Conexión Oscar: Los 30 mejores actores de reparto ganadores del Oscar (Del 11 al 20)

Conexión Oscar: Los 30 mejores actores de reparto ganadores del Oscar (Del 11 al 20)

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Querido Teo:

Seguimos avanzando en nuestro listado de mejores interpretaciones en la categoría de actor de reparto y nos toca ir a la zona media de este particular Top 30 tras ya haber visto la anterior entrega.

20º Mark Rylance por “El puente de los espías” (2016)

El más reciente ganador en la categoría ocupa este buen puesto por volver a dar culto a la sobriedad interpretativa con el marchamo de la calidad actoral británica procedente de las tablas. Rylance fue un Oscar atípico ya que la Academia no se dejó llevar por otros nombres más conocidos (en un año bastante competido) pero se fue justos y objetivos premiando a un personaje resuelto con estoicismo y sorprendente y aparente facilidad por un actor curtido en las tablas shakesperianas y al que Steven Spielberg ya estaba intentado fichar desde los tiempos de “El imperio del sol”. Su primera colaboración no pudo ser más exitosa y sólo es el comienzo de una etapa profesional en conjunto aspirando a desbancar a Harrison Ford y Tom Hanks como actores con los que más veces ha contado el director. Rylance no necesita de grandes gestos ni abandonar su rostro de payaso tristón para, con poco, hacer lo destinado a los grandes. Cada frase, réplica o leve gesto sirve para ir conociendo a este espía ruso y también el cambio de paradigmas de los que le rodean en la época más tensa de las relaciones entre el capitalismo y el comunismo.

Mark Rylance no lo tuvo fácil ante el más efectista Christian Bale (“La gran apuesta”) y la nostalgia despertada por Sylvester Stallone (“Creed”). Ni ellos ni Mark Ruffalo (“Spotlight”) o Tom Hardy (“El renacido”) pudieron birlarle el Oscar a una interpretación que fue merecedora del premio con todos los honores y a la que no se puede poner un pero. Afortunadamente a veces se demuestra que los Oscar premian los mejores trabajos y no los más promocionados.

19º Burl Ives por “Horizontes de grandeza” (1959)

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Burl Ives fue un polifacético artista que no sólo destacó en el cine sino que exploró otras artes como la música, especialmente demostrando buenas dotes canoras para el country. Una figura que robaba la atención en la pantalla tanto por su corpulencia como por su innegable carisma de robaescenas. Sin tener una carrera especialmente larga sí que fue una opción habitual para figuras patriarcales y de autoridad como sheriff en más de un western. Aun así lo recordamos en “Al este del Edén” (1955) y, especialmente, como el padre del atormentado Paul Newman en “La gata sobre el tejado de zinc” (1959). Inexplicablemente no consiguió candidatura por este papel a pesar de las 6 nominaciones de la película.

Mejor suerte corrió con “Horizontes de grandeza”, una épica familiar y de ambición en la que Ives sobresalía en un reparto lleno de rostros conocidos. Entre sus rivales Theodore Bikel (“Fugitivos”), Lee J. Cobb (“Los hermanos Karamazov”), Arthur Kennedy (“Como un torrente”) y Gig Young (“Enséñame a querer”).

18º Barry Fitzgerald por “Siguiendo mi camino” (1945)

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Barry Fitzgerald es poseedor de una de esa anacronías de los Oscar que ahora sería imposible que ocurrieran. Nominado por el mismo trabajo tanto en la categoría protagonista como en la de reparto, todo en una época en el que las votaciones eran más espontáneas y menos teledirigidas por las promociones de las distribuidoras temerosas de tener a más de una opción en la categoría protagonista como se ha visto en propuestas como “Brokeback Mountain” o “Carol”. Entrañable el enfrentamiento de sacerdotes en esta cinta de Leo McCarey que bien podría haberse llevado el calificativo de “capriana” por ese tono de bonhomía y de valores pensando en un mundo mejor basado en la integridad del hombre.

Aunque participó en títulos antes y después como “La fiera de mi niña”, “¡Qué verde era mi valle!” o “El hombre tranquilo”, su estrella se fue apagando y a día de hoy es uno de esos secundarios a reivindicar algo olvidado de no ser por esta interpretación y por su consiguiente estatuilla. Tuvo que enfrentarse a Glifton Webb (“Laura”), seguramente la posible alternativa ese año, Claude Rains por (“El señor Skeffington”), Hume Cronyn (“La séptima cruz”) y Monty Woolley (“Desde que te fuiste”).

