Conexión Oscar 2021: Festival de Toronto: "Lacci" y "Apples"

Conexión Oscar 2021: Festival de Toronto: "Lacci" y "Apples"

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Querido Teo:

Ya estamos en el Festival de Toronto con plataforma virtual mediante para la prensa acreditada. Este año son protagonistas la comodidad pero también los embargos, las ventanas de exhibición de 48 horas para poder ver el ramillete de películas que lanzan cada día y las restricciones geográficas. Todo además del ansía de, al no tener colas ni desplazarse entre pase y pase, de querer ver lo máximo posible pero el tiempo es limitado para ello. No veremos "El padre", "Ammonite", "Nomadland", "Falling" o "Bruised" ya que hay una serie de películas que por restricciones geográficas sólo las puede ver la prensa de USA y Canadá. Tampoco podremos comentar las películas que participan en San Sebastián pero, a pesar de todo, hay mucho cine interesante que comentar aunque este año sea sin la presión de los premios y lo que puede marcar el horizonte de los Oscar.

"Lacci" (Daniele Luchetti)

Recuerdos, culpas y traumas ante el declive de un matrimonio

“Lacci” fue la película inaugural del Festival de Venecia 2020 y simbólicamente también ha supuesto nuestra apertura de Toronto. La nueva cinta de Daniele Luchetti, responsable de títulos como “Mi hermano es hijo único”, “La nostra vita” y “La alegría de las pequeñas cosas”, sigue apostando por un cine tan costumbrista como melancólico a raíz de la desmembración de una pareja y de cómo eso afecta a sus hijos desde la infancia. “Lacci” nos lleva al Napolés y a la Roma de primeros de 1980 y al día a día de un matrimonio y sus dos hijos pequeños. Ella es profesora y él tiene un programa radiofónico en la RAI centrado en audiolibros y poemarios, pero todo se desmorona cuando él confiesa a su mujer que se ha acostado con una mujer más joven, compañera suya de trabajo, y que además se ha enamorado de ella. Un torrente de sensaciones, reproches y desilusiones se ven en la mirada de una mujer que ha cimentado su vida en él y los pequeños, dejando sus orígenes de lado, para formar una familia que ella creía sólida y sin fricciones, así como en unos hijos que desde sus inocentes ojos tienen que acostumbrarse a lo que supone vivir con sus padres separados repartiéndose el tiempo entre unos y otros.

“Lacci” tiene la efervescencia italiana que se nota en la forma de expresarse de sus personajes y en ese ambiente neorrealista y verbenero pero también pasional y dramático cuando la complicidad se ha marchado para no volver. El drama de una pareja rota ha sido contado muchas veces en el cine, desde “Kramer contra Kramer”, “Nader y Simin, una separación” o “Historia de un matrimonio”, pero pocas habían dado igual de importancia a las dos vertientes, tanto la de los adultos como los pequeños. Los primeros no tienen  tan fácil poner tierra de por medio, siempre haciendo concesiones aunque sólo sea por poder seguir viendo a sus hijos, mientras que los segundos, aunque se les ponga una coraza como protección emocional, estarán siempre marcado por este hecho tanto en su forma de ver la vida como en sus futuras relaciones. Quizás por eso la cinta se enfoca también desde una cierta rebeldía por parte de esos hijos que tienen en los objetos del hogar familiar, en unas fotos o en una pieza decorativa difícil de encajar, así como en las anécdotas del pasado, su principal recuerdo de una infancia deslucida y desilusionada por esa falta de seguridad y confort cuando el pequeño no siente su hogar estructurado en un momento clave para la configuración de la personalidad de cada uno.

