“Ciudadano Welles”

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Los 100 años del nacimiento de Orson Welles nos devuelven a las estanterías una de las obras clave para compartir las experiencias, butades, clarividencias y anécdotas que deseó contar a otro de sus grandes admiradores.

Título: “Ciudadano Welles”

Autor: Orson Welles (Conversaciones con Peter Bogdanovich)

Editorial: Capitán Swing

La ola “wellesiana” me llevó a revisar hace unos días su última película, “Fraude”. A menudo se olvida de que se trata de una película porque contiene ingredientes más próximos al documental o al reportaje. Pero Orson insiste en que es una película nacida de un proyecto de documental. La mezcla se ajusta a la propia personalidad de Welles, creativo, directo, decorador impenitente de su propia biografía y mago aficionado desde joven a los juegos escénicos.

Al financiar sus libertades se sintió degradado y devaluado como actor, y su amigo Bogdanovich siente que “…. el artista norteamericano que electrificó la escena, que transformó y definió la radio, que abrió un camino para la televisión (que nadie ha seguido), que hizo filmes que inspiraron a un buen número de realizadores, productores y directores más efectivamente que cualquier otro director desde D. W. Griffith, acabara anunciando vinos en unos anuncios para televisión es, en cierto modo, un comentario más aleccionador sobre el derrumbamiento cultural de nuestra sociedad que sobre el prestigio de Orson Welles”.

En una ocasión en la que Bogdanovich se lamentaba de la llegada del final de la edad de oro de la cinematografía, Orson se echó a reír y dijo:

“— Vamos, hombre, ¿qué esperabas? ¡Incluso el Renacimiento sólo duró sesenta años!”

No es que el Renacimiento durara el periodo que dijo Welles, sino que apreciaba las referencias culturales europeas por encima de la exactitud; si el conejo aparecía en la chistera, que sea de pura raza importa poco. Orson sabía que en todo momento era grabado por la máquina que había pedido a Bogdanovich que mantuviera oculta para…. sostener la magia.

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Las conversaciones se grabaron en múltiples sesiones, a menudo en restaurantes, y recorren buena parte de la vida del director, desde su infancia: “En toda mi vida he visto muchas menos obras teatrales de las que puedes imaginar y que me gustaría admitir. Oh, sí, de niño acostumbraba a ir, me llevaban y me emocionaba que lo hicieran. He visto todas las obras de grandes autores de Werner Krauss a Kachalov. Esta mano que ahora te toca a ti en una ocasión estrechó la mano de Sarah Bernhardt… , ¿puedes imaginártelo? Tenía una pata de madera y estaba haciendo un vodevil; yo debía tener cuatro o cinco años, calculo, y me llevaron tras bastidores hasta una especie de emparrado de rosas rojas bajo el cual estaba aquella dama maravillosa, sentada en su silla de ruedas tomando aire de una bombona de oxígeno. La mano que toqué era una garra cubierta con esas manchas oscuras que deja el paso de los años, blancas y viscosas y con los puntiagudos extremos de las mangas pegadas sobre las palmas. Cuando era joven, Mademoiselle Bernhardt tomó la mano de Madame George, que había sido la amante de Napoleón. ¿Te das cuenta, Peter? ¡Sólo dos manos separan mi mano de la de Napoleón! No es que el mundo sea tan pequeño, sino que la historia es tan corta. Cuatro o cinco hombres muy ancianos podían juntar sus manos y llevarte directamente hasta Shakespeare. Podías colocar en este restaurante a todos los Papas, desde San Pedro, sin que nadie tuviera que esperar una mesa. ¿De qué estábamos hablando…? ¿De ir al teatro…? Pues bien, iremos esta noche. Te invito”.

La inversión en este libro está garantizada, aunque no hayas visto en tu vida más que “Ciudadano Kane” porque tanto el entrevistador como el entrevistado saben lo que están haciendo. Para terminar la referencia a la radio que llevó a Welles al cine.

“PB: ¿En qué lugar dejas la radio?

OW: Fui feliz en ella, lo más feliz como actor que he sido en toda mi vida. Siendo eso así, ¿qué puedo decir de modo impersonal? No, de modo privado. Es lo que más se aproxima a la satisfacción personal, privada, de cantar en el baño. ¡Y encima te pagan por ello! El micrófono es un amigo, ¿sabes? La cámara es un crítico. Supongo que podría decir que la radio está mucho más cerca del cine que del teatro. Y no sólo porque es otra máquina atenta la que sustituye a la audiencia. No, con el micrófono, como con la cámara, se puede elegir el lugar de emplazamiento. Uno no se conforma con quedarse sentado en la oscuridad sin hacer nada. Hay que moverse de un lado a otro, cambiar los ángulos”.

Welles tuvo en la pared durante años un cablegrama de Alexander Woollcott, después de la emisión sobre Marte de la Mercury (30 de Octubre de 1938), cuando parte del país estaba aterrorizada al creer que Nueva Jersey había sido invadida por los marcianos. “Esto sólo viene a demostrar, mi brillante muchacho, que toda la gente inteligente estaba escuchando a un tonto y que todos los tontos te estaban escuchando a ti”.

“PB: Me he preguntado con frecuencia si antes de que hicieras La guerra de los mundos tenías idea de que ibas a obtener ese tipo de respuesta.

OW: El tipo de respuesta, sí… Todos nosotros la anticipamos felizmente. Pero su extensión nos dejó pasmados a todos. A los seis minutos de estar en antena, las centralitas de todas las emisoras de radio a lo largo y ancho del país empezaron a iluminarse como árboles de Navidad. Los hogares se quedaron desiertos y las iglesias se abarrotaron. Desde Nashville a Minneapolis la gente se lamentaba y se rasgaba las vestiduras en las calles. Antes de transcurridos los veinte minutos, nuestra sala de control estaba llena de policías vociferantes presos de agitación. No sabían a quién detener ni por qué, pero modificaron el tono del resto de la emisión. Cuando radiábamos la fantasía de la destrucción de Nueva Jersey descubrimos que la extensión de la capacidad de nuestro país para dejarse arrastrar por una emoción había sido infravalorada.

PB: Después de eso tú te declaraste inocente.

OW: Hubo titulares en los periódicos que hablaban de reclamaciones judiciales que superaban los 12 millones de dólares. ¿Cómo quieres que me declarara culpable?

PB: ¿Qué pasó con esas reclamaciones judiciales?

OW: Resultó que muchas de ellas sólo estaban en las imaginaciones calenturientas de los periódicos. Como venían perdiendo gran parte de sus anunciantes, que se pasaban a la radio, creyeron que ésa era una linda oportunidad de devolver el golpe. Durante algunos días yo fui una combinación de Benedict Arnold y John Wilkes Booth. Pero la gente se reía a carcajadas y, muy pronto, los periódicos tuvieron que abandonar”.

Carlos López-Tapia

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