17º Jason Robards por “Todos los hombres del presidente” (1977)

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Icono periodístico en una interpretación de esas que se recuerdan de tanto en tanto por ser reverenciados referentes. No sólo porque “Todos los hombres del presidente” es tótem del subgénero sino porque también Robards daba vida a todo un símbolo del periodismo norteamericano como Ben Bradlee, editor de The Washington Post durante la investigación del caso Watergate que destaparon Bob Woodward y Carl Bernstein. Y es que no es casualidad que la interpretación de Michael Keaton en “Spotlight” (tanto por personaje como por la forma de encararlo) se comparara mucho con el interpretado por el que fuera marido de Lauren Bacall y actor fetiche de Eugene O´Neill.

Robards encarnaba con maestría a un viejo zorro del oficio, siempre con clara preferencia por los Kennedy y que protegió en su paraguas a esos jóvenes periodistas apasionados que destaparon el escándalo provocando la dimisión de Richard Nixon. Todo un personaje, inquieto, inteligente y que tuvo mucha influencia en determinados círculos de poder, además de tener muy claro que la mejor manera de ejercer buen periodismo de manera escrita era tener un buen jefe, que dejara hacer y que no hiciera demasiadas preguntas. Robards coronaba un gran equipo de secundarios completado con Jack Warden, Hal Holbrook y Ned Beatty, ganando la estatuilla frente precisamente a este último por “Network, un mundo implacable”, Burgess Meredith (“Rocky”), Burt Young (“Rocky”) y Laurence Olivier (“Marathon man”) en un año de grandes películas y nombres que marcaban a su época con cierta rebeldía e inconformismo frente a lo establecido confirmando cierto cambio de época y estilo frente al cine más clásico de los 50 y 60. Robards volvería a ganar el Oscar al año siguiente por “Julia”.

16º Peter Ustinov por “Espartaco” (1961)

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Otro ganador de 2 Oscar en esta categoría fue Peter Ustinov, aclamado artista multidisciplinar y bon vivant que encerraba para sí, además de una gran pasión por los placeres de la vida y por su vena políglota, lo mejor de la escuela británica cuando literalmente arrasó, como si fueran las llamas provocadas por Nerón en Roma, con su papel en “Quo Vadis” por el que recibió su primera nominación al Oscar. Su Léntulo Batiato de “Espartaco”, mercader de esclavos, es clave en la primera mitad de la película y atrapa para sí toda su atención en un gran reparto en el que Laurence Olivier y Charles Laughton confirmaban que había heredero en ese desgarbado y sudoroso personaje.

Ustinov no encontró excesiva competencia en Peter Falk (“El sindicato del crimen”), Jack Kruschen (“El apartamento”), Sal Mineo (“Éxodo”) y Chill Wills (“El álamo”). Cuatro años después llegaría un nuevo Oscar por “Topkapi”.

15º Gene Hackman por “Sin perdón” (1993)

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21 años después de ganar como protagonista por “The french connection”, Gene Hackman encontraba en el sheriff de “Sin perdón” una nueva baza de Oscar que materializó con premio. En este desmitificador western, que acuñó ya para siempre el término de crepuscular, se reverdecía el género (dándole un tono más sobrio y real más allá de la exitosa “Bailando con lobos”) y Hackman daba vida a un villano de manual, corrupto, pendenciero y con sed de sangre. Una pena que no hayamos podido disfrutar al actor en los últimos 15 años ante su voluntario retiro del que no le han hecho cambiar ni Clint Eastwoow ni Alexander Payne. Y es que por cintas como “Una jaula de grillos” o “Los Tenenbaums” podría haber vuelto a optar a la estatuilla. Hackman es uno de los grandes actores que ha dado el cine USA y esa escena final de venganza, redención y expiación ante la muerte es una de las mejores despedidas que puede tener un personaje que volvió a poner de moda lo de premiar a villanos de peso en esta categoría.

Gene Hackman se llevó el Oscar por delante de otros dos incontestables como Jack Nicholson (“Algunos hombres buenos”) y Al Pacino (“Glengarry Glen Ross”) que, frente a él, estaban más solventes que geniales completando el quinteto Jaye Davidson (“Juego de lágrimas”) y David Paymer (“El showman de los sábados”).

14º J.K. Simmons por “Whiplash” (2015)

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J.K. Simmons salió del anonimato gracias a su papel de “Whiplash”, siendo hasta ese momento el padre de “Juno” o el periodista de las películas de Spider-Man de Sam Raimi. En todo caso, el actor fetiche de Jason Reitman, y rostro popularizado por la televisión gracias a series como “Ley y orden”, “Oz” o “The closer”, no pudo hacer mejor inversión que apostando por un proyecto pequeño pero lleno de energía, la que imprime Damien Chazelle en todos los aspectos de la película encontrando en Simmons que lo da todo como ese entrenador musical con técnicas militares que crea uno de los personajes inolvidables de la Historia del cine reciente. Un Oscar que premia la forma de encarar un oficio, alejado de los focos y del glamour de las estrellas, apostando por el currante que vive por el amor y la dedicación a su profesión. Una interpretación magistral, que te encoge y te deja petrificado, y que, alejándose del arquetipo en el que podría haber caído, y la linealidad y reincidencia habitual, no prescinde de su momento redentor que en ningún caso se presenta como un pegote o una incongruencia.

