Conexión Oscar 2019: Festival de Toronto (VI): “First man”, “Roma”, “The sisters brothers” y “Green book”

Conexión Oscar 2019: Festival de Toronto (VI): “First man”, “Roma”, “The sisters brothers” y “Green book”

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (4 votos, media: 4,00 de 5)
Cargando…

Deja tu comentario >>

Querido Teo:

La sexta jornada del Festival de Toronto no ha podido venir más fuerte con las proyecciones de “First man” de Damien Chazelle, “Roma” de Alfonso Cuarón y “The sisters brothers” de Jacques Audiard que bien no es casualidad que vengan de la remesa de Venecia y se lancen una vez pasado ya el fin de semana de más notoriedad y fuerza del certamen y con premios desde el lido bajo el brazo. Toronto sí que se ha hecho con la premiere mundial de “Green book”, el salto al cine “serio”, pero sin abandonar la comedia, y en solitario de Peter Farrelly, conformando un exquisito divertimento.

Difícil lo tenía Damien Chazelle para seguir convenciendo tras estar en un absoluto pedestal con “La la land”, película por la que muchos (literalmente) quisieron ser enterrados en el cine en el que fue proyectada hace dos años en el certamen canadiense. El profeta lo ha vuelto a hacer y es que “First man” no cae en lo peor que le podría haber pasado, ser el clásico biopic de superación a través de la historia de todo un héroe americano como Neil Armstrong, el hombre que dio un gran paso para la humanidad desde la superficie lunar encabezando con esa operación espacial la posibilidad de recuperar la moral y la esperanza de todo un país en su poderío. Y es que muchos se temían que eso pudiera ocurrir ante los mimbres del proyecto que Chazelle logra hacer suyo siendo su película menos entretenida de ver, ya que no permite ese montaje ágil, dinámico y electrizante al que nos tiene acostumbrados, pero en la que sí que estamos ante la historia de un corriente usamericano en el que, como todos sus personajes, el empeño y obsesión le llevará a cumplir su sueño (o misión en este caso).

Lo que más le ha atraído de la historia a Damien Chazelle, y eso se nota, era adentrarse en el misterio que hay detrás de uno de los iconos del siglo XX, al ser el primer hombre en pisar la luna pero del que en cambio poco se conoce sobre su vida. Un retrato tan espectacular como íntimo del peaje de convertirse en un mito. El hombre detrás del ídolo en una historia sobre el sacrificio, la épica personal y la camaradería conformando un conjunto impecable en lo técnico (que saca pecho en la última media hora con la misión definitiva hacia la luna en ese 20 de Julio de 1969 pisándola tras cuatro días desde su lanzamiento) y emotivo por adentrarse en el drama familiar del personaje que en cierta manera todavía le da más motivos para centrarse con ahinco en su misión. En “First man” vemos a un Armstrong, que a pesar del necesario laconismo que le imprime Ryan Gosling, es un tipo que logra transmitir su sentido de responsabilidad y sacrificio por una empresa mayor. Una persona que no destaca por sus habilidades sociales pero sí por esa nobleza, empeño y profesionalidad que tanto valora y con la que pretende representar el concepto del “buen americano”. El profeta Chazelle rueda como pocos, y demuestra su dominio en una gran película de Estudio, e incluso se permite cierto detalle emocional cuando Armstrong está ya en la luna ante un cráter que termina de desatar toda la emoción contenida y que nos recuerda en cierta manera a la reciente “La llegada”.

Chazelle sabe contar historias, transmitirlas y, lo que es más importante, cerrarlas y darles el broche perfecto a su propuesta de sensaciones enarboladas por personajes de sueños quiméricos pero no imposibles, en su búsqueda de una serie de objetivos que, a pesar de las concesiones que implican, son su vía hacia la materialización de lo que ellos consideran que es la felicidad que anhelan. El director ha contado con su equipo habitual, con nombres como Justin Hurwitz en la música (una vez más de matrícula de honor), Linus Sandgren en la fotografía (contribuyendo a esa atmósfera opresiva en el espacio), Tom Cross en el montaje y Mary Zophres en el diseño de vestuario lo que da a la cinta sensación de empaque y de que todo encaja como debe sacando todo el jugo posible a la premisa del biopic con la que partía y no caer en acartonamientos del género, aunque ello implique menor riesgo y margen de maniobra. Aun así, como decimos, logra transmitir más de lo que se podía esperar con un Ryan Gosling sobrio pero efectivo, a pesar de que si bien está presente en todo momento en pantalla no tiene momentos de lucimiento de cara a la galería ya que todo es una evolución interior del mismo que, por otra parte, cumple con nota así como una Claire Foy que, al menos, tiene algo más de entidad que las habituales “mujeres de…” y un conjunto de actores como Corey Stoll, Jason Clarke, Kyle Chandler, Jon Bernthal, Ethan Embry, Brian d’Arcy y Patrick Fugit que conforman el resto de nombres relacionados con las distintas misiones de la NASA.

