“Detectives victorianas”

“Detectives victorianas”

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Hace algunos meses tuve la ocasión de entrevistar a Eva Grueso, una detective joven, de estatura media, esbelta y fibrosa, que pasa perfectamente por una chica corriente, a la que le es fácil alterar su imagen durante un seguimiento con unas gafas y una peluca sencilla. Al terminar el bachillerato entró de administrativa en una agencia de detectives; tiempo después se convertiría en la primera mujer que ha presidido a sus colegas durante siete años. De los cerca de 1.800 detectives registrados en España, 700 son mujeres, aún hay más hombres que mujeres porque el camino para ellas ha sido largo y difícil. La policía más adelantada en la Europa de principios del siglo XX, la británica, no contrató a una mujer como agente hasta 1918, la española hasta 1979, y aunque hoy haya cerca de 6.500 españolas en el oficio, se necesitará tiempo para equilibrar sexualmente al cuerpo al que muchos niños han soñado pertenecer desde hace un siglo. El tema de las mujeres investigadoras cae en mis manos a través de un libro recién publicado, “Detectives victorianas”, preparado por el recopilador Michael Sims para la famosa colección británica del pingüino.

Título: “Detectives victorianas”

Autor: Michael Sims (recopilador)

Editorial: Siruela

Cuando la reina Victoria se puso la corona al comenzar la década de 1830 Londres llevaba sólo ocho años viendo en sus calles a un nuevo personaje, alto, fornido, con sombrero de copa azul y frac. Iban armados con una porra de madera y unas esposas. Al principio llevaban una carraca para convocar a sus compañeros, pero abultaba demasiado, no hacía suficiente ruido, y se cambió por un silbato. Se trataba de aplicar la fuerza, todavía hoy se emplea ese concepto violento unido al de seguridad, no había lugar para damas, y sin embargo las detectives nacieron en la literatura unos cincuenta años antes de que a un funcionario se le pasara por la cabeza considerar aceptable un reglamento que abriera aquellas puertas tan masculinas que conducían al territorio del delito.

La imaginación de los autores anglosajones se adelantó y las mujeres detectives aparecieron a principios de 1860. El relato más extenso de esta antología es de 1864 y, al margen de la sensibilidad progresista de los autores que decidieron incluir mujeres, les venía muy bien. Una detective ofrecía posibilidades que no estaban disponibles para los hombres. A veces, a una detective le bastaba con permanecer callada y aprovechar la seguridad machista sobre la escasa inteligencia femenina. Una detective se fijaría en pistas distintas y se le abrirían puertas infranqueables para hombres. Podía disfrazarse y varias de las heroínas de esta antología recurren al disfraz: a Loveday Brooke se le da especialmente bien convertirse en doncella o gobernanta, lo que le permite vigilar en la intimidad.

En todos los casos elegidos por Michael Sims, y supongo que también en los descartados, el planteamiento resulta tan revolucionario para el lector victoriano que hay que apresurarse a explicar que la protagonista se ve obligada a ejercer una profesión tan poco femenina. Dorcas Dene comienza como actriz y entra en el mundo de la investigación sólo después de que su marido pintor pierda la vista y, con ella, la capacidad para mantenerla; Violet Strange, joven de mundo, necesita dinero para ayudar en secreto a una hermana repudiada; el marido de la señora Paschal muere y la deja en la ruina.

Los lectores podían disfrutar de una justificación para escandalizarse por estas transgresiones de las normas victorianas, al tratarse de esfuerzos heroicos para preservar la familia con todos sus valores dentro, incluida la hipocresía. La necesidad es una gran justificación como demuestra estos días en nuestras pantallas la serie “Chicas malas”, con tres madres de familia como protagonistas.

Lo mejor de esta serie de relatos victorianos es, tanto como la intriga, visitar aquel mundo en aceleración, sin tiempo para reflexionar sobre el cambio; muy parecido al actual, con una cara globalizadora y la correspondiente reacción nacionalista. La taza de te con el scoon de nata agria no es imprescindible, pero ya que nos ponemos….

Carlos López-Tapia

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