Cine en serie: “Foodie love”, o el arte de ir despacio

Cine en serie: “Foodie love”, o el arte de ir despacio

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Querido Teo:

HBO se estrena en España con la historia de una pareja que se reúne para una primera cita, hecha a través de una web de contactos con la premisa de interés por la comida. La historia de la directora Isabel Coixet se basa en la paciencia en un mundo dominado por lo contrario. Ambos personajes, porque “Foodie love” es cosa de dos, se piden y ofrecen paciencia en un momento dado. Paciencia entonces con el primer capítulo, que puede resultar algo desconcertante, ya que primeras citas internaúticas abundan en las pantallas y ésta no parece ser muy diferente a otras en principio. La paciencia se ve recompensada para todos, para los dos protagonistas y para el espectador.

Alguno de los diálogos de la chica, Laia Costa, se pierden o entienden con dificultad, un problema ya clásico en series y actores españoles. El resto de la serie es impecable en muchos aspectos. Todos parecen haber disfrutado ayudando a Coixet para transmitirnos su amor por los mejores elementos de Italia, de Japón y de Barcelona.

La banda sonora (tiene lista propia en Spotify), incluso más que la comida, es una selección perfecta para sujetar los silencios y las miradas entre los diálogos y las situaciones de la chica española y el chico argentino, que no nos dicen como se llaman; sólo sabemos en principio que ambos tienen tandas dudas como la mayoría de las personas que se animan a usar páginas de contactos. Coixet nos hace entrar en otro nuevo capítulo cada vez con mayor facilidad y también logra que aceptemos el juego lento de conquista, de un paso adelante y dos atrás, de inseguridades. Hay que añadir algunos otros elementos interesantes como el reflejo en voz en off o en bocadillos de cómic de algunos pensamientos de los personajes; o cameos sorpresivos como hacer aparecer al cocinero Adriá para decir simplemente que “el croissant perfecto no existe”, aunque los de su colega Oriol se aproximen bastante.

Todo está impregnado por el placer de la sofisticación, incluyendo el progreso de la relación personal. Conocedora de la cultura romana, donde nos lleva en busca de helado para uno de los más redondos capítulos de la serie, por la cabeza de Coixet se habrá pasado la exagerada cena de Trimalción usada para criticar el exceso de sofisticación y tontería por los que no valoraban el asunto gastronómico hace 2.000 años, cuando nos presenta una cena en el top de la cocina elaborada actual; que no desmerece las que se presentaban en El Bulli al final de su recorrido.

“Foodie love” está bien medida en su duración, en la distribución de la sensualidad gastronómica y sexual y, sobre todo, en el sostenimiento de ritmo pausado, muy slow food, la mejor manera de que comer no te haga daño y de poder meterse los largos y estrechos que abundan en el mundo experimental de la comida actual.

En resumen, comida de calidad, más compleja de elaborar de lo que pueda parecer. Coixet siempre ofrece algo que, gustando más o menos, suele valer el tiempo dedicado. Hay que vivir como si ante nosotros tuviéramos un cronómetro de tres pisos de altura que tuviera escrito: La vida es corta, muy corta. No lo digo yo, lo pone Isabel Coixet en labios de la chica.

Vídeo

Carlos López-Tapia

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