Cine en serie: "Sanditon", ¿se bañó alguna vez Jane Austen?

Cine en serie: "Sanditon", ¿se bañó alguna vez Jane Austen?

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Querido Teo:

Varios escritores, siete al menos, intentaron terminar la novela en la que trabajaba Jane Austen cuando soltó la pluma en Marzo de 1817. Murió cuatro meses más tarde y la comedia situada en la costa inglesa, inspirada en los primeros balnearios, quedó colgada en el capítulo 12... sin ni siquiera título.

Hasta 1925 el público no pudo leer las páginas de Austen porque su familia sintió que dañarían la reputación de la escritor por indecorosas; su hermano y sobrino se referían a ella como "la piadosa solterona", pero disfrutaba de lo extravagante y ligeramente surrealista y la misma Austen, en una carta que le escribió a su sobrina una semana después de abandonar la novela, expresaba su desacuerdo con la "hipocresía formal" de la sociedad a la que pertenecía: "las imágenes de perfección, como sabes, me enferman y retuercen".

A partir de entonces se suceden las "continuaciones" de "Sanditon" hasta llegar ahora al mundo de las series, en una historia que no engaña, por mucho que se hallan acercado a secuencias íntimas más explícitas, o le hayan dado un toque feminista anacrónico. Es romanticismo decimonónico para fans, hay muchas "Janeites", como se hacen llamar las adoradoras de la autora de "Orgullo y prejuicio" en todo el mundo, hasta el punto de convertirse en una subcultura de un universo más literario que real.

"Sanditon" recrea, con más detalle de lo habitual, la manera de bañarse que empezaba a conducir a las playas llenas de nuestra época. A mediados del siglo XVIII sólo uno de cada diez hoteles de lujo en París posee cuarto de baño y meterse de cuerpo entero en el agua es algo que muchos no hacían casi nunca a lo largo de su vida. El 30 de Agosto de 1762 un tal Juan Bautista Manuzzi, uno de los múltiples espías del gobierno veneciano, escribe a sus jefes para llamar su atención sobre que se había visto a dos hombres y una mujer bañarse en el Lido.

«… estuve el sábado después del mediodía en el Lido, en un lugar llamado la Gieriola, donde he descendido de la góndola a poca distancia de una hostería con casetas, situada en la entrada a un camino que conduce donde gente suele ir a nadar. He estado en esas casetas y me he interesado por las personas que van a nadar y me he informado si entre ellas alguna vez hay señoras, gentilhombres, o personas de bien que se quiten la ropa [. . . ].

Las únicas mujeres que entran en el agua son meretrices, de las que no hay escasez algunos días, [. . . ]. Sucedió hace pocos días algo que provocó mucho escándalo, y fue que dos hombres de buena apariencia llegaron con una señora correctamente vestida y, una vez desvestidos, le quitaron la ropa que llevaba puesta, le pusieron una camisa larga, la tomaron por los brazos y la condujeron al agua, donde estuvieron hasta que fue noche avanzada».

Pero ya las bañeras domésticas han aumentado. Los nobles empiezan a valorarlo como un lujo, aunque todavía más salutífero que placentero, y comienza a despuntar la novedad que hoy resulta muy cinematográfica. Los primeros balnearios de mar fueron abiertos o impulsados por médicos. El primero de Inglaterra, en la localidad costera de Brighton, es iniciativa del doctor Russell y da comienzo a la idea de vacaciones en el mar en 1766. Sólo dos años más tarde el cuáquero Benjamín Beale presentará una carroza abierta por delante, cubierta por arriba y por los lados con toldos protectores para el sol, el viento y las miradas, que los empleados del establecimiento metían en el agua con los bañistas dentro, para que sus cuerpos se beneficiasen de las corrientes. La máquina de baños combinaba el pudor físico victoriano con las nuevas recomendaciones sobre la salud.

