Conexión Oscar 2020: Festival de Toronto (II): “Waves”, “I am woman”, “The friend” y “Los sonámbulos”

Conexión Oscar 2020: Festival de Toronto (II): “Waves”, “I am woman”, “The friend” y “Los sonámbulos”

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Querido Teo:

Segunda jornada del Festival de Toronto que ha llegado marcada por una película en concreto, “Waves”. La cinta de Trey Edward Shults venía con grandes opiniones del Festival de Telluride que no han hecho más que confirmarse en sus primeros pases en Toronto. También hemos podido ver el biopic de la cantante australiana Helen Reddy, “I am woman”, y otras dos apuestas como son la “indie” usamericana “The friend” de Gabriela Cowperthwaite y la argentina “Los sonámbulos”.

“Waves” se vendía como un musical adolescente pero primero tenemos que desmentir esto. La cinta de A24 es un melodrama que pivota en una familia afroamericana de clase media contando de fondo con una banda sonora de lista de Spotify así como los temas compuestos por Trent Reznor y Atticus Ross pero el que la cinta esté envuelta por música casi en todo momento, como ambientación de los sentimientos y desarrollo personal de cada uno de los personajes, no significa que tengamos que estar ante una muesca más en el renacido género. ¿Es “Waves” tan maravillosa e hipnótica como demoledora y tremendista? Si ¿Es un musical? Como hemos dicho que suene mucho Spotify no le convierte en eso. “Waves” es un drama sobre el amor adolescente, tan puro y reparador como imprevisible y doloroso. Toda una experiencia que arrolla a lo largo de un visionado que no deja indiferente ante una propuesta con mucha más hondura emocional y miga psicológica de la que se podría esperar para una tercera película de un director de sólo 31 años y que hasta ahora sólo había explorado el género de terror.

Las comparaciones con “Moonlight” o la serie “This is us” no son casuales por varios motivos, pero la cinta de Trey Edward Shults también entronca en su tono y coralidad simbólica con “Magnolia”, la genial obra de Paul Thomas Anderson de finales de los 90 ya que en la cinta que nos ocupa no se puede destacar a un protagonista por encima de los demás siendo sobre esa familia, compuesta por un matrimonio y dos hijos adolescentes (chico y chica), la que pivota la trama y las relaciones de todos ellos. “Waves” es larga e imperfecta, se gusta de la virguería de la puesta en escena de su director para elevar el estatus de lo que en definitiva es un melodrama familiar de pérdida, rabia, fricción y esperanza, pero la experiencia narrativa y visual no puede ser más rotunda con dos partes delimitadas, una centrada en el chico (Kelvin Harrison Jr.) y otro en su hermana (Taylor Russell). Y es que, sin entrar en detalles que irían en contra del descubrimiento del visionado, si en el primer caso asistimos a un amor desbocado que se enfrenta a la fatalidad del destino en el segundo se nos hace recuperar el aliento con una historia que aún nos hace creer en las personas y en la ternura de una relación incipiente con dos personas que poco a poco se van conociendo entre tonteos, atracción, química y, sobre todo, el hecho de necesitarse el uno al otro como tabla de salvación de un entorno familiar poco halagüeño.

Magnífico como siempre un Lucas Hedges que da aire en la segunda parte de la película a base de empatía y humanidad y unos padres (Sterling K. Brown y Renée Elise Goldsberry magistralmente medidos ante el torbellino emocional de sus personajes) que, en definitiva, son los que sufren los vaivenes de lo que viven sus hijos en ese momento de tropiezos, caídas necesarias y resurgimientos en los que ya pelean con la autonomía propia de la vida cuando se sale del nido. Es especialmente destacado como ambos actores han logrado en cine dos papeles que por fin les hacen justicia a un talento que el primero ha demostrado en televisión (ganando el Emmy por “American crime story: El asesinato de Gianni Versace” y “This is us”) y la segunda en teatro (se hizo con el Tony por su papel de Angelica Schuyler en “Hamilton”).

“Waves” es una película que te hunde para después sacarte a flote y con el oxígeno recuperado garantizar debate y reposo ante una realidad que apabulla pero que ante su riesgo también garantizará división logrando que todos los actores brillen en conjunto sin eclipsar a los demás en esta tragedia griega contemporánea que, a su vez, respira tanta verdad. Una cinta que no deja indiferente y que cae de pie a pesar de su ambición temática a la hora de contar algo tan complejo como el amor, el sacrificio y la comprensión de la familia y hacerlo con un equilibrio que lleva a que la historia no naufrague pudiendo ésta haber caído definitivamente en los brazos de lo telenovelero y lacrimógeno con algunas decisiones que se decantan por ello aunque, analizado en su conjunto, la película se revele como una perfecta radiografía de las dinámicas familiares de hoy en día siendo también muy definitorio ese carácter urbano que tiene  a la hora de mostrar cómo disfruta la juventud, qué vías de ocio y de comunicación tienen entre sí, y en el fondo lo solos que estamos todos a pesar de estar rodeados de tanta gente  a lo largo del día quedando siempre la familia pero también todas aquellas personas y situaciones que pasan por nuestra vida para hacerla mejor. Será interesante ver como trata la carrera de premios a este título que bien puede ser aupado por los críticos pero que en todo caso necesitará coger una fuerza muy importante para hacer lo que se espera de ella en los grandes premios bien pudiendo ocurrir que no hubiera término medio con ella y fuera ninguneada ante la magnitud y complejidad de estas olas de la vida que nos rompen, convulsionan y cambian de manera irremediable.

