Cine en serie: “Parade’s End”, la fría contención británica

Cine en serie: “Parade’s End”, la fría contención británica

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Querido primo Teo:

Allá por Junio de 2011 conocíamos que la HBO en colaboración con la BBC pondrían en marcha el ambicioso proyecto de adaptar en una miniserie de cinco capítulos la monumental tetralogía de Ford Madox Ford que en España se ha publicado de forma conjunta bajo el título de “El final del desfile”. Los detalles que se iban conociendo en relación a los implicados en el proyecto, no hacían más que situar a la producción anglo-estadounidense como uno de los productos estrella de la temporada televisiva, aún antes de comenzar su rodaje ese mismo otoño.

El entusiasmo estaba justificado. Y es que, por un lado, el encargado de la adaptación de la obra era Tom Stoppard, el reputado dramaturgo británico de origen checo, considerado como uno de los grandes del teatro de la generación posterior a Pinter y Osborne y ganador de 3 premios Tony. Sus incursiones en el cine han sido frecuentes e interesantes. Especializado en adaptaciones literarias (“El factor humano”, “Desesperación”, “El imperio del sol”), ganó un Oscar al mejor guion original por su trabajo en “Shakespeare in love” (1998). Un autor con una personalidad tan marcada como su prestigio. Uno de sus últimos trabajos había sido la adaptación de “Anna Karenina” en la versión de Joe Wright con Keira Knightley y Jude Law. Su trabajo en “Parade’s End” suponía su primera colaboración con la BBC desde 1979.

Otro polo de entusiasmo residía en el plantel de actores que la BBC y la HBO ponían al servicio de la serie, de auténtico relumbrón: Benedict Cumberbatch, en pleno arreón de popularidad tras su magnética encarnación de Sherlock en la serie de la BBC, sin duda, uno de los actores del momento; Rebecca Hall, una de las actrices británicas más solicitadas y con una cada vez más consolidada carrera en Hollywood; y otros rostros conocidos de la pantalla tan solventes como Rupert Everett, Rufus Sewell, Anne-Marie Duff, Roger Allam o Stephen Graham. La única incógnita recaía en la casi desconocida Adelaide Clemens, llamada a llevar el peso de uno de los personajes claves de la historia, y a la que hemos visto este pasado año en un breve (y muy distinto) papel en “El gran Gatsby”. La dirección de la miniserie se le encomendó a una directora con muchas tablas en la televisión británica: Susanna White, responsable de otras adaptaciones de época como “Bleak house” (2005) o el último “Jane Eyre” (2006) de la BBC, y que ha participado en proyectos tan interesantes como “Generation Kill” (2008) o “Boardwalk Empire” (2010).

Por último estaba el material literario, la tetralogía de Ford Madox Ford, considerada como una de las obras cumbres de la literatura inglesa del siglo XX. La novela se sitúa en los previos, el durante y el después de la Primera Guerra Mundial. Refleja el final de un mundo, de una concepción del hombre y la sociedad, que en cierto modo se relaciona con otras novelas seminales de tránsito como puede ser “El gatopardo” o, más indirectamente, con otros autores finiseculares como Stefan Zweig, Arthur Schnitzler, Somerset Maugham o Guy de Maupassant. Un cambio que se nota especialmente en la confusión y desubicación que vive la aristocracia que ve cómo va perdiendo su papel y status tradicional en la sociedad. También refleja la brutalidad inaudita de un conflicto, la Gran Guerra, que superó todos los cánones establecidos. La guerra supuso una crisis de conciencia general y el cuestionamiento de los modelos político, social y económico imperantes a comienzos del siglo XX. También del modelo moral. Todo esto se expone de forma magistral en la novela. Una obra compleja, lleno de saltos temporales y que combina diferentes puntos de vista. A priori, un texto nada fácil de adaptar a la gran pantalla, aunque con muchas posibilidades dado la riqueza de matices de la historia.

Los protagonistas de “Parade’s End” son Sylvia (Rebecca Hall) y Christopher Tietjens (Benedict Cumberbatch), un matrimonio en constante crisis desde su apresurada génesis. Él es un aristócrata rural, que trabaja para el gobierno; extremadamente inteligente, culto y brillante estadística; torpe en las relaciones sociales, conservador y defensor de las esencias victorianas. Tan íntegro y con un concepto tan recto y anticuado del honor que parece un personaje de otro tiempo, casi irreal, que siempre actúa conforme a sus principios. Destinado a sufrir decepciones viviendo en una sociedad tan hipócrita como la de la Inglaterra eduardiana. Su esposa, Sylvia, es una mujer frívola, rebelde, egoísta y caprichosa, que desprecia los valores tradicionales y a su marido, al que se dedica a atormentar con su comportamiento escandaloso. Un matrimonio cuyo día a día es la mutua incomprensión (tienen ciertas similitudes con la pareja protagonista de la novela de Somerset Maughan, “El velo pintado”). Él dispuesto a tragar con todo por evitar que el deshonor caiga sobre su mujer (más que sobre él). Ella desquiciada precisamente por la rectitud y sentido del deber de él y por la poca atención que cree que él le presta.