Fueron evolucionando hasta transformarse en una auténtica caseta colocada sobre grandes ruedas, que era arrastrada hasta el mar por caballos de tiro, con una o más bañistas dentro. Al final del trayecto, los caballos eran devueltos a la orilla y se abría la puerta trasera de la caseta para que las bañistas bajaran al agua con cierto grado de privacidad. "Sanditon" recrea estos momentos mejor que ninguna serie o película anterior.

Desde los primeros años del siglo XIX los bañistas podían adquirir en Italia el tratado del doctor Thouvenel, que adjudicaba una “goleta verde” a las playas recomendadas y ofrecía «el análisis exacto del estado de “la atmósfera” de las playas italianas». En 1822 se abre el balneario de Dieppe en la costa francesa del canal de La Mancha, que supondrá una revolución y que marcará la moda durante medio siglo. El doctor Mourgué, medico responsable del establecimiento lo describe así:

"Una gran galería, de 300 pies de longitud, con techos artesonados, que se extiende a lo largo de la playa. Está interrumpida en el centro por un pórtico con forma de arco triunfal, en cuyos lados surgen dos grandes pabellones, reservado uno a los hombres y otro a las mujeres. El reservado a las mujeres tiene a su vez dos saloncitos, para el descanso y para socorrer a «las bañistas cuyo estado requiere cuidados particulares». Frente a los pabellones, unos pontones con parapetos conducen al mar, al que se entra con la ayuda de asistentes del balneario. En la punta de los pontones, pequeñas cabinas de tela permiten depositar la ropa antes de "afrontar" el mar. Para aumentar los beneficios circulatorios del contacto con el agua fría, hay un ejército de “bañeros” que cobran por apoderarse hábilmente del cuerpo de los “curistas” y tirarlos brutalmente contra las olas antes de recuperarlos y volver a empezar". Una imagen desaprovechada por el cine hasta el momento.

Se debe recordar que antes de los años 20, no se toman baños de sol en la playa. El bronceado es considerado propio de gente ordinaria, los médicos no hablan de sus beneficios, y las mujeres compiten por exhibir la blancura de la piel. Jane Austen murió con 41 años y se dice que aborrecía la localidad balnearia de Bath. Vivió cinco años en la ciudad que es referencia en turismo sanitario desde que el emperador Claudio ordenara hacer el primer caldarium. De las fuentes termales brotan cada día más de un millón de litros de agua a cuarenta y seis grados. Austen la usó de ambientación en dos de sus novelas.

Desde la ventana de su casa veía el parque más antiguo de la ciudad. Jane estaba suscrita, iba cada día porque era el espacio más agradable para los largos paseos que le gustaban. Tenía cascadas espléndidas, cuevas para que los enamorados se ocultaran y las ruinas románticas de un castillo. Salvo las ruinas romanas originales, todo postizo. A las diez de la mañana se servía un desayuno y a mediodía se bailaba. La velada comenzaba a las cinco, cuando se encendían sus cinco mil lámparas de gas. Tras el concierto comenzaba la "cena pirotécnica de gala". Se servía jamón york, pollo, cordero y lengua de vaca; vino, cerveza, o sidra. La fiesta acababa con los fuegos artificiales de las diez.

No esperéis que la recreación georgiana de "Sanditon" alcance detalles tan realistas como el biombo situado en todos los comedores, ya que los caballeros georgianos no salían del comedor para hacer sus necesidades, pero sí las "carreritas en pelotas" hacia las olas, que eran una exclusiva masculina en zona reservada.

Vídeo

Carlos López-Tapia

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Comentarios

Maria Pilar Marhuenda - 19.10.2020 a las 11:24

¿Cuando podremos ver la segunda temporada?. Estamos deseando

Carlos - 20.10.2020 a las 15:07

Esta serie fue cancelada por ITV, aunque bajo el nombre Save Sandinton, los fans intentan impulsar su renovación

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