Cine en serie: Así es “The good wife”

Cine en serie: Así es “The good wife”

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Querido Teo:

“The good wife” ya no sólo es la serie revelación de las networks. Ni siquiera esa serie de abogados que no está nada mal. Ya se ha hecho mayor (gigante diría), ya es todo un “serión” que no desluce para nada al lado de otros de más caché como los “Mad Men”, “Breaking bad”, “Boardwalk Empire”, “Treme”, etc. Ya puedo decir con la cabeza bien alta que veo una de abogados, y me gusta.

Con la tercera temporada recien estrenada (25 de Septiembre), pocas series han alcanzado tan rápido un nivel de excelencia y una reputación tan buena en una canal en abierto, donde casi siempre parece imposible casar esos dos conceptos como son calidad y comercialidad televisiva, sin sufrir el síndrome de las bajas audiencias, que suele ser el principal culpable de que un nuevo proyecto con estas dos características se vaya directo a una cancelación segura. Digamos también que ha tenido su cierto grado de suerte al estar siendo emitida en una cadena como la CBS, donde parece que incluso enfocando con una cámara a un gato con peluca durante 45 minutos acabaría seguro teniendo una audiencia más que considerable…

Si la primera temporada puso las bases narrativas, se fue haciendo con su tono, y cimentó la estructura de lo que es la serie en la actualidad, la segunda se ha encargado de dar colorido y profundidad a los personajes, y de afinar aún más las tramas y la interacción entre sus protagonistas. Y es que pocas series son capaces actualmente de compaginar a la perfección historias autoconclusivas con otras de largo recorrido sin que se desdibuje lo más mínimo el conjunto. “The good wife” lo logra porque ambos conceptos argumentales son siempre igual de interesantes, y porque más que interponerse o entorpecerse los unos a los otros lo que hacen realmente es complementarse y enriquecerse mutuamente.

La segunda temporada ha sabido jugar también de forma maestra a ser un espejo de las noticias más relevantes de los últimos tiempos. Casos como el del creador de una gran compañía de Internet (digamos que Facebook), o muchos otros de temática y contenido similar han sabido mezclar la crítica mordaz y sutil con el entretenimiento puro y duro (y el morbo), llegando incluso a anticiparse a grandes noticiones de los últimos meses como es el caso del político denunciado por una masajista por un presunto caso de violación. Esa sensación de estar continuamente en el candelero dota a la serie de una veracidad y un realismo tan actual y dinámico que uno incluso tiene a veces el pensamiento de que si alguna vez tuviera algún problema serio con la justicia o la parienta (y unos cuantos millones en el banco), podría perfectamente irse a Chicago y contratar los servicios de Lockhart and Gardner.

Pero si sus tramas, narrativa y estructura son de lo mejor que se puede ver ahora mismo en televisión, no podemos olvidarnos de los personajes y sus diálogos. Quizá los hijos de Alicia Florrick hayan perdido algo de ese hábil protagonismo tan atractivo que le dieron a su primera temporada, pero éste ha sido sustituido brillantemente por personajes como Eli Gold o Blake Calamar, que han dado un buen empujón a la serie hacia su versión más conspiratoria y misteriosa. Las tramas derivadas de estos dos personajes han sido de las más divertidas, principalmente en el caso de Eli, e intrigantes y sorpresivas en el de el señor Calamar (que mal suena este apellido en español, por dios), siendo además el actor que interpreta al primero (Alan Cumming), una de las principales razones del gran salto de calidad que ha dado la serie esta segunda temporada.

Siendo justos habría que decir que todos y cada uno de los intérpretes de “The good wife”, tanto los protagonistas como los secundarios (brillante e inesperado Michael J. Fox) han dado un paso adelante (la mayoría de ellos nominados a los Emmys) apoyados, eso sí, por unos guiones llenos de magia y sutileza como pocas veces se habían visto antes en televisión. Dicha sutileza siempre ha sido parte de la grandeza de la serie, y en este segundo relato no ha sido para menos. Y si no, sólo basta con ver esa última escena, donde un recorrido en un ascensor puede llegar a ser todo un largo viaje al interior de los deseos humanos tan intenso y fascinante como la mayor de las aventuras jamás vividas. Así es “The good wife”.

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Watanabe

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