“Desayuno en Tiffany´s”

“Desayuno en Tiffany´s”

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El atractivo arrollador de Audrey Hepburn ocultó los muchos defectos de la película inspirada por este relato breve de Capote. El propio relato pasa a segundo plano ante la popularidad de “Desayuno con diamantes”. Esta nueva edición de “Desayuno en Tiffany’s” celebra los cincuenta años no del libro sino de la película. Permite practicar el juego de disfrutar de ambas cosas, y comprender que capote se sintiera traicionado, aunque fuera bien pagado.

Título: “Desayuno en Tiffany’s”

Autor: Truman Capote

Editorial: Anagrama

Nota de la Redacción: La mayoría de la obra de Capote ha sido trasladada al cine sin su colaboración, y entre las adaptaciones destaca en popularidad “Desayuno con diamantes” de Blake Edwards, en 1961, por lo mucho que se alejó de lo escrito por Capote dos años antes. «En realidad, el libro era bastante amargo, reconocía Capote años más tarde en una entrevista, y Holly Golightly era un personaje duro, para nada como Audrey Hepburn. Mi primera elección para interpretarla fue Marilyn Monroe. Me parecía perfecta para el papel. Holly debía tener un toque conmovedor, y Marilyn lo tenía. Pero los de la Paramount me engañaron y se lo dieron a Audrey». Capote también lamentaba que Hollywood hubiera convertido su historia tragicómica de una prostituta excéntrica de Manhattan en «una empalagosa postal de Nueva York».

La historia de Capote contiene ternura, pero es ácida e ingeniosa. Es fría al no juzgar a los personajes, pero cálida, compasiva, al describirlos. La película sustituyó la mordacidad y la sutileza de la novela por una exaltación de Nueva York, y la prostituta caprichosa, actriz fracasada antes incuso de llegar a serlo, se encarnó en Audrey Hepburn, la actriz más alejada posible del personaje ideado por Capote. “Leí el libro y me gustó mucho, comentó Audrey, pero me preocupaba no ser la persona adecuada para el papel. Me parecía que carecía del talante necesario para la comedia. Aquel papel requería un carácter extravertido, y yo soy introvertida. Sin embargo, todo el mundo insistió en que lo hiciera. Así pues, lo hice y sufrí en todo momento”.

En la adaptación a la pantalla los personajes sufrieron cambios tan importantes como el tono de la historia y su melancolía final, y Capote no quiso reconocer su historia en el resultado. Era natural que no reconociera el “biter” que había escrito, transformado por la pantalla en vino dulce. Desde el lluvioso final melancólico de la novela, convertido en llovizna de pasión amorosa con el acompañamiento lujoso de la música de Mancini, hasta la ligera perversión de la protagonista transformada en ingenuidad sorprendente y pícara, se combinaban para exhibir un derroche de vestidos, peinados y elegancia. El relato de Capote ofrece mucho más, tiene potencia suficiente a pesar de su brevedad para haber pasado por otras manos, de Wilder por ejemplo, y convertirse en clásico por mérito de la propia historia.

La revisión de relato y película, resulta un ejemplo difícil de mejorar sobre la relación entre la literatura y el cine popular. Mientras “Desayuno con diamantes” comenzaba con Audrey comiendo tras una larga noche, frente al escaparate de Tiffany’s, aquí está el comienzo escrito por Capote, que ofrece una idea del tono y estilo.

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El sorprendente personaje que aceptó interpretar Audrey Hepburn, el romanticismo imposible, su contenido atrevido, formaron un conjunto irresistible para el público de 1961. Atrajo a una nueva generación de espectadores en un momento en que Estados Unidos cambiaba a nuevas costumbres de comida y bebida, de aspiraciones sociales y económicas. Los antiguos cimientos empezaban a resquebrajarse. En “Desayuno con diamantes” no se ven las grietas. En “Desayuno en Tiffany’s”, si.

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Comentarios

daniel quenta - 15.01.2012 a las 21:01

una de las peliculas mas “romanticas” sin dejar de ser masculino (yo), que se hayan filmado .

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