Cine en serie: “Z: The beginning of everything”, el “carpe diem” del matrimonio Fitzgerald

Cine en serie: “Z: The beginning of everything”, el “carpe diem” del matrimonio Fitzgerald

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Querido Teo:

El 1443 North Hayworth Avenue en West Hollywood es un adosado de dos plantas que tiene un precio de alquiler elevado por su historia. Fue el domicilio de una columnista de la época dorada de Hollywood, Sheilah Graham. Fue el último amor de Scott Fitzgerald y su casa el lugar donde murió el escritor. Un cartel señala que no se moleste a los inquilinos.

“Años inolvidables”, de John Dos Passos, es uno de los mejores libros de memorias del siglo pasado y los que lo habéis leído lo sabéis, pero tal vez no recordéis el encuentro de Dos Passos con Scott y Zelda Fitzgerald. “Eran celebridades en el sentido que tiene esa palabra para las revistas ilustradas. Eran celebridades y les encantaba. Después solía tomarle el pelo a Scott a costa de sus “tontas preguntas”. Eran como esas listas que preparan los psicólogos y a las que hay que responder verdadero o falso. Incluso en aquella primera ocasión me fue imposible enfadarme con él y mucho menos aún con Zelda; emanaba de ellos algo así como un aura de dorada inocencia y además los dos eran increíblemente bien parecidos. Cuando Scott hablaba sobre literatura, su mente, que me parecía llena de absurdas ideas sobre la mayor parte de las cosas, se hacía tan clara y cortante como un diamante. No le interesaba nunca el paisaje, tenía un gusto pésimo para la comida, para el vino y para la pintura, y muy poco oído para la música a excepción de las canciones populares más rudimentarias, pero en cuanto a literatura era un profesional nato. Todo lo que decía merecía la pena escucharse”.

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Los Fitzgerald se convirtieron en la pareja más deseada ya fuera en Nueva York o en Montecarlo. Viajaron años de un lado para otro con sus escándalos de champaña y rosas. Zelda escribía: “Todo sería perfecto si alguien se encargara de hacer correr por Nueva York la historia de nuestra idílica existencia”. Fitzgerald creció como un outsider, un espectador a distancia de un mundo al que pertenecía de prestado. Un niño pobre en escuelas de niños ricos, un chico del Medio Oeste fascinado y seducido por la inercia frenética que marcaba la metrópolis a ritmo de jazz; el “self-made man” del sueño americano. Fitzgerald personifica la trepidante escalada de la sociedad del exceso, la sensación ambiental de supervivencia, el impulso de vivir tras tanta muerte esparcida en mares y trincheras que se apoderó de parte de Estados Unidos tras la I Guerra Mundial, y que se compartió en Europa hasta etiquetar a la década de los veinte como “los años locos”.

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El “masculinismo” que ejerce la historia oculta a la mujer de Scott, Zelda, una joven nacida y criada en una familia conservadora del sur, que se unió al grupo de las chicas “flaper”. “Flap” es aleteo, pero también el movimiento de las trenzas de una adolescente algo alocada. Las “flaper” fueron las primeras mujeres que se “liberaron” quitándose el corsé que las había comprimido más de dos siglos, hasta matarlas en alguna ocasión; llevaban faldas cortas que dejaban ver sus rodillas. Disfrutaban bebiendo y fumando, conduciendo y bailando la nueva música que espantaba a sus padres, el jazz. Zelda tenía una personalidad tan atractiva y artística como la de su marido pero se ha hablado menos de ella. Por eso la serie “Z: The beginning of everything”, ya doblada y emitida en Amazon, parte de una protagonista interesante.

Christina Ricci es Zelda y, en capítulos de 27 minutos, nos lleva por aquellos años. Da sensación de cine con calidad en la ambientación y un argumento que no oculta la otra cara de la moneda, con la que los Fitzgerald pagaron por una vida con abundancia de placeres y reconocimientos.

Vídeo

Carlos López-Tapia

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