Cine en serie: “Un cuento de Navidad”, una versión oscura y con alma femenina

Cine en serie: “Un cuento de Navidad”, una versión oscura y con alma femenina

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Querido Teo:

Hay historias que pueden ser versionadas una y otra vez pero, aun así, parecen distintas y encuentran su propia alma. Es el caso de “Un cuento de Navidad” que con el marchamo de la BBC y el canal FX se puede ver a través de HBO en España. Una miniserie de tres capítulos oscura, fantasmal y que incluso reinventa la historia dándole un tono más esotérico y menos complaciente ya que la evolución del personaje no es tan forzada ni el “happy end” queda tan remarcado. Y es que esta versión de “Un cuento de Navidad” es fiel al texto original pero aporta cosas interesantes, novedosas y cercanas a estos tiempos eliminando pasajes y dándole una posición importante al papel de la mujer.

Guy Pearce es el encargado de dar vida a Ebenezer Scrooge pero es su socio Jacob Marley el que encuentra aquí cierta redención y peso activo en la narración de la historia ya que no sólo se busca salvar el alma del avaro Scrooge sino también la de un Marley cuyo destino está ligado al de su socio, condenados ambos al purgatorio sin remedio, no sólo por su tacañería y cinismo sino también por haber sido capaces de amasar importantes sumas de dinero incluso a costa de un accidente en una mina del que ellos fueron responsables. Eso es algo que acrecienta el espíritu dickensiano de la obra sobre esa ciudad bañada de nieve, desamparo y de familias rotas que cantan al unísono en comunión de paz y recuerdo.

“Un cuento de Navidad” se explaya en su primer capítulo en la atmósfera de la serie, en el limbo en el que se encuentra Marley un año después de muerto, en la personalidad de Scrooge (aquí más filosófica que negacionista) y en un Bob Cratchit, el fiel escribano y padre de familia con un crío enfermo, que no tiene reparos en mostrar su rechazo y disconformidad con la forma de actuar de su jefe pero que aguanta con el fin de poder llegar a fin de mes aunque tenga que asumir que no saldrá antes de hora del trabajo por el hecho de ser Nochebuena.

Guy Pearce da vida a un Ebenezer Scrooge que hace su consabido viaje al pasado, al presente y al futuro a partir de los tres fantasmas ganando en importancia el de las Navidades Pasadas ante el hecho de contar con un Andy Serkis que, como si fuera un Gandalf mefistofélico, lleva a nuestro protagonista a ese internado en el que el pequeño Ebenezer transcurrió parte de su infancia, también en Navidad, incluso sugiriéndose un episodio de abusos que cimenta esa personalidad esquiva y descreída. Es ahí donde gana importancia el papel de la hermana de Scrooge, interpretada por Charlotte Riley, y que dándole un remozado a la historia hace transitar al protagonista de su mano dando forma al Fantasma de las Navidades Presentes y que en la novela no era más que un vago recuerdo, además de la madre fallecida del insistente y jovial sobrino de Scrooge.

No es la única mujer que aquí se rebela como el alma de la historia ya que es Mary Cratchit, la esposa de Bob, la que cobra un inusitado protagonismo como motor abnegado de una familia marcada por la escasez, la enfermedad y, sobre todo, el amor y que es capaz de cualquier cosa para que su hijo, el pequeño Tim, salga adelante. Vinette Robinson encuentra un regalo en este personaje acrecentado en esta nueva versión hasta casi ser el testigo y catalizador de la evolución de un Scrooge que, tras la visita de los tres fantasmas, será mejor persona pero dentro de un cariz mucho más realista y menos forzado que el de las bienintencionadas y puramente navideñas versiones anteriores. Y es que ver a esa Mary Cratchit sufrir ante el chantaje y el juego de poder del jefe de su marido, o verle irse a través de la ventana en una mezcla de asco y lástima, hace que esta versión arroje un matiz interesante de explorar que demuestra la calidad, viveza y frescura de una historia inmortal y con infinidad de lecturas.

Stephen Graham como Jacob Marley y Joe Alwyn como Bob Cratchit son los otros nombres conocidos en una miniserie de tres capítulos que tiene el sello de Steven Knight, creador de “Taboo” o “Peaky Blinders”, y que ha llevado a su terreno la obra de 1843 que muchos conocen punto por punto sin ni siquiera haber leído la obra ante lo adoptada que está en el imaginario colectivo entre cintas musicales, animadas y en acción real. Una adaptación que no necesita ser de las más brillantes para ser capaz de ofrecer algo nuevo, distinto y sugerente con un tono oscuro verista y auténtico más cercano seguramente a la idea inicial de Dickens que al cariz esperanzador que le han dado con el tiempo las diferentes versiones.

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Nacho Gonzalo

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