“China Fast Forward”

“China Fast Forward”

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“Comprábamos por pocos yuanes decenas de VCD (una versión más sencilla del DVD) en las tiendas de copias ilegales. Cambiábamos de tienda hasta que encontrábamos una donde tuvieran copias de mejor calidad. El mercado negro estaba lleno de copias grabadas directamente con una cámara en el cine, con sombras y comentarios de espectadores incluidos, o bien pelis con el audio y el vídeo desincronizados. En todos los años que estuve en China, nunca encontré una tienda donde vendieran copias legales”. Hollywood dulcificó hace ya algún tiempo el uso del “chino perverso” para poder vender sus productos en el mercado más grande del planeta; el millón de descargas ilegales en pocos días de “Contratiempo” causó sorpresa y satisfacción a los productores de la película española que pasó de la piratería a 7.000 salas, y recaudó más de lo que nadie podía esperar; Netflix emitirá por primera vez una película china, “Chosen”, un thriller. China está por todas partes y no puede ser más interesante la experiencia de este periodista que regresa de allí, tras más de doce años, con esposa china, dos hijos, y miles de horas grabadas como corresponsal de la televisión pública catalana.

Título: “China Fast Forward”

Autor: Sergi Vicente

Editorial: Península

“Comencé a leerlo ayer para darle un vistazo…. y voy por la página 130”. Fue la respuesta que me dio una de las primeras personas en poder leer este libro. Una mezcla excelente de información y experiencias vitales. China fascina, podría ser el nombre de un multimercado oriental. Sergi no da de lado esa fascinación, incluyendo un esfuerzo notable de comprensión, pero contrastada en todo momento por el desacuerdo y la crítica negativa ante la actitud permanente de una política constante de censura y manipulación. Como en los buenos guiones, el periodista/protagonista va cambiando actitudes, percepción y sensaciones, hasta transformarse en muchos aspectos:

“Dejo atrás doce años y medio muy largos. Tan largos que, desde que aterrizara por primera vez en China, se me han muerto todos los abuelos, un tío y una tía, me he casado, he tenido un hijo y apenas seis días antes de abandonar el país ha nacido el segundo. Como aconseja la sabiduría popular, mi mujer hace ynezi, ya no se mueve de casa ni prácticamente se ducha durante el mes posterior al parto, para que no le entre frío en el cuerpo. Terminará este mes de recuperación posparto —que los chinos aseguran que evita, por ejemplo, una menopausia difícil— en el mismo piso donde hemos pasado los últimos dos años en Pekín, el último de los siete pisos en los que he vivido”.

Sergi no evita el contraste que asombra por sus magnitudes numéricas (China tiene que vender 800 millones de camisetas para comprarse un Airbus), y cuando lo hace suele ser para aproximarnos a la vida cotidiana:

“En mis primeros viajes por todo el país, me llamó la atención que en las puertas de los váteres públicos hubiera vendedoras que te ofrecieran, por pocos maos, no paquetes de pañuelos de papel, sino pañuelos de papel individuales. También me fijé en el hecho de que, antes de ir al váter, la gente sacaba el rollo de papel higiénico de la bolsa y recortaba tan solo un par de trocitos de los que delimitan las líneas agujereadas. Como los lavabos públicos no solían tener papel higiénico, todo el mundo lo llevaba siempre en el bolso por si acaso. Pensemos ahora cuánto papel se necesita si, en vez de dos trocitos, la mayoría de los chinos utilizan el doble, por ejemplo. ¿Cuántas toneladas de papel mensuales sólo para cubrir esa diferencia? Lo mismo es aplicable a cualquier otra materia prima (…) de poco han servido las campañas de sensibilización para que los clientes de restaurantes lleven sus propios palillos para coger la comida y abandonen los desechables, hechos de madera o bambú. Se consumen 130 millones de palillos cada día, 45.000 millones cada año, una cifra que da vértigo, con un impacto innegable en forma de deforestación”.

El libro contiene los acontecimientos más importantes de los últimos años, desde las adopciones de niñas al mayor desplazamiento de personas registrado para la construcción de una presa gigantesca; de las dificultades y tensiones por informar, a las estrategias de mercado, el abuso de la fuerza estatal ante cualquier oposición, o la vida envuelta en aire tan contaminado que da miedo. También el cambio que puede producir la convivencia con una cultura distinta en actitudes y comportamientos:

Volviendo a lo de no darle más vueltas a las cosas de las realmente necesarias, admiro el hecho de que en Asia Oriental, en general, sean más comprensivos con el comportamiento del otro. Es verdad, existe un bienestar de grupo por encima del bienestar individual que contribuye a que la sociedad tenga menos manías. Recuerdo que, al cabo de unos años de haberme instalado en China y cuando ya estaba bastante adaptado, una vez volví a Barcelona por Navidades. Un día crucé la calle con la cabeza a saber dónde, demasiado relajado, sin mirar bien a ambos lados, igual que lo hubiera hecho en China, donde el tráfico puede llegar a ser caótico, pero los vehículos están más acostumbrados a esquivarte si interfieres en su trayectoria, salvo cuando no acaban de calcularlo bien y directamente te atropellan. Ese día en Barcelona cruzaba distraído la calle cuando de repente sonó ruidosamente un claxon y a cámara lenta me pasó una moto muy cerca. Como si pasara la imagen fotograma a fotograma, puedo ver todavía la cara del motorista poseída por la ira y oír un gemido monstruoso distorsionado por el efecto de cámara lenta. Me sorprendió que, en lugar de reaccionar con vergüenza o, peor aún, de gritarle de vuelta, sonreí, como tantas veces había visto a los chinos sonreír cuando yo me había encontrado en la piel del motorista. En vez de indignarse, dan entender que no pasa nada porque al final nadie se ha hecho daño y no vale la pena discutir. También me prometí que no volvería a quejarme cuando un coche no me cediera el paso. Entre otras cosas, porque detrás de él vendrían otros quinientos y yo solo no podía cambiarlos a todos. Al menos no en esta vida”.

Sergi Vicente nos acaba de regalar lo mejor de una experiencia extraordinaria, con mucho más sentido, criterio y realidad que el mismísimo Marco Polo; y si esto parece exagerado leed a Marco Polo y estaréis de acuerdo conmigo. No se puede abrir el libro y dejarlo. si no tenéis tiempo o interés a priori en lo que pasa en China, mejor que no lo abráis.

Carlos López-Tapia

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