“Diarios (1660-1669)”

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Este libro pasó por las manos de Stephen Frears, Ettore Scola o Stanley Kubrick. Buscaban lo mismo. Una inspiración directa para llevar a la pantalla otra época. No hay forma de atravesar el siglo XVII, ya se trate de historiador o aficionado, sin tropezar con Pepys.

Título: “Diarios (1660-1669)”

Autor: Samuel Pepys

Editorial: Renacimiento

Aunque el británico Pepys, un londinense destacado entre los caballeros de la corte, hubiera sido el abuelo de “Barry Lyndon”, del Casanova de “La noche de Varennes”, o el bisabuelo del Valmont de “Las amistades peligrosas”, los directores aceptaron la posibilidad de alguna caída en el anacronismo a cambio de la frescura de Pepys.

En la lectura de esta extraordinaria ventana al pasado, hay cierto placer propio de un mirón. Pepys se expresa sobre aspectos que hoy chocan hasta provocar vergüenza; pero también se observan otros que permanecen vergonzosamente invariables 400 años más tarde. Sobrecoge la naturalidad en algunas entradas del diario. “Fui por la mañana a lo de Milord pero, como aún no se había despertado, fui a Charing Cross a ver ahorcar, arrastrar y descuartizar al mayor general Harrison, lo que así se hizo. El mayor general mostraba el mejor humor que pueda tener un hombre en semejantes circunstancias. Lo cortaron en pedazos, y su corazón y su cabeza fueron exhibidos. El pueblo dio grandes gritos de júbilo… fuimos a la Taberna de la Corona, George Vines me hizo subir a lo alto de la torrecilla, donde he visto las cabezas de Cook y Harrison, exhibidas cada una a un lado del Palacio de Westminster, en castigo a su traición. Desde allí podía verlas bien y admirar al mismo tiempo un hermoso panorama de los alrededores de Londres”.

Pepys tiene menos de 30 años cuando comienzan sus diarios, está casado con una joven de 22, a la que le es infiel siempre que le resulta posible, y no duda en contarlo. También procede con toda naturalidad a hablar de problemas en sus partes nobles, lo dice con todas las letras, dos siglos antes de que la Inglaterra victoriana se sonrojase con mentar un pantalón. Pepys vive el incendio que arrasó Londres en 1666 y dio paso a los perfiles de la ciudad que conocemos hoy; pero hasta ese acontecimiento se envuelve en comentarios de vida cotidiana, desde una comida a los precios de una falda para su esposa o el contenido de sus charlas: “Shere me habló largo y tendido de España. Me contó cómo allí cortejan a las mujeres dándoles serenatas y cómo los enamorados se encuentran en misa. Nunca un baile en la corte, una recepción por la noche. Parece un claustro; nada se mueve”.

La editorial añade nuevos materiales a esta edición ampliada de los diarios de Pepys, siempre siguiendo la traducción francesa de la obra. No se abusa de los comentarios y el resultado es una máquina del tiempo excelente para los que disfrutamos viajando sin esperar a la Enterprise de “Star Trek”.

Carlos López-Tapia

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