Cine en serie: "Made in Italy", la era de esplendor de la moda

Cine en serie: "Made in Italy", la era de esplendor de la moda

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Querido Teo:

Hubieron de suceder varias cosas para que la reputación de la moda italiana se situara junto a la francesa, que le sacaba casi medio siglo de experiencia. Los años tras la II Guerra Mundial vieron el auge de la moda francesa, Pierre Cardin, Christian Dior, Coco Chanel, Hubert de Givenchy o el español Cristóbal Balenciaga, que vendían su elegancia al resto del mundo gracias a Hollywood. Sus creaciones eran un reflejo de un mundo en el que se buscaba volver a la vida donde el lujo y la exageración pudieran proclamar el retorno a la paz, pero también para una mujer que deseaba vestir distinguida y cómoda.

En 1970, 20 años más tarde, una nueva generación empezaba a abrirse camino en la sociedad de consumo reivindicando derechos de las mujeres, de las minorías marginadas, la legalización del divorcio o amor libre. Aunque el centro de dicha revuelta también se originó en París (Mayo del 68), se expandió al resto de Europa. En Italia coincidió con una transformación en el mundo de la moda que tendría su epicentro en Milán, escenario en el que se desarrolla la trama de esta serie de 8 capítulos que nos sitúa en la capital industrial de Italia en 1974.

La modelo Greta Ferro interpreta, muy correctamente, a una joven de 23 años, nacida en Milán, pero hija de los muchos inmigrantes del sur que formaban los cuadros de operarios en las fábricas. La joven tiene medio cuerpo en el pasado y el otro medio en un presente que cambia a mucha velocidad. Su novio, como su familia, aguardan una boda previsible y una futura familia que reproduzca lo conocido, hijos y esposa dedicada al hogar. Pero Irene, así se llama el personaje, es la primera de su familia que va a la universidad, donde sus profesores de Arte tienen recursos educativos sólo en modo autoritario, al mismo tiempo que asisten desarbolados al movimiento estudiantil que hace huelgas, manifestaciones y apoya el radicalismo que se hará extremo con las Brigadas Rojas.

La joven consigue ser aceptada a prueba en una revista de moda, donde se vive la vida de una forma muy distinta a la suya. Libertad y promiscuidad sexual, dedicación completa y competitividad, mezcla desconcertante de pasión y realidades empresariales que limitan la libertad de elección sobre los temas que se publican. Una redacción pequeña donde los papeles están distribuidos y la llegada de Irene revelará un hueco generacional.

"Made in Italy" no recurre a grandes dramas, ni a crímenes sangrientos, es una historia costumbrista de una época lo bastante cercana para el telespectador maduro y que supongo sorprendente para el más juvenil atraído por el tema de la moda. No se abusa de las imágenes de archivo, aunque ante Irene pasan los que estaban transformando la forma de vestir y que acabarán por encumbrar un prêt-à-porter elegante y fresco, frente a una moda imposible de popularizar por su propio sentido de exclusividad y precio.

Pasarán Giorgio Armani, vistiendo a la mujer con trajes ejecutivos, Raoul Bova, Ferré, Miuccia Prada, Missoni o Gianni Versace, creando la industria de la moda italiana de hoy sin caer en la superficialidad habitual y tópica con la que suele reflejarse este oficio, pero también sin enseñarnos su lado más oscuro: el de la explotación.

Cuando el periodista amenazado Roberto Saviano "autopsió" el mundo de la moda en "Gomorra", descubrió que funcionaba sin asociaciones empresariales, ni centros de enseñanza, la formación se llevaba a cabo con la fórmula arcaica, nada que no fuera el trabajo del patrón dibujado, la máquina de coser, la pequeña fábrica, o incluso el trabajo doméstico más familiar, que es a lo que se dedica la madre de Irene.

Desde la década de 1950 no hicieron falta permisos, contratos, espacios. Garajes, sótanos y trasteros se convirtieron en fábricas. En los últimos años, la competencia china ha acabado con las empresas que fabricaban productos de calidad media. Hoy no queda espacio ni tiempo para el aprendizaje lento. Se trabaja mejor que nadie y deprisa, o alguien será capaz de trabajar mejor y más rápido.

Así cuenta Saviano como se encargan los diseños de los grandes modistas actuales:

"Entraron tres personas. Dos hombres y una mujer. La mujer llevaba una falda de piel y zapatos de charol con tacón alto. Todos se levantaron para saludarla. Los tres tomaron asiento y empezaron la subasta. Uno de los hombres trazó tres líneas verticales en la pizarra. Empezó a escribir lo que le dictaba la mujer. La primera columna:

 «800».

 Era el número de vestidos que había que producir. La mujer enumeró los tipos de tela y la calidad de las prendas. Un empresario de Sant'Antimo se acercó a la ventana y, dando la espalda a todos, propuso su precio y su plazo:

 —Cuarenta euros por pieza en dos meses...

 Apuntaron en la pizarra su propuesta:

 «800 / 40 / 2».

Si sus condiciones son aceptadas, no será el único ganador. Su propuesta es como un impulso que los otros empresarios pueden tratar de seguir. Cuando los intermediarios aceptan un precio, los empresarios presentes pueden decidir si participan o no. Los que aceptan reciben el material: las telas. Las hacen enviar directamente al puerto de Nápoles y cada empresario va a recogerlas allí. Pero sólo se le pagará a uno, una vez finalizado el trabajo. Al que entregue el primero las prendas confeccionadas, siempre que tengan la máxima calidad. Los otros empresarios que han participado en la subasta podrán quedarse el material, pero no cobrarán un céntimo. Las empresas de la moda ganan tanto así que sacrificar tela no supone una pérdida relevante. Si un empresario deja de entregar varias veces, lo que significa que aprovecha la subasta para obtener material gratis, es excluido de las posteriores subastas. Mediante este sistema, los intermediarios de las firmas se aseguran la rapidez en la producción, porque si alguien intenta retrasar la entrega, otro le quitará el puesto. No hay ninguna prórroga posible para los plazos de la alta costura".

Tal vez la segunda temporada se anime a tocar el asunto, porque los derechos de autor en la moda son un territorio muy amplio.

Saviano recuerda el caso de Pascual, que llegó a manejar material y diseños enviados directamente por los creadores, capaz no sólo de distinguir tejidos más allá de lo esperable, sino de prever ante un escaparate la duración de la vida de unos pantalones, de una chaqueta, de un vestido. El número exacto de lavadas que soportarían esos tejidos antes de estropearse. El tipo que cortó y cosió, sin saberlo hasta que lo vio en la retransmisión televisiva, el vestido blanco que inmortalizó Angelina Jolie en la alfombra roja de los Oscar en 2004.

Vídeo

Carlos López-Tapia

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