Cine en serie: “Mad dogs”, si parece demasiado bueno…

Cine en serie: “Mad dogs”, si parece demasiado bueno…

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Querido Teo:

Hace unos años me llamó la atención el piloto de una serie británica por el hecho de que estaba rodado en Mallorca, mi lugar de residencia. Tenía curiosidad por ver cómo reflejarían el lugar y la gente en una historia que incluía elementos de intriga, crimen organizado y amigos de toda la vida que, después de muchos años, resultan no ser lo que parecían. Luego le perdí la pista, y hace unas semanas me enteré de que no sólo había continuado la historia, sino que se acababa de emitir la cuarta y última temporada, cerrando la trama. Así que decidí volver a empezar y ver la serie del tirón.

¿Y de qué va la serie? De entrada tenemos a cuatro amigos de la infancia que hace mucho tiempo que no se ven, ya rondando los cuarenta. Cada uno con su particular historia, pero, en resumidas cuentas, poco afortunados en el juego de la vida. Por otro tenemos a un quinto amigo, Alvo, al que todo le ha ido bien, ha amasado una fortuna y vive plácidamente en una gran casa en medio de las montañas de Mallorca, a la que decide invitar a todos durante el fin de semana para reunirse de nuevo.

Desde que llegan al aeropuerto, los cuatro amigos son testigos del muy buen nivel económico de su colega, y no dudan en disfrutar de las fiestas, la comida y la bebida que éste les ofrece. Pero como te puedes imaginar, tarde o temprano surge un “pero”. Y en este caso el “pero” va apareciendo poco a poco, en forma de conversaciones incómodas en las que Alvo les echa en cara a cada uno de ellos todos sus fracasos. A esto se suman algunas llamadas telefónicas en las que el anfitrión discute acaloradamente con una persona que suponemos está relacionada con su trabajo.

Y como no habría trama si no hubiese algún lío, los protagonistas no tardan en descubrir que los negocios de Alvo no sólo son misteriosos sino también peligrosos, hasta el punto de acabar teniendo que lidiar con un cadáver en la mesa del comedor. A partir de ahí la situación entra en caída libre para los protagonistas, que una tras otra irán tomando decisiones que les irán complicando la vida cada vez más y les harán recorrer medio mundo para intentar salir del embrollo en el que se han metido, averiguar qué demonios ha pasado, y eludir a la policía y a otra gente mucho peor.

Lo que es un planteamiento clásico de fiesta que se acaba torciendo, como en “Very bad things”, acaba sufriendo de un problema crónico en algunas series, el éxito. El problema con “Mad dogs” es que empieza siendo una historia ligeramente descabellada para acabar convirtiéndose en una locura total a causa de tener que ir alargando la trama e improvisando sobre la marcha. Si esta serie se hubiese limitado a dos temporadas la cosa hubiese podido quedar más o menos bien cerrada, pero cuando los guionistas se ven obligados a estirar la historia empezamos a ver recursos feos, como resucitar a los muertos e implicar a la CIA en lo que habría sido un simple malentendido (mortal, eso sí) con los narcos locales.

Uno de los puntos iniciales de interés de la serie, además de la localización, es el casting de actores. Ben Chaplin interpreta a Alvo, el amigo millonario y causante original de todos los problemas. La serie sirvió para volver a reunir a John Simm y Philip Glenister, después de haber coincidido en la interesante “Life on Mars”. El resto de la tropa lo componen Marc Warren, que también tenía una breve aparición en “Life on Mars”, y Max Beesley. Y al estar rodada en territorio patrio, algún papel se lo tenían que quedar actores españoles, en este caso las actrices María Botto y Leticia Dolera.

A pesar de perder un poco el rumbo a partir de la segunda temporada, el concepto ha gustado lo suficiente como para que alguien en Estados Unidos decida adaptarlo a su mercado, aunque trágicamente Mallorca quedará fuera del guión (a ver cómo le iban a explicar al americano medio dónde cae la isla). En cualquier caso habrá que echarle un vistazo si finalmente se lleva a cabo, principalmente para comprobar si son capaces de replicar la tensa relación de amor-odio de los protagonistas, amigos inseparables en algunos momentos y que no dudan en partirse la cara al minuto siguiente.

Lo dicho, dos temporadas buenas y otras dos (bueno, una y media) que no lo son tanto, pero con cuatro episodios por temporada, y únicamente dos en la cuarta y última, uno puede hacer el esfuerzo de verlo todo, aunque en el fondo el final no termina de estar al mismo nivel que el planteamiento inicial de la serie. Así que ya sabes, si algún amigo de la infancia te invita a pasar un fin de semana en su mansión con todos los gastos pagados, piénsatelo dos veces.

Vídeo

Atentamente.
Profesor Falken

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