Cinco años después de la celebrada “Gravity”, y cuando parecía que Alfonso Cuarón no podía tocar mayor techo, ha vuelto para demostrar que tanto en la espectacularidad espacial como en el intimismo familiar y cotidiano es capaz de alcanzar las mayores cotas fruto de un talento que sólo los maestros tienen. Esos que pueden permitirse variar de géneros, estilos y temáticas con apabullante facilidad. Era poco previsible (pero seguramente necesario para él) que después de algo tan ambicioso y absorbente como “Gravity”, y mientras los mexicanos han seguido dominando con claridad el apartado de mejor director en los Oscar desde que Cuarón ganara el premio en 2013, el director rodara algo más pequeño y catártico en un proyecto muy personal para él que le lleva a sus orígenes, el de una colonia obrera del México de los 70 en la época en que era adolescente entre miserías, revueltas estudiantes y terremotos. Por todo ello la sorpresa ha sido doble con “Roma”, refrendada con las entusiastas críticas y premios que ya ha ido recibiendo como paso previo a su estreno en la plataforma Netflix, motivo de la disputa que impidió que la cinta estuviera en Cannes y que, por ello, los festivales de otoño encontrarán la oportunidad para hacerse con este mirlo blanco.

Cuarón nos lleva a la colonia que da título a la película a través de la historia de dos mujeres, Cleo (Yalitza Aparicio) y Adela (Nancy García), que sirven a una familia de clase media marcada por una madre (Marina de Tavira) que saca a los suyos adelante a pesar de tener un marido ausente. Un homenaje a una generación de mujeres con las que gente como Cuarón se criaron por aquella época en un país de relaciones familiares solidarias, vecinales y muy de piel. “Roma” ha provocado que todo lo que se hubiera dicho hasta el momento sobre ella sepa a poco. El discurrir natural con el día a día de la vida en un hermoso homenaje a México y a unas mujeres fieles, abnegadas y frágiles que al final como todos sólo precisan ser queridas. Y es que son ellas las que, a pesar de vivir como una más de esas familias, también tienen sus propias historias, problemas y situaciones en los que el desamor, la soledad o la muerte sobrevuelan en todo momento y son precisamente en esos en los que necesitan mayor necesidad de cobijo y en los que ni los distintos orígenes, religiones o condiciones sociales nos hacen diferentes a la hora de enfrentarnos con algunos de esos temas fundamentales de la vida.

Todo ello es lo que lleva a la cinta a emerger como un discurrir natural, ni cadencioso ni efectista, simplemente cotidiano con las peleas familiares del día a día, los celos entre hermanos, las ocurrencias de la abuela, viajes a la playa, la particularidad del vecindario o ese coche que nunca puede entrar a la primera en el garaje y que simboliza que el padre de familia ya ha llegado a casa. Todo ello termina germinando en varias subtramas, sustentada una de ellas en el empeño de la madre en sacar a su familia adelante, y enarbolando siempre la bandera de la sonrisa y la fuerza frente a los problemas, y la otra en el temor de Cleo a quedar desamparada ante una noticia inesperada que puede cambiarle la vida. Al final la película, casi sin darnos cuenta, y cerrando cabos en una modélica media hora final llena de naturismo y pasmosa facilidad en su sensibilidad narrativa, deja claro que en los grupos que formamos (sean familiares o no) es la unión y el amor el que hace la fuerza.

