Comer de cine: La crema de calabaza de “Amanece que no es poco”

Comer de cine: La crema de calabaza de “Amanece que no es poco”

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Querido primo Teo:

Todo se ha puesto un poco loco por aquí. En apenas un par de semanas la política de nuestro país se ha puesto patas arriba. No es que antes la cosa estuviera muy bien, porque la verdad es que todo estaba impregnado de un tufillo a rancio imposible de tapar. Con la excusa de la crisis y de la herencia recibida de los predecesores se han aprobado innumerables recortes, no sólo en materia de presupuesto sino también de derechos fundamentales (que cuestan una pasta, como todo el mundo sabe). Todo mientras se hacen públicas mil y una tramas de corrupción que muestran que los que nos gobiernan (y sus familias, amigos, conocidos, etc…) no están por la labor de apretarse el cinturón. Y para colmo de males todos los intentos de hacer justicia son sofocados uno tras otro por las mismas personas que deberían defendernos. Así las cosas no es de extrañar que nuevas fuerzas políticas, que se han desmarcado de las posiciones clásicas, se hayan hecho un hueco importante entre una ciudadanía más que harta de ser la que paga el pato, ante la incredulidad y desconcierto de quienes ven peligrar su poltrona. ¿Alguien da más? Pues sí, porque nuestro amado y campechano monarca ha decidido que el peso de la corona ya es demasiado para él y le ha pasado la responsabilidad a su hijo, el preparado.

Pero por mucho que nos pueda sorprender este ambiente tan chano y macarrónico que se ha creado, ya sabemos que “Spain is different” (la famosa marca España) y hay quienes señalan que esto no es más que una consecuencia lógica de nuestra idiosincrasia, que a veces tiende a lo ridículo más de lo que debería. Nuestro cine refleja bien ese modo de ver la vida tan propio de nuestra tierra, incluso utilizaron esta diferenciación para promocionarlo. Tal vez esta sea la razón por la que se consume tan poco cine español, la vergüenza ajena de vernos a nosotros mismos reflejados en la pantalla. Pocas películas han reflejado la locura en la que se puede convertir nuestra rancia cultura como “Amanece que no es poco”. La historia de un padre y su hijo que viajan a un pequeño pueblito de la España profunda en el que cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. O quizás se parece más de lo que nos gustaría, y ese es el quid de la cuestión. Todos los tópicos de nuestra cultura se retuercen y exageran hasta lo inimaginable, como el jolgorio de la misa o la organización de los tiempos de bebercio para mayor rendimiento de los labradores. Todo se satiriza, incluso el proceso electoral, en el que no sólo se elige al alcalde, sino también, entre otros, a las adúlteras y al tonto del pueblo. Al menos estos no son esos cargos ininteligibles no se sabe ni para qué sirven.

De entre todas las escenas sin sentido que nos arrancan una carcajada una de las más míticas es la de un anciano labriego abriéndole su corazón a una calabaza con la que, según sus palabras, ha vivido grandes momentos. Yo había oído lo de apreciar los frutos de la tierra, pero eso me parece un poco exagerado. En mis manos, y en las de muchos cocinillas, el destino de una calabaza es bien distinto, una deliciosa crema que reconforta mucho más que la compañía de cualquier hortaliza. Uno de los platos más conocidos de nuestra gastronomía gracias a su delicioso sabor y lo poco que cuesta realizarla, es el entrante ideal. Así que aquí te traigo la receta que te ayudará a darle un final digno a tan ilustre verdura.

Vídeo

Ingredientes:

* 500 g de calabaza.

* 1 patata mediana o 2 pequeñas.

* 1 puerro, la parte blanca.

* Un par de zanahorias medianas.

* Aceite, agua, sal y pimienta.

Elaboración:

– Pelamos la calabaza, la limpiamos bien de pipas y la cortamos en cuadrados. Hacemos lo propio con las zanahorias, las patatas y el puerro.

– Ponemos a calentar una olla con un litro de agua con un chorro de aceite y sal y pimienta al gusto. Cuando empiece a hervir le agregamos las verduras y las dejamos cocinar a fuego medio hasta que estén tiernas, aproximadamente media hora.

– Trituramos bien todo el guiso hasta que quede una crema fina y sin grumos y rectificamos de sal, si hiciera falta. Si quieres que quede un poco más ligada y tersa le puedes agregar nata, pero esto le agrega bastantes calorías.

Anda que te lo he puesto fácil. Una receta tan sencilla como ésta admite innumerables variables, como rehogar las verduras antes de guisarlas, o añadirle pan frito, trozos de embutido, queso rallado, langostinos, algo de guindilla para darle un toque picante… A gusto del consumidor.

Puede ser que estemos atrapados en una espiral de costumbres rancias y sin sentido, pero, a diferencia de los usamericanos, tenemos una capacidad de autocrítica y de reírnos de nosotros mismos que nos permite ver nuestros fallos. Algún día desarrollaremos la capacidad de aprender de ellos y lograremos no repetirlos, y entonces sí que nos irá bien (espero que sea pronto). Mientras tanto tómate una relaxing cup of café con leche y disfruta de la parodia nacional. Hay veces en las que me encantaría poder hacer flashback, como en la película…

Tu prima.
Mohoja

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