases eran (debían ser) una maldita trampa atrapamoscas. El narrador no sería escritor, pero te apretaba el cuello y te obligaba a seguir, al menos, unas cuantas páginas más. En realidad, aquello invertía la relación de fuerzas que hasta ahora creías que existía en la lectura. No era el lector el que le hacía un favor al libro trayéndolo a la vida sino que, por el contrario, eras tú quien había sido bendecido por la fortuna al encontrar el tesoro. Lo que para muchos era basura, bisutería de la mala, para tí era el botín de Long John Silver del mismo modo que The Pistols eran mejores que Sinatra y Bukowski el único escritor que merecía ser Nobel”.

Mi recomendación es leer este prólogo al final y permitirse entrar en la historia sin demasiados datos. Manchette rompe con las historias de detectives caballerosos, heroicos y nobles, tal y como habían hecho algunos escritores norteamericanos, y desde su posición de izquierdas acusa a la sociedad de hipocresía y cinismo. Por eso ofrece a la crema de todos ellos, los fontaneros y asesinos profesionales que siempre justifican los medios para alcanzar el éxito de sus misiones. El protagonista, el asesino que ha de cazar y ser cazado, no es muy distinto de quienes le persiguen y la introducción del personaje femenino es tan descarnado como el resto. El libro no tiene salidas; si se empieza se termina.

Carlos López-Tapia

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