Una preciosidad fílmica la que se ha marcado el mexicano a la que sólo habrá que dejar reposar para admirar y apreciar más su grandeza con el tiempo pero en la que queda claro que Cuarón ha arriesgado y ganado con esta cinta a través de escenas tan naturales como duras, autenticas e inesperadas en las que la vida puede virar para siempre. Mucha curiosidad por ver como “Roma” supera todos los handicaps de la siempre azarosa carrera al Oscar. Son muchos para ella, tanto en estilo, nacionalidad forma y distribución, y desde luego un hipotético triunfo (pocas películas parece que vayan a superarla esta temporada a nivel de críticas) entraría en la Historia por muchos motivos. No obstante, es el año para que México pueda ganar al fin en película de habla no inglesa si se confirma la elección por su Academia.

“The sisters brothers” de Jacques Audiard es un western en clave de comedia negra y su primer proyecto en inglés siendo la adaptación de la novela de Patrick DeWitt que ha escrito junto a su habitual colaborador Thomas Bidegain. La historia de dos hermanos mercenarios contratados para asesinar a un buscador de oro en un viaje que les llevará de Oregón a San Francisco en 1851 aunque, al encontrarse con su teórica víctima, las tornas cambiarán cuando descubran sus verdaderas intenciones. Una cinta que funciona por su estilo desenfadado y genuino que rompe los cánones clásicos del género del western y en el que Audiard se aleja de esa densidad tan plomiza para, a pesar de las dificultades y distintos intereses de sus personajes, ser un festín bien armado recordando más a las desmitificaciones de Tarantino que a las propuestas clásicas del género sin renunciar a su espíritu. Aunque durante las dos horas no logra mantener el mismo grado de ritmo e interés, la cinta se eleva gracias al trabajo del cuarteto formado por Joaquin Phoenix, John C. Reilly, Jake Gyllenhaal y Riz Ahmed más la banda sonora de Alexandre Desplat que deriva en un final magistral y conmovedor.

Peter Farrelly se aleja de su hermano y de la comedia noventera gamberra y vuela solo con un tamiz más dramático y sobrio en “Green book”, cinta que también escribe y que ha sido uno de los estrenos mundiales que se ha marcado el festival. En ella un rudo italoamericano de clase trabajadora (Viggo Mortensen) se convierte en el chófer de un refinado pianista afroamericano (Mahershala Ali) en la década de 1960 en el sur de Estados Unidos para poder llevarlo a la gira de conciertos que tiene que llevar a cabo por tan distintas ciudades del país. Una buddy movie con sabor clásico pero llena de ingenio y buenos diálogos en esa road movie sobre una improbable amistad por la USA marcada por la música y la discriminación racial y social en la que los negros no podían utilizar la misma tela de los trajes para hombres blancos de la clase alta ni poder compartir urinarios, sólo por poner un par de ejemplos que quedan patentes en la cinta. Divertidísima, y sin ser nada original es tremendamente efectiva a la hora de poder funcionar tanto con crítica como público con todos los mimbres que tiene de su lado sobre un guión basado en una historia real escrita por el propio Farrelly junto a Brian Hayes Currie y Nick Vallelonga (hijo de uno de los personajes) y con Viggo Mortensen y Mahershala Ali sencillamente brillantes y carismáticos, el primero estando más divertido y desenfadado que nunca y el segundo siendo todo clase y ternura, recuperando también a la actriz Linda Cardellini.

“Green book” sería una buena candidata a quedar entre las tres finalistas del Premio del Público. Tanto en los pases de prensa como los de público la gente ha vibrado con ella en esta historia de unión, solidaridad y camaradería que casi funciona como fábula navideña. Una de las productoras es la mismísima Octavia Spencer y la gran baza es tener a Viggo Mortensen en ese simpático papel de italiano despreocupado y marrullero. Mahershala Ali se marca un personaje al que imprime mucha clase, como un dandy de movimientos atiplados y algo soberbios, pero que poco a poco se va abriendo y viajando emocionalmente a lo largo del metraje gracias a su relación con este compañero improvisado. Los dos actores deberían estar, al menos, en la carrera por el Oscar y mucha atención a un Mahershala Ali que podría repetir la nominación de actor de reparto ya que, a pesar de ser claro coprotagonista, las estrategias de los Estudios de cara a los Oscar llevarán a Mortensen a competir en principal y a Mahershala como “falso secundario”.

Nacho Gonzalo

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

  • Nombre
  • Correo Electronico
  • Comentario