Muy disfrutable el biopic de la cantante australiana y activista de los derechos de las mujeres a través de su música y su vida “I am woman” que coge el título de la canción más representativa de su catálogo y fundamental de la música de los 60 y 70. Una manera de recuperar a una estrella olvidada a pesar de ser la primera cantante australiana en ganar un Grammy y al que le pone rostro y figura Tilda Cobham-Hervey, caracterizándola de una manera que se antoja real a la hora de mostrarnos a través de ella también el paso del tiempo y el cambio de rol que le lleva de ser una madre soltera sumisa, con una hija pequeña y que actúa de manera aficionada en garitos de su país de origen, a una mujer determinada, que se casa con el manager Jeff Wald y que entre los dos forman al icono y a una voz inspiradora todavía hoy para muchas mujeres con sus temas.

Un biopic de manual tan formulaico como modélico aprovechándose del atractivo que siempre tienen en pantalla estas historias conociendo al humano y tiovivos que hay detrás de la carrera de una estrella y, especialmente, el contexto de una época que pasa del machismo de los 60 al hecho de que la voz de las mujeres comenzara a ser escuchada con canciones símbolo como la que da título a la película o You´re my world. Muy convincentes en sus papeles Tilda Cobham-Hervey como Helen Reddy, Evan Peters como Jeff Wald y Danielle Macdonald como Lilian Roxon, amiga de la artista desde antes de serlo y afamada periodista musical. Quizás la cinta no encuentre distribución pero sólo por la potencia de escenas como la del alegato musical llevado en Washington en una marcha a favor de la legalización del aborto en 1989, con todas las mujeres asistentes cantando el reconocible tema de Reddy, la cinta vale la pena y va construyendo la emoción hasta el final.

La directora Gabriela Cowperthwaite ha presentado “The friend”, una cinta que abraza los cánones habituales del cine independiente USA que, a pesar de tratar temas importantes y dolorosos, lo hace con cierta patina de humor y encanto. Es ello lo que sustenta la relación de dos amigos que conviven juntos cuando la mujer de uno de ellos (una voluntariosa Dakota Johnson) padece un cáncer terminal por el que los médicos sólo le dan seis meses de vida y que lleva a que éste ayude a su mejor amigo en el día a día de la casa y el cuidado de las dos niñas para hacerles lo más llevaderos posible el trance. Una película que encierra cosas positivas pero que pierde fuerza y gana confusión por sus continuos saltos en el tiempo, entre antes y después de que le fuera a la mujer diagnosticada la enfermedad, y un pulso emocional difuso. Lo mejor de la cinta es el trabajo de Casey Affleck y Jason Segel como esos dos amigos que se enfrentan a un trance que, por otro lado, y él que lo haya padecido de alguna u otra manera, verá que el día a día y las fases de esperanza, pelea, resignación y duelo están muy bien mostradas. Una pena que la cinta no termine de trascender y se quede en una correcta apuesta sostenida por sus actores pero que tras verla no perdura.

Desde Argentina llega “Los sonámbulos” de Paula Hernández en la que los miembros de una familia coinciden en la casa familiar de verano entre secretos, traiciones y pasiones. Un escenario que siempre da mucho juego para que poco a poco los personajes que allí confluyen vayan sacando su verdadero “yo” al exterior. Es lo que ocurre en una cinta que juega con la metáfora del sonambulismo para indagar en lo que hay detrás de los personajes, especialmente una madre con un pasado que sabemos que está ahí y que queda intuido y su hija de 14 años, que empezará a sentir una serie de cosas entre reencuentros y oportunidades que no algunos no están dispuestos a desaprovechar quedando entre reproches, alcohol y sudor la sombra de que el lobo puede tener la piel de cordero y que muchas veces detrás de una sonrisa está una persona a la que no conocemos verdaderamente. La intriga, el misterio y el choque de caracteres que siempre tienen estas películas mantiene la cinta a flote hasta su explosión final y es que ya se sabe que cuando un número de personas se reúnen para pasar unos días de vacaciones, al menos en el cine, hay de todo menos tranquilidad. Una cinta que está protagonizada, entre otros, por Érica Rivas y Daniel Hendler y que mantienen el interés de una cinta estimable pero que, en verdad, ha sido contada en varias ocasiones con ejemplos recientes como el de “Todos lo saben” de Asghar Farhadi o “La casa de verano” de Valeria Bruni-Tedeschi.

Nacho Gonzalo

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