Cine en serie: “Black box”, a vueltas con el cerebro

Cine en serie: “Black box”, a vueltas con el cerebro

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Querido Teo:

Me llama la atención lo cercanas que se convierten las series a la hora de explotar la miseria y depresión de sus protagonistas. Ya vimos como “Breaking bad” giraba en torno a los plazos de vida de Walter White, como en “Hannibal” la increíble percepción de su protagonista se convierte en autodestrucción y en “Homeland” nuestra amada Carrie prefiere no tomar su medicación para mantener el “focus” en su trabajo. Algo parecido a esto último ocurre en “Black box”.

Tras un par de grandes nombres tanto en la parte técnica como en la pantalla se nos presenta esta serie como un ejercicio malabar en el que combinar lo mejor de “House” con “Una mente maravillosa”. Nuestra protagonista Catherine Black (Kelly Reilly, “Sherlock Holmes” y “El vuelo”) intenta ocultar al mundo su trastorno bipolar. Por sí fuera poco, y para hacer el tirabuzón, ella misma es una eminente neuróloga encargada de los casos más complicados y enrevesados de trastornos cerebrales.

Planteada como un diálogo entre Catherine y su propia psicóloga la Dr. Helen Hartramph (Vanessa Redgrave, creo que no hace falta presentarla), el hilo argumental de la serie presente desde el principio es la lucha entre la mediocridad de una mente cuerda, pero limitada por el tratamiento médico, o la brillantez de un trastorno impredecible que tan pronto te convierte en superdotado como en suicida.

La línea de los episodios combina así los casos de la doctora Black de una manera auto concluyente con una vida personal en la que el devenir de los acontecimientos es muchas veces mucho más crudo de lo que las serie americanas nos suelen mostrar. Con la diatriba de sí tomarse las pastillas o no, decisiones como casarse con su pareja o cómo plantear su trabajo se convierten en una verdadera lucha entre consciencia y genialidad subconsciente.

A parte de esto, el drama de haber abandonado a su hija en su adolescencia para que la cuidara su hermano o un compañero de trabajo sexualmente hiperactivo harán que Caty no se aburra.

Con una factura un tanto arriesgada a la hora de plantearnos la historia “in media res”, y con unos efectos un tanto infantiles en cuanto a las paranoias de nuestra actriz principal, el apoyo de Bryan Singer (“X-Men” y “Sospechosos habituales”) creo que no será suficiente para una serie con un buen planteamiento (la autodestrucción siempre vende) que debe decidirse entre seguir siendo un drama y una “serie de hospitales”. Debe por tanto a mi entender minimizar su intento de captación para explorar más sus personajes.

El error muy extendido actualmente en las series americanas es intentar “intelectualizar” productos de consumo en masa. La gracia no es esta y el público se da cuenta. Y es que una serie que trata de lo extraordinario, pero desde un punto de vista traumático, no debe tener como objetivó el gran público, debe crecer en sí misma intentando llegar a la excelencia para que luego el propio tiempo la coloque en el sitio que se merece. En este caso creo que se intenta vender un producto “de autor” cuando en realidad la producción es de “cadena de montaje”.

Aun así, te la recomiendo aunque sólo sea para ver a Catherine tomar las más equivocadas decisiones.

Vídeo

David Volcano

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