Cine en serie: “Close to the enemy”, reclutamiento científico en la II Guerra Mundial

Cine en serie: “Close to the enemy”, reclutamiento científico en la II Guerra Mundial

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Querido Teo:

En las semanas que rodearon la caída de Berlín en la II Guerra Mundial tanto rusos, americanos e ingleses compitieron en la caza del hombre. Buscaban alemanes concretos. No criminales de guerra, o no en primer lugar, sino científicos.

Stalin necesitaba las reservas alemanas de uranio antes de que cayeran en manos de los Aliados occidentales, y dio prioridad a la ocupación de la Casa del Virus, un nombre que pretendía ser disuasivo. Los vecinos del barrio del suroeste berlinés donde se había instalado se hubieran quedado más tranquilos sabiendo que ocultaba un búnker forrado de plomo para realizar investigaciones atómicas porque la radioactividad estaba de moda como agente beneficioso. Desde el periodo de entreguerras, entre 1931 y 1936, en pleno crecimiento del nazismo, una empresa alemana vendió con mucho éxito el Radium Schokolade. No hay datos de cuántos golosos ricos murieron por su consumo. Los supositorios Vita Radium, fabricados por una empresa de Colorado en Estados Unidos, aseguraban devolver el tono sexual y dar energía al sistema nervioso, glandular y circulatorio, con la total garantía de ser inocuos, como rezaba la información impresa en la caja donde se vendían. Laboratorios Radio Bailey de Nueva Jersey comercializó un tónico y “curalotodo” universal que proporcionaba una «alegría perpetua»; Radithor estaba compuesto de agua destilada con dosis de radio 226 y 228, ambos muy radiactivos. Radithor se retiró en 1932, cuando Eben Byers, miembro de la alta sociedad americana, murió después de haber consumido 1.400 botellas del producto y de haber perdido la mayor parte de la mandíbula. Su cuerpo era tan radiactivo que fue enterrado en un ataúd revestido de plomo. A pesar del escándalo, la crema facial Tho-Radia siguió siendo muy popular en Francia, con cloruro de torio y bromuro de radio. Los fabricantes afirmaban que la había desarrollado el “Doctor Alfred Curie”, que se cree que era un personaje ficticio y no un miembro de la familia ganadora de premios Nobel.

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Los rusos también hicieron grandes esfuerzos por localizar a los científicos creadores del cohete V-2, los ingenieros de Siemens y cualquier otro técnico cualificado que pudiese ayudar a la industria armamentística soviética. Sólo unos pocos se negaron a colaborar, la mayor parte disfrutó de condiciones relativamente privilegiadas y del derecho a llevarse a sus familias a la Unión Soviética. Estados Unidos no sólo sacó y dio trabajo a centenares de científicos, por ejemplo a casi todos los colaboradores de Werner Von Braun; el propio Von Braun se había alistado en las SS a los 21 años y nunca admitió responsabilidad alguna. Su último biógrafo en 2009 concluyó que dio la espalda a los crímenes por considerar su misión superior. El gobierno americano también garantizó en secreto la inmunidad a oficiales e investigadores japoneses envueltos en la tristemente famosa Unidad 731 a cambio de compartir los resultados de experimentos letales con 3.000 prisioneros en Manchuria.

El recién premiado entonces con el Nobel de Química, Otto Hahn, descubridor de la fisión nuclear junto con otros colegas destacados, fue a parar a manos británicas. Los “alojaron” en Farm Hall, un centro concebido para interrogar a científicos alemanes situado en el este de Inglaterra. Los científicos que habían colaborado en experimentos con seres humanos y en programas con mano de obra esclava podían ser presionados, o gratificados, con el encubrimiento y el olvido. Pero en muchos casos la mejor herramienta era la convicción.

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En un Londres todavía salpicado de escombros, la Inteligencia inglesa ocupa un hotel. Será la residencia temporal de algunos de esos “secuestrados” con los que pudieron hacerse los británicos. No hay demasiado tiempo porque pueden presentarse ofertas mejores por parte del aliado americano. Su seducción exige personas muy empáticas y capaces. Este es el trasfondo de “Close to the enemy”, una miniserie de siete capítulos digna de las siglas BBC.

Media docena de actores, tres hombres y tres mujeres, llevan el peso de moverse en una línea muy fina; a un lado el interés militar por aprovechar conocimientos que pueden ser esenciales para los próximos años de tensión; al otro lado los crímenes que se puedan probar a esas personas. La conocida expresión “hay que estar cerca de los amigos y más aún de los enemigos” transmite un subtexto muy utilizado por los guionistas de ficción. En el caso de esta serie muy bien utilizado.

Vídeo

Carlos López-Tapia

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