El triángulo amoroso lo completa Valentine Wannop (Adelaide Clemens), una joven sufragista, concienciada, independiente y con ideas propias que, desde su primer encuentro con Tietjens, está destinada a mover los cimientos de su mundo. Entre medias, y ante la perplejidad de muchos (no de Tietjens), estalla la Primera Guerra Mundial, que llevará al protagonista al frente, a Francia, donde todos sus conflictos internos (y no sólo internos) terminan por estallar.

Habiendo provocado unas expectativas tan altas por todo lo explicado, la serie se tornó, para muchos, en una notable decepción. Las críticas negativas a la serie han insistido en el exceso de tres aspectos fundamentales como son solemnidad, ambición y pretenciosidad. Y no se puede negar que los tres componentes están presentes. Puede sonar snob el decir que no es una serie fácil de ver… pero no lo es. Y que sea difícil de ver tampoco es sinónimo de calidad. “Parade’s End” es una serie fría, artificiosa, inverosímilmente literaria en muchos aspectos, desde su estructura narrativa a sus diálogos. La narración está marcada por constantes saltos temporales que pueden confundir al espectador. Otro elemento característico son esas escenas exageradamente sostenidas en el tiempo y los diálogos tan literarios que rozan la declamación. Y es que el modo en el que se expresan sus protagonistas huye de la naturalidad. Pero esto también dota a la serie de un extraño atractivo. Ahí están escenas tan evocadoras como la de la niebla en el primer capítulo.

Benedict Cumberbatch, con una molesta prótesis bucal que intensifica la incomodidad de su personaje, cumple dando vida a ese tipo tan gris en algunos aspectos como brillante en otros y con una relación tan honorable como anormal con el mundo que le rodea. Pero está lejos de sus mejores papeles en la tele (Sherlock, Van Gogh, Hawking), quizá demasiado constreñido en un personaje que pide contención, represión de sus sentimientos, y ese hieratismo a veces le distancia del espectador. Rebecca Hall, por su parte, está fantástica y exasperante. Tan altiva, frívola y manipuladora como requiere el papel pero, a la vez, dejan ver en la parte final ciertos matices de debilidad y frustración que ayudan a que su personaje no sea un mero estereotipo de mala malísima, sino que podamos llegar a atisbar y comprender algunos de los porqués de sus sentimientos y acciones. Del triplete protagonista, el eslabón más débil ha sido el que más incógnitas generaba: Adelaide Clemens. Poco carismática y falta de energía, no termina de darle el vigor necesario a esa sufragista que conquista el corazón de Cumberbatch. Aún no sabemos cómo lo consigue.

Sin que nunca llegue a coger una velocidad de crucero, la serie tiene un aceptable primer capítulo cogiendo más fuerza en los dos capítulos finales, cuando empiezan a explotar las tramas. Porque el verdadero eje de la historia es el personaje de Christopher Tietjens (Benedict Cumberbatch), que vive un angustioso viaje existencial, en especial, desde su paso por las trincheras en Francia. Allí, presencia cómo el mundo se tambalea y Europa se desangra, pero también asiste a la desintegración de sus ideas sobre la patria, la amistad, el honor, el matrimonio o la necesidad de reprimir los deseos más íntimos. El suelo se escurre bajo sus pies y no parece querer ponerle solución.

La serie se comenzó a emitir a finales de Agosto de 2012, estratégicamente pocas semanas antes del arranque de la tercera temporada de “Downton Abbey”, sin duda intentando aprovecharse del mono de los muchos seguidores de la serie de la ITV por consumir un drama de época, situado además en el mismo período histórico. Poco más tienen en común ambas series. “Downton Abbey” es una serie mucho más cercana al espectador. En ella, de un modo mucho más simple pero efectivo, se puede apreciar ese mundo cambiante que tanto se esfuerza por mostrar “Parade’s End”. A través de los problemas económicos que atraviesan los Crawley, incapaces de mantener por sí mismos la integridad de su patrimonio, dejando de ser el principal sustento y eje vertebrador de su condado (en lo económico, en lo social y en lo moral). Mostrando cómo se rompen las barreras sociales, con matrimonios entre clases, una guerra en la que luchan codo con codo sirvientes y señores… O apuntando cómo toda una serie de costumbres y usos sociales se van yendo poco a poco por el sumidero, ante los impotentes respingos de Mr. Carson y las caras y sarcásticos comentarios de la condesa viuda de Grantham.

Con todo lo que hemos expuesto, lo cierto es que la serie tuvo una bastante buena acogida crítica tanto en Reino Unido como en EE.UU. En Reino Unido la serie ganó tres galardones en los premios de la crítica televisiva británica (mejor actor, mejor actriz y mejor guion), fue nominada a siete en los BAFTA de la televisión (mejor actriz, mejor miniserie, mejor escritor en drama, mejor diseño de producción, mejores efectos visuales y diseño gráfico, mejor maquillaje y diseño de peluquería y mejor diseño de vestuario), llevándose el de diseño de vestuario. También tuvo su hueco en las nominaciones de los Emmys de este pasado año en dos categorías: Mejor actor en miniserie o telefilm para Cumberbatch y mejor guion para Tom Stoppard.

Tu prima.
Ananula

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