Comer de cine: Los bollos de Santa Lucía de “Los hombres que no amaban a las mujeres”

Comer de cine: Los bollos de Santa Lucía de “Los hombres que no amaban a las mujeres”

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Querido primo Teo:

Navidad de nuevo, querido primo. Nos cabrea, sí, nos ponemos gruñones y nos quejamos más que el mismísimo Ebenezer Scrooge, pero al final todos caemos una año más bajo su embrujo. Y no creo que sea sólo por la presión social. Creo que, en el fondo, todos sabemos que si ya no hubiera más Navidades las acabaríamos echando de menos. Los regalos, las luces, el pasar tiempo con la familia (aunque sea por obligación), el comer más grasas saturadas que un esquimal, la Lotería de Navidad (con su bonito anuncio, como el de este año, que es memorable), las donaciones a obras de caridad (y todos tranquilos hasta el año que viene), etc…. Además, todo esto nos brinda el marco perfecto para otra tradición típica de estas fiestas, las pelis navideñas. ¿En qué otro contexto íbamos a ver si no “¡Qué bello es vivir!”? O “Arthur Christmas: Operación regalo”, o “Love actually”. ¿Qué sentido tendrían si no existiera la Navidad? Así que yo propongo que dejemos de luchar y nos unamos a la ola navideña, si sabemos esquivar sus cosas malas las buenas nos compensarán con creces.

Supongo que, en todo caso, siempre podríamos adoptar algún ritual alternativo. En nuestra tienda favorita de muebles, fundas nórdicas y baratijas varias llevan años tratando de acercarnos las Navidades a la sueca. El problema es que no hay pelis navideñas de Suecia, y así no hay forma de que los rituales calen en la gente. De hecho, la única peli reciente que destacaría es de lo más antinavideña, “Los hombres que no amaban a las mujeres”, la primera de la trilogía “Millennium” (en mi humilde opinión, la mejor de las tres), basada en los bestsellers del difunto Stieg Larsson (recientemente se ha anunciado que habrá cuarta novela). En ella se cuenta la historia de Lisbeth Salander, una muchacha fuerte y decidida que tuvo que tomar las riendas de su vida desde muy joven para superar sus terribles circunstancias, lo que forja en ella un carácter sociópata y de supervivencia. Sus encuentros con una serie de funcionarios corruptos sólo conseguirán afianzar sus ansias de ser libre, pero le resultará muy difícil librarse del peso de su pasado. El periodista Mikael Blomkvist, con quién coincidirá en la investigación de un antiguo crimen, se convertirá en su tabla de salvación. Oscura y sin miramientos a la hora de mostrar escenas crudas, no se puede decir que propague el espíritu navideño, pero nos acerca un poco a la forma de vida de aquel país.

¿Por qué será que siempre que te hablo de Navidad acabo haciendo referencia a historias oscuras y llenas de maldad? Lo que yo quería decirte es que en Suecia tienen otras costumbres para estas fechas, como el culto a Santa Lucía. Todos los 13 de Diciembre una chica vestida de blanco y con velas en la cabeza encarna a la Santa que, acompañada por su coro celestial (otros niños vestidos con túnicas blancas portando velas), canta villancicos y lleva luz y esperanza por las calles a los habitantes de un país en el que el invierno es bastante crudo. Y, por supuesto, un día tan especial tiene su manjar propio, los bollos de Santa Lucía, unos panecillos dulces cuyo ingrediente más característico es el azafrán, lo que les da un sabor y un color inconfundibles. Y para que no te tengas que ir tan lejos para probarlos (ni comprarlos envasados, que vete a saber lo que llevarán) aquí te traigo la receta.

Ingredientes:

* 500 gr de harina.

* 250 ml de leche tibia.

* 1 sobrecito (una cucharadita) de azafrán.

* 20 gr de levadura de panadero fresca.

* 100 gr de mantequilla sin sal derretida.

* 50 gr de azúcar.

* 1 pizca de sal.

* Pasas sultanas al gusto.

* 1 huevo batido para pintar.

Elaboración:

– Mezclamos bien la leche, la levadura y el azafrán hasta conseguir que la mezcla tenga un toco amarillento. Reservamos.

– En un bol ponemos la harina, sal, azúcar y las pasas y mezclamos bien. Hacemos un hueco en el centro y vertemos en él la leche y la mantequilla derretida.

– Con un tenedor, o con los dedos, vamos mezclando los ingredientes. Cuando la masa se vuelva más pesada la pasamos a una superficie plana enharinada y amasamos hasta conseguir una masa homogénea.

– Formamos una bola con la masa, la tapamos con un paño y la dejamos reposar hasta que doble su tamaño inicial.

– Cuando la masa haya aumentado de tamaño, la volvemos a amasar durante unos 10 minutos y, de nuevo, dejamos reposar, tapada, durante 30 minutos.

– Dividimos la masa en 12 porciones iguales, de unos 80 gr cada una. Puedes hacerlos más pequeños, si quieres, pero has de procurar que sean del mismo tamaño para que se cuezan de forma uniforme

– Les damos forma de cilindro a las porciones y luego enrollamos cada extremo en sentido contrario hasta obtener una forma similar a una S. Esta es la forma tradicional, pero podemos hacerlos de la forma que queramos. Los vamos colocando sobre una placa de horno.

– Cuando los tengamos todos pintamos cada uno de ellos con huevo y dejamos levar durante unos 30 minutos.

– Por último volvemos a pintar los dulces con huevo y les espolvoreamos un poco de azúcar por encima. Metemos al horno precalentado a unos 180º durante 20 o 25 minutos o hasta que estén bien dorados.

Y aquí los tienes, doraditos y esponjosos, listos para servir en nuestra mesa de Navidad alternativa. Es poco probable que Lisbeth Salander comiera muchos de estos cuando era niña, dada su triste vida, pero en Suecia son un manjar tan tradicional como lo es el turrón para nosotros.

Venidos directamente de la tradición de un país geográficamente cercano aunque culturalmente nos parezca muy alejado de nosotros. Lo que hace el cine, nos ha acercado una cultura foránea como la usamericana y nos hemos vuelto ciegos a costumbres más cercanas a nosotros, que siguen pareciéndonos exóticas en comparación.

Tu prima.
Mohoja

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