“Diez lecciones sobre los clásicos”

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¿Cine clásico? De las diversas explicaciones que se dan sobre el significado y uso de la palabra “clásico”, la más usada podría ser la derivada del ejército romano. Al formar las líneas de batalla, la de los “clasicus” la formaban los mejores legionarios, los que se reservaban para el mejor momento, el más adecuado para alcanzar la victoria. Siglos después se aplica a casi todo en casi cualquier cultura y ocasión, del cine a la alimentación.

Título: “Diez lecciones sobre los clásicos”

Autor: Piero Boitani

Editorial: Alianza

Se cree que el sentido “moderno” de clásico se remonta al escritor romano Aulo Gelio, autor de las “Noches áticas” en el siglo II, con el Imperio a plena potencia, cuando se extiende la ciudadanía a todo el territorio, ofreciendo algunos derechos a cambio de muchos impuestos. Gelio dice que «clásico» quiere decir escritor «de clase», por contraposición a escritor «proletario». Según Quintiliano, el primer canon griego y latino, incluye a Homero, Hesíodo, Píndaro, Simónides y Calímaco, los trágicos y los comediógrafos, los historiadores, los oradores y los filósofos, por parte griega; por parte latina, Virgilio y, entre otros, Ennio, Lucrecio, Ovidio, Horacio, los trágicos, los comediógrafos, los historiadores, los oradores y los filósofos (entre los cuales están Cicerón y Séneca). Después de casi 2.000 años, los clásicos de Quintiliano son todavía los nuestros.

En Diciembre de 1423, el humanista Giovanni Aurispa regresó a Venecia, procedente de Constantinopla, con 238 manuscritos que comprendían la mayor parte de la literatura griega que conocemos y “Las siete tragedias” de Sófocles. Muchas generaciones de estudiantes de griego odiaron cordialmente a este tipo, en buena parte porque los políticos de la enseñanza siguen sin comprender la estupidez que supone someter a estos textos a mentes demasiado jóvenes para poder aceptar su trascendencia. Esto equivale a tratar de aficionar al cine a un bosquimano con una película de Lars Von Trier. El resultado de la tontería es el rechazo; en el mejor de los casos un respeto reverente y alejado. Claro que muchos profesores saben esto de sobra, pero la corriente intelectual de intocabilidad hacia los clásicos es su mayor fuerza.

Solo la madurez intelectual, que no alcanza ni mucho menos todo el mundo, permite superar el “milagro” que significó que, en el tiempo de dos generaciones, casi de repente, en el siglo V a. C., al mismo tiempo en Grecia nacieran la Historia, la Filosofía, la democracia, la tragedia y la justicia, precedidas en poco tiempo por la lírica, que sustituye el “nosotros” por el “yo”. Como señala Piero Boitani: “No siempre se trata de partos indoloros: el conocimiento, como atestiguan Prometeo, Edipo y Sócrates, nace de la tragedia, con el sufrimiento y la muerte”.

Con el tiempo, el canon fue engordando hasta alcanzar un estatus supranacional de «clásicos» con escritores del calibre de Dante, Shakespeare, Cervantes y Goethe. Luego obras y autores chinos, indios, persas y árabes, y, poco a poco, los procedentes de países colonizados por los europeos. Finalmente, a partir de Goethe, que inventa el término, toma forma la Weltliteratur, la literatura mundial o universal, que paulatinamente va adquiriendo sus clásicos hasta hoy mismo.

Este profesor y divulgador italiano que se mueve entre Lugano, Bolonia y Roma, se ha limitado a los clásicos por excelencia, los primeros, los de la Antigüedad, comenzando con “la Ilíada” y terminando con Ovidio y su “La metamorfosis”.

Una peculiaridad que hace de este libro algo diferente es que nació como radio: “El mayor reto estaba en el propio medio. Hablar en la radio no permite argumentaciones académicas, no debe ser una expresión insípida, sino clara y partícipe; hay que utilizar citas amplias de los autores tratados y leer los párrafos con sentido y pasión. Nunca, creo yo, se debe leer un texto preparado, como si se tratara de un comunicado de la Casa Blanca. Hay que improvisar y conversar a partir de unos apuntes. Los diez capítulos sobre los clásicos que la RSI puso en las ondas, están disponibles, a mi nombre, en el sitio cumplen esos requisitos”.

Descubrir un clásico olvidado desde la adolescencia, puede ser una sorpresa inesperada. Este libro lo demuestra.

Carlos López-Tapia

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