Cine en serie: Por qué “anatomía” y por qué “de Grey”

Cine en serie: Por qué “anatomía” y por qué “de Grey”

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Querido Teo:

El título de una de las series de más éxito en la Historia de la televisión “médica” de lo que llevamos de siglo parece referirse al apellido de parte de sus protagonistas, pero ese apellido no es una ocurrencia. A mediados del siglo XIX, la antigua prohibición de diseccionar cadáveres tocaba a su fin en la Inglaterra victoriana. Ocurría más bien lo contrario. Había tal necesidad de cadáveres, que las autoridades se pusieron muy serias con el robo de tumbas, al tiempo que facilitaban el asunto, permitiendo que los médicos reclamaran los cuerpos de los muertos en los asilos. No faltaban indigentes.

El auge de la disección coincidió con la publicación de un libro de texto que llegaría a todos los rincones del mundo. La obra de anatomía más influyente de la época, de hecho, de todos los tiempos, se gestó en la plaza londinense de Hyde Park Corner. Hoy el edificio es un hotel de lujo, pero hace 120 años era el Hospital de San Jorge.

Un estudiante de medicina del hospital llamado Henry Vandyke Carter aceptó el encargo, por 150 libras pagaderas a lo largo de quince meses, de dibujar todas las láminas que acompañarían a un texto nuevo. Carter tenía un gran talento para el dibujo, tuvo además que dibujar todas sus ilustraciones al revés, para que quedaran impresas adecuadamente en el papel. No sólo hizo los 363 dibujos del libro, sino que hizo la inmensa mayoría de las disecciones y de otros trabajos preparatorios. Aunque por entonces había muchas otras obras de anatomía en el mercado, las eclipsó a todas, por su meticuloso grado de detalle, por su énfasis en la anatomía quirúrgica, pero sobre todo por la calidad imbatible de las ilustraciones.

“Anatomy, descriptive and surgical”, se publicó por primera vez en Londres, en 1858, con la firma de Henry Gray. Gray era profesor auxiliar de Anatomía en el San Jorge, y le corresponde el mérito como iniciador de la idea, que tampoco era un hallazgo ni en la época ni en el trabajo de un departamento de Anatomía. Gray resultó ser un miserable mezquino. No hay huellas de que llegara a pagarle a Carter lo acordado o siquiera una parte, pero no solo no compartió nunca con Carter lo que cobró por derechos de autor. Además, dio instrucciones a los impresores de que redujeran el tamaño del nombre de Carter en la portada y eliminaran cualquier referencia a su titulación médica, para que pareciera un mero ilustrador contratado. En el lomo sólo aparecía el nombre de Gray; y pasó a conocerse como “Anatomía de Gray”, en lugar de “Anatomía de Gray y Carter”, como debería ser. El libro fue un éxito inmediato, las ediciones se sucedieron y aún hoy es una obra de coleccionista.

Un poco de justicia poética en la historia porque solo tres años después de la publicación, a los 34 años, Gray moría de viruela. Carter en cambio vivió hasta los 66 años, después de llegar a director del Colegio Médico más importante de Bombay. Tras 39 años en la India, se retiró a la costa norte de Yorkshire. Murió de tuberculosis. En ninguno de los dos casos hubiera servido su libro para curarlos, pero ayudó a la formación de los médicos ingleses, y de todo el mundo.

Carlos López-Tapia

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