Hay buenos mimbres en la película pero es una pena que la cinta no termine de encajar el fluir de las historias de los personajes, narradas en diferentes momentos a lo largo de 40 años, a pesar de que por separado hay conversaciones y momentos muy estimables permitiendo también el lucimiento de sus actores. No sólo la historia es poco novedosa, así como errática y repetitiva, sino que su desarrollo se presenta tosco y demasiado retórico, entre la fábula del recuerdo del pasado y la inevitable frustración del presente, lo que hace que la cinta reste puntos a pesar de los buenos trabajos de Luigi Lo Cascio y Alba Rohrwacher por un lado y Silvio Orlando y Laura Morante por otro, interpretando al matrimonio tanto en la década de los 80 como en la actualidad, así como la versión adulta de los hijos, a cargo de Adriano Giannini y Giovanna Mezzogiorno, en su vertiente más catártica. La brega marital por salir adelante, y ver si la culpa y la monotonía son suficientes losas para hacer descarrilar la relación o no, tiene más de concepto que de arco emocional lo que deja una sensación de oportunidad desaprovechada. Un melodrama en el que la mirada desconcertante y la rabia femenina se enfrentan al cliché masculino de abrazar la tentación a pesar de que eso suponga tirar el futuro por la borda dejando la curva de confianza por los suelos.

"Apples" (Christos Nikou)

Reconstruyendo la identidad

“Apples” es el debut en la dirección de Christos Nikou, director de segunda unidad de cintas como “Canino” (2009) o “Antes del anochecer” (2013). El sello de la nueva ola del cine griego queda presente en esta propuesta en la que se aborda como una extraña pandemia está provocando episodios de amnesia en un grupo de personas que les hace perder la realidad de quiénes son. Algo que desde las autoridades sanitarias les llevará a crear un programa de creación de nueva identidad para todos aquellos que no se sabe quiénes son y que, además, nadie les reclama. Es el caso de un hombre de mediana edad, Aris, que una noche se encuentra perdido en un autobús y sin documentación, siendo el mayor rasgo de su personalidad su querencia por las manzanas.

“Apples” es un retrato seco, sobrio y reflexivo no sólo sobre la soledad de nuestro tiempo, que nos lleva a ser desconocidos tanto para nosotros como para los demás siendo habitantes de unas ciudades en las que todo el mundo sigue su día a día sin interesarse por el otro, sino también por cómo la mente es caprichosa a la hora de enterrar el dolor, incluso agarrándonos como humanos a no querer recordar para no afrontar el duelo, la pérdida y, en definitiva, la verdad, tejiendo una realidad alternativa. En la película vemos al protagonista en una serie de situaciones cotidianas, tan cercanas como surrealistas, que serán pequeños retos para ir asumiendo una nueva personalidad y retratar los avances a través de fotografías.

Lo será redescubriendo algo que nunca se olvida como el ir en bicicleta, participando en una fiesta de disfraces, nadando en una piscina, frecuentando un club nocturno, viendo una película de terror en el cine como “La matanza de Texas”, o en una discoteca con el fin de bailar y pasar la noche con alguien tras tener sexo en el baño. Una evolución que no pretende ser más que un comportamiento alienado en base a protocolos grabados en cintas de cassette más que sentimientos, lo que le llevará a que sea precisamente en lo espontáneo en lo que encuentre la salida de su drama.

Una ópera prima sencilla pero muy inteligente y profunda, haciendo virtud con lo mínimo y tan desoladora como tierna en la que hay mucho de lirismo filosófico sin que en ningún momento sea pedante o excluyente para el espectador a pesar de su vena de autor. Siendo una apuesta de ritmo reposado y planos largos y estáticos, se aborda con solidez, con recursos simbólicos y también con banda sonora diegética, que va desde la música sacra como el Ave Maria, un tema de David Bowie o el más conocido twist de Chubby Checker, que nos lleva a ese mundo que vuelve a abrirse de nuevo para un tipo que sufre no sólo su soledad sino el hecho de perderse en un doble juego de identidades buscando un refugio que, quizás, sólo puede encontrar siendo él mismo más que queriendo ser otra persona.

Toda una sorpresa que se antoja, a pesar de su premisa tan genuina y heredera del primer Yorgos Lanthimos, muy propia de nuestro tiempo generando a pesar de cierta aspereza un alto valor empático en momentos tan simples como cuando pasa un examen en el que tiene que relacionar varias canciones con una serie de imágenes o cuando deja de lado unas manzanas que ha puesto en la bolsa de la compra por si eso puede suponer que recupere una memoria a la que su mente no tiene fuerzas de volver, empezando la película con el protagonista dándose cabezazos en la pared huyendo de algo que a lo largo de la cinta descubriremos que es. Una ópera prima fascinante que deja poso reflexionando sobre la condición humana.

Nacho Gonzalo

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