J.K. Simmons tuvo como principal alternativo el comeback de Edward Norton (“Birdman”) pero arrasó en una carrera en la que el cambio de registro de Mark Ruffalo (“Foxcatcher”), la veteranía de Robert Duvall (“El juez”) y la naturalidad de Ethan Hawke (“Boyhood”) eran meros jarrones chinos.

13º Thomas Mitchell por “La diligencia” (1940)

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Thomas Mitchell fue uno de los secundarios más entrañables del cine USA potenciando su vis cómica con personajes de borrachín como en “La diligencia” o el inolvidable tío de George Bailey en “¡Qué bello es vivir!”. Precisamente por esa película le llegó la estatuilla dos años después de que fuera candidato en este apartado por “Huracán sobre la isla” en ese momento de popularidad fruto del personaje y de haber sido ese mismo año el padre de Scarlett O´Hara en “Lo que el viento se llevó”, siendo otros trabajos destacados “Sólo los ángeles tienen alas”, “Esmeralda la zíngara” o “Caballero sin espada”. Como curiosidad cabe destacar que Mitchell fue el primer nombre en ganar un Oscar, un Emmy y un Tony, lista a la que se acaba de unir esta misma semana Jessica Lange.

Mitchell se impuso a sus dos compañeros en “Caballero sin espada” (Claude Rains y Harry Carey) así como a Brian Aherne (“Juárez”) y Brian Donlevy (“Beau Geste”).

12º Christoph Waltz por “Malditos bastardos” (2010)

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Un personaje icónico y perdurable. Tarantino ha declarado más de una vez que Hans Landa es el mejor personaje que ha escrito nunca y que si no fuera por el talento y la vena políglota de Waltz no podría haber hecho la película. Waltz crea un personaje que aterra y encandila a partes iguales subiendo “Malditos bastardos” varios peldaños de calidad cuando él entra en escena. Incluso Brad Pitt pidió a Tarantino que potenciara el personaje de Waltz ante la demostración palpable de que él era el rey de la función. Y es que esa es el  mejor piropo que se puede lanzar a un actor de reparto que, en este caso, es más protagonista que otra cosa en los distintos episodios en lo que se divide la cinta.

Un austriaco que irrumpió con fuerza en el panorama internacional con una interpretación en la que destila carisma y frescura no interpretando al típico nazi, algo que supo ver en su momento el Festival de Cannes que le coronó como mejor actor como previo a su brutal dominio en la carrera de ese año en la que no hubo rival a pesar de tener ahí a Christopher Plummer (“La última estación”), Woody Harrelson (“The Messenger”), Matt Damon (“Invictus”) y Stanley Tucci (“The lovely bones”).

11º Denzel Washington por “Tiempos de gloria” (1990)

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Denzel Washington ha pasado de ser uno de los actores más populares de los 90 a ser el heredero en prestigio actoral afroamericano de Sidney Poitier del que recibió ese particular testigo el año en que Washington ganaba su segundo Oscar y Poitier recibía el tributo honorífico. Es el actor negro con más nominaciones (6) y el único en ganar más de una estatuilla. La primera llegó por la que era su segunda nominación tras la conseguida dos años atrás por su papel de activista rebelde en “Grita libertad”. En “Tiempos de gloria” nos adentramos en la Guerra de Secesión usamericana, aquella tantas veces vista en el cine pero reivindicando el papel de los soldados negros en el momento en que se aprobó una ley que permitía su reclutamiento en los ejércitos del Norte. Una cinta que era precursora de todas las que han venido después en los últimos años a la hora de narrar los distintos avances de la población negra en su integración como ciudadanos de ley dentro de la sociedad USA.

A pesar de la rutinaria puesta en escena de Edward Zwick, que en su momento tuvo como director un boom muy propio de los 90 y de ese estilo de hacer cine, la cinta tenía la suficiente dosis de emoción, épica e Historia para tener cierto éxito llegando incluso a alzarse con 3 Oscar (actor de reparto, fotografía y sonido). Martin Landau fue el mayor rival por su trabajo en “Delitos y faltas” compitiendo también Marlon Brando (“Una árida estación blanca”), Dan Aykroyd (“Paseando a Miss Daisy”) y Danny Aiello (“Haz lo que debas”).

Nacho Gonzalo

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