Cine en serie: “Utopía”, conspiración a la inglesa

Cine en serie: “Utopía”, conspiración a la inglesa

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Querido Teo:

Ya he comentado en alguna ocasión mi debilidad por las producciones británicas, porque ofrecen un aire nuevo, una perspectiva diferente respecto a la avalancha de series americanas que pueblan la parrilla. En esta ocasión le toca el turno a “Utopía”, una miniserie de Channel 4 acerca de cómics, conspiraciones y de unos inocentes espectadores que se ven envueltos en una trama que les supera en todos los niveles.

El primer episodio tiene una carta de presentación brutal. Dos personas entrando en una tienda de cómics y que buscan información acerca de un ejemplar manuscrito. Se trata de la secuela sin publicar de “Utopía”, una extraña novela gráfica escrita por el paciente de un psiquiátrico y que parece tratar de conspiraciones y experimentos ilegales en humanos. En cuanto tienen la información que buscaban, los hombres se aseguran de que nadie más les siga los pasos. También nos dejan con una pregunta para la que de momento no tendremos respuesta: “¿Dónde está Jessica Hyde?”.

Por otra parte tenemos a nuestros protagonistas: Ian, Becky, Wilson y Grant que son fans de “Utopía”, y frecuentan un foro en el que comparten sus impresiones y sus teorías acerca del significado del cómic. Precisamente es a través del foro como descubrirán que existe una segunda parte de “Utopía”, y que Bejan, otro de los miembros del foro, se ha hecho con el manuscrito original y lo quiere compartir con ellos. Desgraciadamente para todos, el haber tenido contacto o conocimiento del manuscrito les pondrá en el punto de mira de un grupo de gente capaz de cualquier cosa con tal de recuperarlo.

A partir de aquí, tenemos los ingredientes esenciales de cualquier trama de conspiración, por un lado la malvada empresa que busca el manuscrito, los funcionarios corruptos infiltrados en todas partes, una organización capaz de localizar a cualquiera en cualquier parte, los asesinos a sueldo capaces de toda barbaridad, y los pobres pringados de turno que, sin comerlo ni beberlo, acaban viendo peligrar su vida y, a medida que se incremente la presión, verán peligrar algo más importante.

En manos de un productor americano esta sinopsis habría dado lugar a una serie de ocho temporadas de las que se habrían emitido dos o tres antes de cancelarla, con espectaculares persecuciones y unos protagonistas que al principio parecerían elegidos al azar pero que finalmente se comportarían como expertos agentes secretos arriesgando su vida para lograr el bien común. Pero esto es una serie británica, y aquí tenemos seis únicos episodios de una hora cada uno, cero persecuciones y unos protagonistas que la mayor parte del tiempo se debaten entre el impulso de salir corriendo o de acurrucarse bajo la cama y rezar para que todo haya sido una terrible pesadilla.

Lo que sí tiene la serie son algunas escenas de violencia que pueden incomodar al más pintado, en particular una escena de tortura que hará que no volvamos a mirar una cuchara de la misma manera. Esta violencia, para algunos gratuita, ha sido muy criticada pero, en mi opinión, ayuda a dar el tono que se pretende a la serie. Los guionistas no pretenden contar una historia de héroes y villanos, sino de hacer que nos preguntemos qué haríamos nosotros en una situación así, en la que podemos sentir el peligro, y sabemos que la gente que va detrás de nosotros no va a parar por nada ni por nadie, y que no se andarán con miramientos. Por eso los protagonistas no son agentes secretos, policías o militares retirados, sino gente corriente a la que esta situación les viene muy grande y que, a medida que avance la trama, se tendrán que replantear dónde pintar la línea de lo éticamente correcto.

No conviene contar mucho más, ya que se perdería el factor sorpresa y la serie se beneficia mucho de ello, contando la historia que hay detrás del manuscrito con cuentagotas y ofreciéndonos giros tanto en la trama como en los propios personajes que hacen que nos planteemos quiénes son los buenos y los malos, o si realmente hay manera de diferenciarlos. Lo que sí se puede contar es que los personajes son de todo menos planos, y que incluso el inquietante Arby, que se nos presenta como una máquina irracional con un solo objetivo, nos demostrará que hay algo más bajo la superficie de cada uno de ellos.

Estéticamente la serie es en parte un ejercicio de estilo, huyendo en algunos momentos clave de los recursos clásicos y jugando con encuadres más propios del mundo del cómic, con juegos de luces que deslumbran a la cámara y desenfoques que ayudan a contar la historia, mientras que planos de nubes y relajantes campos verdes nos recuerdan que mientras todo esto pasa la vida sigue igual, que esto podría suceder realmente y no nos daríamos cuenta, y que tal vez fuese mejor así.

Vídeo

Atentamente.
Profesor Falken

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